Pensar como hongo

Escrito por Silvia Margarita Carrillo Saucedo

Los invito a hacer un ejercicio y abrir nuestras mentes a la posibilidad de ser un hongo. Puede ser uno muy conocido como un champiñón, uno microscópico como una levadura, uno que crece en asociación con bacterias como un líquen, una deliciosa y costosa trufa o uno que está unido íntimamente con la raíz de una planta, una micorriza. Sean el hongo que más les llame la atención.

Al imaginarnos como organismos distintos a una planta o un animal, se nos presentan las primeras complicaciones, la más importante, ¿qué es ser un hongo? Y luego, viene otro problema, el antropomorfismo, como seres humanos tenemos un marco de referencia de lo que es ser y comenzamos a darle a los hongos conductas humanas, y no es que esté mal, porque es la manera en que percibimos la realidad y somos humanos. El biólogo evolutivo Richard Lewontin, dice que usamos las metáforas y analogías como un intento por explicar fenómenos que como seres humanos no podemos experimentar directamente. Sin embargo, podemos cambiar esta manera de pensar y tratar de entender la vida de los otros en sus propios términos. A esto nos invita Merlin Sheldrake, autor de La red oculta de la vida (Editorial GeoPlaneta, Traductor: Ton Gras Cardona).

A través de la lectura de este libro podremos adentrarnos en la vida profunda de estos fantásticos seres, que no son plantas ni animales, son hongos que han cautivado a los seres humanos desde tiempos inmemoriales. El libro se divide en ocho capítulos escritos con una prosa apasionante y desbordante, donde el autor deja sus impresiones y se deja llevar por el ejercicio nada fácil de «pensar como hongo». Y sí, es un libro de divulgación científica sobre hongos, pero escrito de tal manera que parece una historia de ciencia ficción, en la que además vemos la creatividad con la cual se desarrollan experimentos para tratar de entender un poco más esta «red oculta».

Al leer estas páginas nos convertimos en buscadores de trufas: Para esto utilizamos el sentido del olfato y descubrimos el complejo lenguaje químico de este grupo particular de hongos. Posteriormente, viajamos a través de kilómetros del micelio, ese tejido que desafía nuestra imaginación, y nos encontramos con la disyuntiva de hacia dónde ir a través de un laberinto de hifas que van resolviendo los problemas de movilidad e interconexión del suelo. Seguimos enmarañándonos en este entramado de hifas y descubrimos la simbiosis, ese concepto muy humano y en boga, pero en el que los hongos llevan, literalmente, millones de años practicándose y son expertos en llevarla a cabo bajo sus reglas y su muy peculiar estilo. Luego, nos convertimos en zombies y descubrimos con terror la manera en que ciertos hongos controlan el comportamiento de las hormigas, pero nos quedamos con la duda de si los hongos, de alguna manera, nos controlan a nosotros también. Y así, nos vamos dando cuenta a través de este viaje, que los hongos han estado presentes en nuestro planeta desde mucho antes que nosotros, que lo han moldeado y que además tienen esa capacidad tan bonita de regenerarlo, lo cual da una esperanza para la crisis ambiental que estamos viviendo.

En fin, ya les estoy poniendo mis pensamientos humanos a estos extraordinarios seres que lo único que hacen es ser ellos, ser hongos. Así que los invito a leer La red oculta de la vida, a fascinarse como yo con estos relatos bien documentados y a pensar como hongo.

 

Acerca del autor

Melvin Sheldrake es un científico con imaginación de poeta que escribió este libro a partir de su experiencia en el mundo de los hongos. Durante sus estudios de doctorado, en Panamá, analizó una planta que no hace fotosíntesis, la Voyria tenella. A través de sus estudios descubrió que esta planta utiliza la red micorrízica bajo el suelo como un canal para obtener carbono y otros nutrientes. Lo interesante de este trabajo, es que la presencia de esta planta en el bosque es indicadora de que las asociaciones micorrízicas están activas.

Por otra parte, es un científico que le gusta experimentar, obviamente con hongos, cultiva sus propias levaduras para la fabricación de bebidas alcohólicas de autoconsumo, toca el piano y compone inspirado en estos fantásticos seres y, cada vez, se parece más a los organismos que tanto ama.

 

Silvia Margarita Carrillo Saucedo, Investigador posdoctoral CONACyT, Laboratorio de Microbiónica de la Escuela Nacional de Estudios Superiores UNAM, Campus Morelia.

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