La chica salvaje

Escrito por Horacio Cano Camacho

Hay muchos territorios que, si aplicamos un enfoque estrictamente utilitario, tienen un escaso valor. No se puede cultivar en ellos, sea por que se inundan o, al contrario, carecen de agua. Hay vastos territorios de este tipo. Los desiertos representan el 25% de la superficie terrestre, mientras que los humedales representan el 6.4% de la misma. De seguir este criterio, resulta que más del 30% de la tierra ¡no es útil!, esto es una extensión de terreno que ocuparía a Europa; cerca de 6 millones de kilómetros cuadrados… de estas ideas han surgido iniciativas de modificarlos artificialmente, hacer florecer al desierto o secar a los humedales…

Por fortuna esta idea de “lo útil” está cambiando. Ahora sabemos que estos ambientes bullen de vida y cumplen funciones fundamentales para la estabilidad del planeta. Ni los desiertos son desiertos, ni los humedales son simples tierras inundadas.

Hablemos de los humedales, porque el libro que ahora recomendamos se centra en uno de estos sistemas naturales. Un humedal es un sistema natural o artificial de agua dulce, salada o la mezcla de ambas, que existen de manera temporal (charcas) o permanente (lagos, ríos, lagunas, marismas…). Se definen como “extensiones de marismas, pantanos y turberas cuya superficie está cubierta de agua…, incluidas las extensiones marinas cuya profundidad en marea baja no exceda de seis metros”. Ocupan una gran diversidad de hábitats y ecosistemas. Se han registrado cerca de 2000 humedales en todo el planeta, con una superficie de 190 millones de hectáreas.

Los humedales son zonas muy importantes por su enorme valor biológico y social. Sus hábitats acogen un porcentaje muy significativo de la diversidad biológica del planeta, jugando un papel clave en la regulación de los regímenes hídricos. Son importantes así mismo como sumideros de gases de efecto invernadero, además de albergar un rico patrimonio cultural y de ofrecer usos recreativos tales como la pesca, la observación de aves y otros animales y la extracción de materiales diversos, como la turba.

Durante siglos se ha considerado a los humedales como zonas insalubres e improductivas, por lo que muchos de ellos están siendo desecados por “motivos sanitarios”, por su potencialidad para el uso agrícola e incluso, como en las costas mexicanas, para construir hoteles y campos de golf…

Este largo preámbulo es para presentar una novela que centra su historia en las marismas de Carolina del Norte. Una marisma es un terreno pantanoso situado por debajo del nivel del mar y que ha sido invadido por el agua del mar que al mezclarse con el agua dulce produce agua salobre. En este espacio se desarrolla la historia de Kya Clark…

Delia Owens, zoóloga y etóloga de profesión, publicó ésta, su primera novela, a la edad de 70 años. Este libro se ha convertido en todo un fenómeno editorial con más de tres millones de libros vendidos solo en los Estados Unidos.

En español, fue presentado hace unos días con el nombre de La chica salvaje y el título original en inglés es el de “Donde cantan los cangrejos” o Where the crawdads sings (La chica salvaje, Ático de los libros, Barcelona 2019, ISBN 9788417743383).

Kya tiene apenas siete años cuando es abandonada por su madre y poco después por sus hermanos, quienes huyen de un padre violento y abusivo. Kya queda en la soledad con un padre alcohólico, quien también le abandona al poco tiempo. Debe sobrevivir sola y aislada en las marismas de Barkley Cove, un pueblo pequeño de pescadores en Carolina del Norte.

Kya permanece gracias a su capacidad y conocimiento del mundo que le rodea y con el apoyo de unas pocas personas marginales, como ella.

La naturaleza se convierte en su única acompañante y su mejor maestra en un medio donde la sobrevivencia es una virtud de quienes luchan y aprenden. La gente del pueblo, a pesar de conocer su historia, la rechaza por prejuicios clasistas y raciales y contribuye a su aislamiento.

La novela va narrando su crecimiento y su vínculo con la naturaleza, mientras paralelamente nos narra el descubrimiento de un cádaver de un joven -este sí- respetado en el pueblo. Un hecho terrible que es rapidamente atribuido a la chica salvaje, que de esta manera deberá enfrentarse, sola ahora, a un medio probablemente más agresivo que la marisma, lleno de prejuicios y violencia. De manera que nos sumergimos en dos historias que van convergiendo: el crecimeinto de Kya y el misterio del crimen.

La chica salvaje es un canto a la naturaleza. Una defensa apasionada de un medio que nos afanamos en destruir. Kya nos lo va mostrando en toda su complejidad y diversidad y nos hace amarlo y respetarlo. Es una novela preciosa y mediante una historia conmovedora nos va planteando la interrogante ¿Qué es más salvaje, la naturaleza o la sociedad que no lo comprende?

Delia Owens es una naturalista y a cada página  se hace patente su conocimiento del medio y la preocupación por su destino. Pero lo hace de una manera muy sutil y emotiva, casi como un texto de divulgación científica. Y como buena narradora, nos atrapa y provoca en el lector montones de preguntas y las ganas de saber más de estos ecosistemas y su enorme fragilidad. Lo recomeindo ampliamente, como historia vertiginosa y como libro de divulgación…

 

Horacio Cano Camacho, Profesor Investigador del Centro Multidisciplinario de Estudios en Biotecnología y Jefe del Departamento de Comunicación de la Ciencia de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.

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