Las Micorrizas y sus vecinos del suelo: Una historia de amor y odio

Escrito por Ricardo Aguilar Aguilar y Yazmín Carreón Abud

La historia de los hongos micorrícicos (HMA) y sus relaciones más estrechas con otros organismos que viven en el suelo, está plagada de emocionantes aventuras, bondades, maldad y ciencia, así como de sorprendentes beneficios para las plantas.  Es por eso, que es una historia que merece ser contada, como una increíble historia de amor y de odio, a la luz de este tema lleno de maravillas.

Los protagonistas

Los HMA son microrganismos benéficos que habitan en el suelo y que se asocian con las raíces de las plantas, para promover el intercambio de nutrientes y mantenerlas saludables y vigorosas. A su vez, los hongos reciben “comida” de parte de la planta en forma de carbohidratos o azúcares, productos de su fotosíntesis.

 

La vecindad como escenario y sus actores

Estos hongos habitan en una vecindad, llamada rizósfera, que es el espacio próximo a la raíz, y que está constituido por un gran número de exudados que produce la planta, que son benéficos para los HMA y que a su vez conviven, además, con un conjunto de inquilinos que también habitan en el mismo lugar, a los cuales también brindan ayuda en forma de moléculas, que son ricas en energía y compuestos orgánicos, listos para ser también la “comida” de dichos inquilinos.

Uno de los principales habitantes que convive con los HMA son las bacterias, que a su vez ayudan a los hongos, estimulando la germinación de sus esporas, debido a los compuestos que ellas mismas producen, y que incluso pueden asociarse con la superficie de la espora de los hongos para encontrar un lugar en donde vivir.

Otras bacterias producen compuestos activos biológicamente, tales como vitaminas, antibióticos y reguladores de crecimiento.  Esto es importante para la ecología de los HMA, debido a que, como ya se mencionó, el crecimiento de sus hifas puede ser afectado por estos compuestos.

Las bacterias solubilizadoras de fósforo, pueden mejorar las condiciones de crecimiento de las plantas y simultáneamente con los HMA, pueden potencializar la captación del fósforo en suelos con deficiencia de ese elemento.  Esto sería un ejemplo de historia de amor por la cooperación entre los microrganismos, como una relación benéfica, que cae en la fantasía secreta sobre la funcionalidad de los ecosistemas.

Así como conviven con bacterias del suelo, también conviven e interactúan con hongos saprófitos que pueden clasificarse dentro de otros grupos, pero su interacción con los HMA se enfoca desde el punto de vista del parasitismo o patogenicidad (relación negativa). Es un ejemplo de historia de odio, ya que los hongos saprófitos afectan la germinación de las esporas de los HMA, por lo que el porcentaje de germinación de sus esporas, decrece considerablemente.

 Algunos hongos saprófitos producen etileno, un regulador de crecimiento capaz de estimular o inhibir el crecimiento de las hifas de los HMA, según sean sus concentraciones, altas o bajas respectivamente. 

Otro tipo de interacción o convivencia se presenta con los actinomicetos que son un representante muy importante de la vecindad.  Existen diversos reportes de que la germinación de las esporas aumenta cuando están presentes los actinomicetos como vecinos de los HMA, debido a que producen una serie de compuesto volátiles. Así mismo, las levaduras del suelo son otros moradores muy importantes de la rizósfera, habitantes cercanos a los HMA, puesto que la mayoría de las levaduras del suelo son solubilizadoras de fósforo y pueden incrementar la toma del mismo por las plantas, de la misma manera que lo hacen las bacterias y algunos otros hongos saprófitos.

 

Pero no todo es de color de rosa ¡Historia solo de odio!

No siempre las interacciones de los HMA con sus vecinos más cercanos son benéficas, también existen los vecinos “incómodos, ruidosos y agresivos”, como son algunos hongos micoparásitos, que atacan a las esporas y a las hifas de los HMA, y tienen relaciones negativas y dañinas con ellos.  Son tan malévolos que realizan un ataque a los HMA, haciendo que se reduzca considerablemente la cantidad de propágulos o esporas, de estos hongos benéficos.

Otros aún son “más malos”, ya que pueden penetrar la pared de las esporas de los HMA, causando un rompimiento o lisis de ellas, y por lo tanto destruir la célula hospedera. Por si esto no fuera poco, puede finalmente llegar otro hongo perverso y vivir sobre la pared celular moribunda.

 

Increíble lo que sucede en la rizósfera entre

los HMA y microorganismos vecinos…

¡Una historia de amor y odio!

 

 

 Para Saber Más:

Andrade-Torres A. (2010). Micorrizas: antigua interacción entre plantas y hongos. Ciencia, oct.-dic.:84-90.

https://www.revistaciencia.amc.edu.mx/images/revista/61_4/PDF/11_MICORRIZAS.pdf

 

Sarabia-Ochoa M., Madrigal-Pedraza R., Martínez-Trujillo M. y Carreón-Abud Y. (2010). Plantas, hongos micorrízicos y bacterias: su compleja red de interacciones. Biológicas, 12(1):65-71.

https://www.academia.edu/12901051/Plantas_hongos_micorr%C3%ADzicos_y_bacterias_su_compleja_red_de_interacciones?auto=download

 

Carreón-Abud Y. (2013). Beneficios de los hongos micorrícicos arbusculares en la agricultura. Saber Más, 12:4-5.

https://www.sabermas.umich.mx/archivo/articulos/90-numero-12/178-beneficios-de-los-hongos-micorricicos-arbusculares-en-la-agricultura.html

 

M.C. Ricardo Aguilar Aguilar, es estudiante del Programa Institucional de Doctorado en Ciencias en la Opción de Conservación y Manejo de Recursos Naturales.

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D.C. Yazmín Carreón Abud, es profesora investigadora, ambos de la Facultad de Biología de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.

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