De tal padre, tal hijo

Escrito por Redacción

Estaba pensando, muy seriamente, que película o serie recomendar en esta sección. De entrada, había decidido buscar algo ligero, que nos distrajera y nos permitiera, al menos por un momento, no pensar en la pandemia y todos sus aspectos muy complejos y oscuros. La cinta elegida debería tener algunos elementos para mirarse a través del filtro de la ciencia. Es decir, no una película científica, que tal vez sería muy interesante para ciertas comunidades de expertos, pero la mar de aburrida para la mayoría. No, vamos a buscar en el cine cotidiano algo que nos entretenga, divierta, pero que a la vez nos haga plantearnos algunas preguntas que luego podamos abordar, de alguna manera, con herramientas de la ciencia…

Y no se me ocurría nada. Las candidatas terminaban siendo oscuras o trágicas. Entonces tuve una video charla con una chica que me platicó de su proyecto de maestría. Ella quiere (la simplificación es mía) estudiar algunos aspectos de la conducta de aves, digamos, saber si las parejas de pájaros que son «más atentos y cuidadosos» para preparar el nido, favorecen con ello una mejor viabilidad de los huevos y, por lo tanto, mayor número de nacimientos exitosos de los polluelos. Parece fácil, pero no lo es, hay una enorme cantidad de variables a considerar en este problema.

Mientras yo charlaba con esta chica, recordé una película japonesa que ahora quiero recomendarles. Es ligera, tierna y divertida, pero plantea preguntas muy interesantes que la propia ciencia está intentando resolver.

Se trata de la película De tal padre, tal hijo (Soshite Chichi ni naru, Japón, 2013) de Hirokazu Kore-eda, con guion original de él mismo. La historia es muy sencilla (en apariencia): Ryoata, un arquitecto obsesionado por el éxito profesional vive felizmente con su esposa y su hijo de seis años; pero su mundo se viene abajo cuando los responsables del hospital donde nació su hijo, ¡seis años después! le comunican que, debido a una confusión, el niño fue cambiado por otro.

La vida de esta familia exitosa es el nido idílico: no sufren por recursos, tienen una casa de sueño, éxito profesional, tiempo y dinero para el arte, la cultura, las vacaciones y por supuesto, la mejor educación para el hijo. En resumen, son los mejores pájaros para el mejor nido.

En contraste, su hijo biológico fue entregado a una familia de nivel económico y educativo muy modesto en un pequeño pueblo. Es el contraste total con la familia de Ryota, el padre postizo es un radiotécnico, muy relajado y su máxima preocupación es ser feliz, no acumular cosas. Viven con lo justo, apreturas y limitaciones, una casa de pueblo y una educación elemental.

Es casi un experimento biologísta: los bebes intercambiados, en ambientes tan contrastantes son una oportunidad de obtener información sobre el peso de las variables biológicas y culturales, aunque un solo caso resulte anecdótico. Claro, es un experimento que nadie se atrevería a realizar a propósito, con una n más grande, sería algo profundamente contrarío a la ética científica. Pero allí está el hecho y ahora el director lo aprovecha para reflexionar.

El asunto está planteado de una manera sutil e intimista, sin lecciones morales o prejuicios: qué es lo más importante para los niños, su origen genético o la crianza. Y no es una pregunta trivial ni ociosa. Es claro que todas las características anatómicas y funcionales de todos los seres vivos están determinadas en su genoma, el cual, en una interacción muy compleja con el ambiente, actúa en cada momento de la vida para regular y controlar todos los proceso vitales. Pero hay aspectos escurridizos, en el caso de las sociedades humanas, en dónde es la cultura o el ambiente lo que nos moldea y construye, pero ¿cuánto pesa cada parte? En esta película se tocan de manera muy interesante los lazos familiares, la crianza, la influencia del ambiente, ¿serán capaces de sobreponerse a algunos aspectos de la «carga genética»?. La manera de tratar este asunto es muy potente y emotiva.

Sin animo de contarles, uno podría suponer que una familia muy bien establecida, con todo para el «éxito» tiene o debe tener el futuro asegurado: buena comida, educación de la más alta calidad, salud a toda prueba, bienes materiales y un ambiente muy cuidado. Por el otro lado, la familia modesta, que hace lo posible por sobrevivir, se conforma con una educación precaria y no puede dotar a los hijos de lo todo lo adecuado. Pero… el conflicto de los niños cruzados pone de manifiesto que ni el origen genético ni el éxito económico lo son todo.

De tal padre, tal hijo retrata la importancia de la familia, de la unión entre sus miembros, de la aceptación de las diferencias, como elementos esenciales para satisfacer la necesidad de dar y recibir amor. Esta película habla justamente de los vínculos que surgen por la rutina y el tiempo y que superan cualquier otra condición determinada. No siempre el mejor nido es el mejor…

El descubrimiento de los niños cruzados abre una serie de decisiones y episodios familiares en los que ambas partes están tratando de dilucidar cuál es la mejor opción para todos. Ambas familias intentan resolver el asunto de la forma más civilizada y gradual posible, primero encontrándose todos para ir conociéndose y luego acogiendo al respectivo hijo biológico durante los fines de semana. De esta manera asistimos, como testigos privilegiados, a las distintas derivaciones morales y respuestas prácticas que plantea dicha premisa, sin estridencias ni giros inesperados, dando el espacio y el tiempo necesarios para que las relaciones entre los personajes se fortalezcan y afloren en su verdadero significado.

Una visión simplista nos diría cual es la decisión «correcta»: El niño pobre (con lo que significa en Japón ser pobre) debería ir al hogar que le corresponde, después de todo son sus padres «biológicos», además es una oportunidad única, en donde tendrá lo mejor. El asunto es que esa decisión tienen su contrario muy discutible, el niño rico ¿debería ahora ir a la vida modesta, llena de privaciones? Desde luego, también es su familia biológica. Y aún más, ¿la posesión de bienes materiales es suficiente para cubrir las necesidades de un niño?

Un aspecto muy interesante de esta película, a diferencia de muchas que han tocado temas similares, es que lo hace con mucho respeto e inteligencia. No juzga a nadie, no hace juicios para calificar, simplemente nos presenta los hechos y nos va planteando las diversas aristas del problema para mostrarnos que no hay solución fácil. El director permanece siempre al margen y somos nosotros, los espectadores, quienes tenemos que ir «tomando decisiones» que al contrastarse no siempre o mejor dicho, nunca resultarán sencillas.

Y este conflicto nos transforma a todos. A nosotros los espectadores nos plantea que no todo está en los genes y a los protagonistas los mete en una montaña rusa de emociones, pues quién puede tomar decisiones en ese problema… Todos recibimos una gran lección: ¿genética o cultura? La verdad no sabemos.

 

Horacio Cano Camacho, Profesor Investigador del Centro Multidisciplinario de Estudios en Biotecnología y Jefe del Departamento de Comunicación de la Ciencia de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.

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