Para toda la humanidad

Escrito por Horacio Cano Camacho

La exploración del espacio exterior siempre es un tema apasionante que aparece recurrentemente en el cine, la literatura, incluso en muchas reflexiones científicas, tecnológicas y filosóficas. Por supuesto, es un tema que divide a los interesados, ya que para unos es indispensable, mientras que para otros es un gasto innecesario. Alguien dijo por allí que la humanidad nace y vive durante mucho tiempo en una cuna, pero acaba abandonándola en algún momento y es inevitable, pero por lo pronto es una arena de competencia tecnológica, científica, económica y política.

La recomendación de hoy tiene que ver con la «conquista» del espacio y algunos de sus aspectos más rasposos que se mezclan con los de gloria, dificultando muchas veces distinguirlos. AppleTv+ poco a poco está haciéndose un hueco en el mundo de la televisión bajo demanda y hace dos años presentó la serie For all mankind (Para toda la humanidad), una ucronía muy interesante sobre la exploración y la carrera espacial.

Terminada la Segunda Guerra Mundial, las potencias ganadoras se prepararon para enfrentarse entre ellas. Para esto hicieron cosas muy siniestras, por ejemplo, desarrollo de armas muy potentes para exterminar al «enemigo», sistemas de observación para adelantarse al otro y pequeñas guerras donde los que se morían eran siempre otros. Este enfrentamiento soterrado, pero constante, llevó a lo que conocemos como la «guerra fría»; no se peleaban en la superficie, pero por debajo se daban con todo.

Pero uno no puede, al inicio, justificar un gasto enorme en defensa si no se está en guerra, de manera que se echó a andar una maquinaria de propaganda que justificaba el desarrollo e investigación de armas con el pretexto del conocimiento científico. Así entramos en la carrera espacial. Quien gane esta carrera, no solo saldrá con artefactos más adecuados para adelantarse al otro, sino que triunfará en una guerra ideológica que demostrará qué sistema es el mejor.

Vamos a ver. Una ucronía es un género que maneja la reconstrucción de la historia sobre datos hipotéticos: ¿Qué pasaría si este resultado o este suceso, hubieran sido diferentes? Una ucronía muy famosa e interesante es la de Philip K. Dick sobre el resultado de la Segunda Guerra Mundial en The Man in the High Castle (El hombre en el castillo), novela donde se parte de la hipótesis de que nazis y japoneses ganaron la guerra. ¿Cómo sería el mundo? Él imagina un Estados Unidos (EE. UU.) bajo el dominio nazi. Se las recomiendo mucho.

En For all mankind, Ronald D. Moore, Matt Wolpert y Ben Nedivi, director y guionistas, imaginan que la Unión Soviética ganó la carrera espacial, más no la gruerra fría. Desde un inicio, el alumno más espabilado de la clase en la carrera espacial resultó ser la Unión Soviética (URSS) y fue ganando paso a paso: Primer artefacto humano fuera de la tierra y por lo tanto primera nave capaz de transportarlo hasta allí, primer ser vivo en viajar (y morir) en el espacio, primer hombre en el espacio, primera mujer en el espacio, primera estación espacial, primer… La URSS se adelantaba a cada nuevo reto y desarrollaba mejores instrumentos, por lo tanto, la ventaja potencial en armas e ideología estaba de su lado.

En EE. UU. —el otro contendiente en la guerra fría—, analizaban cada nueva cubetada de agua que les llegaba de su enemigo. Y había dos clases de explicaciones, una para consumo de las masas y otra, real, objetiva. Hacia el pueblo norteamericano la respuesta era muy sencilla: no es que sean más listos, es que tienen mejores espías y roban nuestros desarrollos. Para reafirmarlo emprendieron una verdadera cacería de brujas. Le «probaron» al pueblo que el enemigo estaba metido hasta en la sopa y, de paso, se deshicieron de su propios ciudadanos incómodos acusándolos de espías y traidores a la patria. Es exactamente lo mismo que están haciendo ahora con la vacuna Sputnik V, el origen «chino» del virus del Covid-19 y la propia carrera por el dominio del G5 y el enfrentamiento con Huawei, la carrera espacial, las pilas y electrónicas chinas, y hasta los europeos lo hacen con la vacuna de su «enemigo» británico.

El nombre mismo de la serie, Para toda la humanidad, refleja esa carga ideológica. Debo convencer y convencerme que lo hago por todos, que soy su líder y su protector.

La otra explicación, la real de porqué la URSS se les adelantaba, era para las élites y los que cuentan en ese sistema. Y era muy diferente: El sistema educativo norteamericano estaba controlado por fundamentalistas religiosos que en lugar de enseñar evolución, enseñaban a rezar (recuerde el famoso juicio de un profesor por enseñar evolución a sus alumnos, muy bien representado en la fabulosa «Heredarás el viento»); por el utilitarismo que lejos de enseñar física y matemáticas, enseñaba cosas «útiles», como cocina, costura y a jugar tenis. Así, que junto a la inversión en armas disfrasadas de investigación, pusieron mucho dinero en comunicaciones, bibliotecas, escuelas y reforzaron su sistema educativo desde el kínder.

Entonces anunciaron una meta muy compleja, faraónica y a todas luces innecesaria, pero que servía al propósito de la justificación ideológica. ¡Vamos a poner y regresar a un hombre en la luna antes de que termine la década! Con ello no solo se justifica la increíble inversión, sino también la trasferencia de cantidades archimillonarias de dinero público a empresas privadas (un problema que la URSS no tenía, pues todo era el Estado) y de paso, si lo logran, ganarán la guerra ideológica.

Y se enfrascaron en una guerra desenfrenada, puesto que a los otros no les quedó más que entrarle a la competencia. Y bueno, ¡qué les cuento! Efectivamente lo lograron, no sin innumerables tropiezos. Pusieron un hombre en la luna con la Misión Apollo 11, de paso, la URSS se gastó el dinero de la gente en la competencia y descuidó otras áreas de la satisfacción social y las expectativas individuales, es decir, debilitó aun más su economía y al sistema político. La exploración lunar perdió interés porque la URSS ya no le interesó ser el segundo y no había razón para ese gasto monumental, teniendo en cuenta que esas misiones podían ser realizadas por robots, lo que las hacía más baratas y sin riesgo de vidas humanas, tal como lo demostraron los chinos el año pasado.

La serie recomendada parte de esta hipótesis alternativa: como en todas las victorias en las etapas anteriores, la Unión Soviética tambien llegó primero a la luna. Ahora hay que imaginar cómo sería el mundo, cómo respondería EE. UU. y buena parte de sus aliados. Es una idea muy buena para reflexionar y eso convirtió a la serie en un éxito para AppleTv+, al grado de transfomar una serie austera, un poco carente de «emociones», en una segunda y anunciada tercera temporada con una calidad de producción notoriamente superior.

La primera temporada muestra el inicio de la competencia con una tecnología muy rudimentaria y una losa idealógica tremenda. Y la verdad es que lo muestra muy bien y sin cortapisas, si bien sacrifica emotividad por la tensión reinante y la convicción de ser los «perdedores».

Pero para la meta de ir a la luna, el gobierno norteamericano consideró que una victoria de ese tamaño, solo podría ser llevada a cabo por «lo mejor de su sociedad y sus valores norteamericanos»: hombres, blancos, anglosajones, fieles creyentes no católicos y buenos padres de familia, sin vicios ni conflictos, puros y dignos. Dicho de otra manera, nada de minorías, nada de mujeres, nada de otras religiones y nada de diversidad sexual, es decir, nada de sexo. Pura decencia… Claro, encontrar gente así es casi imposible, pero bueno, basta con que tengan el color de piel correcto, de lo demás se encarga la propaganda.

Pero los «rusos» ganaron y no solo lanzaron una nave antes, tambien un perro de nombre ruso y luego un hombre, campesino, humilde y ciudadano promedio. Entonces —en la lógica de la competencia desenfrenada—, hay que hacer cambios, puede ser de cualquier iglesia, mientras sea cristiana no católica y puede ser hijo de obreros y no de las élites, mientras sea blanco. Luego los rusos pusieron una mujer en el espacio… ¡Horror!, pero hay que responder, busquen mujeres guapas, blancas, religiosas, buenas madres, decentes… Si son lesbianas, busquen parejas de hombres blancos, buenos… Para lograrlo, forma comunidades donde todos vivan como Dios manda, que se cuiden entre ellos, se vigilen los valores y el «estilo de vida norteamericano».

Todos esos episodios, que en la gesta heroica de pisar la luna se ocultan, en la serie están presentes. La ucronía en pleno.

No les cuento más, pero los «rusos» —así les dicen porque ignoran que la URSS y la misma Rusia es un país multiétnico, multicultural que incluye a todos los que ellos ignoran— ganaron la llegada a la luna. Bueno, pusieron primero a un hombre, ahora nosotros pondremos a la primera mujer; los rusos construyeron una estación espacial, nosotros haremos una más grande y cómoda; los rusos tienen gente viviendo en la luna, nosotros haremos un Taj Mahal.

Para terminar, la Union Soviética ganó la carrera espacial (en la serie), pero no la guerra fría. Esta, de hecho, se acrecentó y puso a la humanidad al borde de la catástrofe. Y eso ocurrió de verdad, no únicamente en la serie.

Las dos primeras temporadas de For all mankind —que están disponibles— son muy buenas. Particularmente en la segunda se puede ver el asalto de lo políticamente correcto, reflejan muy bien la carrera por dentro y retan a imaginar el qué pasaría si. Asimismo, está claramente mejor producida, más inversión y más ambiciosa; sin embargo, la primera es más creíble. Véanla y mediten un poco, tal como lo hice yo.

 

Horacio Cano Camacho, Profesor Investigador del Centro Multidisciplinario de Estudios en Biotecnología y Jefe del Departamento de Comunicación de la Ciencia de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

0
0
0
s2smodern