Muy sensible no, ¡altamente sensible!

Escrito por Karina Salud Montoya Pérez

Seguramente hemos escuchado más de una vez que una persona describa a otra como «muy sensible». Incluso nosotros mismos podríamos haber sido descritos de esta manera y también haber llamado así a alguien más. Es posible que, con el paso del tiempo, y sin haber reflexionado en esto muy a fondo, hayamos aceptado que hay personas así o que nosotros somos así, sin poder explicar por qué o cómo, concluyendo, dada la frecuencia con la que se presenta esta situación, que las personas muy sensibles son las menos y son como son.

Lo cierto es que, en general, estas personas no gozan de una popularidad muy envidiable en el grueso de la comunidad. Tal vez debido a que se tiene la creencia de que una sensibilidad aumentada, resta adaptación a los diferentes contextos y entornos, porque asumimos que, para poder desarrollarnos en los diferentes aspectos de la vida, requerimos de cierta destreza que nos haga resistentes a las eventualidades que no están bajo nuestro control, porque de otra manera, no podríamos alcanzar nuestros objetivos.

 

Sensible o insensible ¡Ahí está el dilema!

También podemos llegar a opinar que hay una parte de esta sensibilidad que es posible reducir o ignorar, y por eso, en varias ocasiones nos hemos molestado o frustrado cuando las personas con esta característica, no alcanzan a controlar o frenar su sensibilidad aumentada. Y es que en una sociedad «civilizada», se espera que efectivamente, ante un problema, adversidad o injusticia, las personas muestren una respuesta acorde con la situación, de lo contrario, denotaría insensibilidad o falta de humanidad. Pero, esta respuesta no debe ser muy intensa o prolongada porque, después de un tiempo «razonable», es necesario continuar con las actividades y no pensar demasiado en lo que ya pasó. Es así que, la relación con las personas muy sensibles puede llegar a ser particular, y en ocasiones complicada. Consideremos que cuando decimos que alguien es muy sensible, estamos haciendo notar una característica de personalidad que la exime de exigencia, pero la confina a una categoría lejana de la intrepidez y del arrojo.

La sensibilidad a la que nos referimos en este sentido está asociada con carecer de la capacidad suficiente para interactuar con el ambiente sin verse demasiado afectado por este, y como consecuencia, tender a expresar quejas o inconformidades por la intensidad, duración o singularidades de los estímulos internos y externos, como el ruido, la temperatura, los olores, la cantidad de gente alrededor, el hambre, los temas de conversación, la experiencia de dolor, las bromas, el comportamiento de las personas o las críticas al desempeño.

https://www.nytimes.com/2019/04/30/magazine/almost-all-the-colleges-i-wanted-to-go-to-rejected-me-now-what.html

Lo evitamos o lo aceptamos

En consecuencia, tenemos por lo menos dos elecciones al convivir con personas muy sensibles, si es que nosotros no lo somos también: lo evitamos o, condescendemos a sus excentricidades, por llamarlo de algún modo más socialmente correcto. Y, en el caso de que sí nos consideremos muy sensibles, igualmente hay al menos dos opciones disponibles: el aislamiento en un lugar confortable con todo lo necesario a la mano o, hacer un esfuerzo importante para no manifestar algún desagrado durante el tiempo que compartamos un espacio con alguien más.

Admitamos que nos gusta pensar que todos somos únicos y como consecuencia distintos de los demás, sin embargo, en la interacción con los otros nos cuesta trabajo aceptar esas diferencias y sus implicaciones. En efecto, el sentir que se es diferente y que por ello no se termina de «encajar» en los ambientes sociales importantes, puede acarrear un profundo malestar y muchas preguntas sobre sí mismo. Por ello, solemos preferir tener más en común con el resto y gozar de un sentido de normalidad que nos brinde compañía y tranquilidad.

Pero, ¿por qué ciertas personas experimenten esta sensibilidad aumentada?, ¿se nace con esta característica?, ¿se adquiere con el tiempo?, ¿pueden influir las experiencias de vida?, ¿se trata del resultado de haber crecido en un ambiente con demasiadas comodidades y pocas adversidades?

 

Aprendamos más de la sensibilidad

El concepto de sensibilidad es utilizado en distintos ámbitos además del que aquí se ha mencionado, y en muchos casos, a partir de esto, ha sido posible entenderlo mejor. Por ejemplo, al describir a ciertos animales, plantas u objetos como sensibles o muy sensibles, hacemos referencia a un tipo de respuesta observable que se presenta en ellos ante condiciones ambientales específicas, capaces de influir en su homeostasis o estado de equilibrio, como la luz, la humedad y la temperatura. Podemos darnos cuenta que esta influencia es especialmente más rápida y más intensa. Es por esto que inferimos la existencia de características exclusivas que poseen ciertos organismos u objetos, que los hacen responder de una forma distinta o única, en comparación con los demás integrantes de su especie o clase.

En el caso de los humanos, el estudio de las diferencias individuales ha sido tarea de la Psicología desde hace ya varias décadas. De hecho, cuando hablamos de tipos de personalidad o rasgos de personalidad, hacemos alusión a un conjunto de características que comparten un grupo de personas que las distingue de otros grupos de personas que comparten otros conjuntos de características.

Estas diferencias o peculiaridades se asumen sistemáticas, tanto en la manera de sentir y pensar, como en la forma de comportarse. Son constantes, a través de las situaciones y a lo largo del tiempo, y se explican tomando en cuenta los aspectos sociales, psicológicos o neurológicos, así como las bases genéticas y neurofisiológicas.

Desde esta perspectiva, conceptos como sensibilidad y reactividad son usados para explicar las diferentes maneras en que las personas se relacionan con su medio y cómo estas diferencias permiten establecer categorías o clasificaciones entre ellas. De ahí que, exista un consenso, más o menos unánime, con respecto a que no todas las personas responden de la misma manera a los mismos estímulos y, también, sobre que existe una predisposición genética que determina el grado y cualidad de la respuesta a estos, razón por la cual, la reactividad o sensibilidad son características que se consideran innatas.

Acorde a lo que podría suponerse, dentro del campo de estudio de la Psicología, también ha habido confusión o falta de claridad con relación a los distintivos o alcances de poseer un rasgo de temperamento, probablemente determinado genéticamente, que dote a las personas para ser más sensibles al entorno, sin estar relacionado con una alteración o patología originada por una exposición crónica a condiciones de estrés. Este fue el debate teórico y metodológico que iniciaron Elain y Artur Aron en la década de los 90 en Estados Unidos de Norteamérica. Ellos encontraron la forma de dirigir el estudio de esta característica a la que denominaron Sensibilidad en el Procesamiento Sensorial (Sensory Processing Sensitivity), debido a que, según sus investigaciones, parece ser la manifestación de un sistema nervioso altamente sensible en donde el cerebro procesa la información sensorial de manera profunda con un mayor grado de análisis cognitivo y semántico, sin deberse a algún tipo de avería.

Estudios recientes han encontrado que las personas que poseen este rasgo exhiben mayor activación neural en diferentes regiones del cerebro, y han aportado evidencia sobre una conciencia y empatía aumentadas, una mayor preparación para responder a estímulos ambientales, particularmente a situaciones sociales importantes, así como un procesamiento sensorial más elaborado con mayor atención a los detalles y a las sutilezas. Así mismo, se estima que una quinta parte de la población mundial es portadora de esta característica y se puede presentar tanto en mujeres como en hombres.

 

¿Altamente sensibles?

De modo que, las personas altamente sensibles, llamadas así por poseer una Sensibilidad al Procesamiento Sensorial, parecen notar con mayor facilidad diferencias sutiles en los olores, sabores, colores, sonidos, texturas, así como otras sensaciones como el frío, el calor, el dolor, el hambre, el efecto de los medicamentos o, incluso, el efecto de la cafeína. Igualmente, con más frecuencia pueden distinguir sutilezas en los objetos o en el entorno y, cuando están ante una situación nueva suelen tomarse un tiempo para observar antes de actuar. Además, cuentan con una notable creatividad y un gusto o facilidad por las artes.

Las personas altamente sensibles tienen habilidad para identificar con rapidez el humor o estado emocional de las personas y experimentan con intensidad tanto las emociones agradables como las desagradables. Debido a todo lo anterior, abrumarse con facilidad es también una cualidad central.

En los últimos años se ha extendido el estudio de este rasgo alrededor del mundo, y México no es la excepción. Ya hemos realizado las primeras investigaciones, esperando que no pase mucho tiempo antes de que sea del conocimiento de la mayoría, esto en aras de contar con más elementos para entender mejor las diferencias o similitudes que percibimos en la forma de ser y sentir de las personas con las que nos relacionamos y aprendamos a entender eso que nos distingue.

Considerando lo anterior, nos encontramos en vías de desmitificar lo especulado sobre las personas muy sensibles, que, a través de su manera de reaccionar ante lo que ocurre a su alrededor, nos han mostrado las dificultades y bondades de poseer este rasgo que, sin duda, plantea aún muchas interrogantes. En suma, la próxima vez que escuchemos que alguien es muy sensible, incluidos nosotros mismos, estaremos en condiciones de suponer que más bien se trata de una persona ¡altamente sensible! 

 

 

Aron E., Aron A. y Jagiellowicz J. (2012). Sensory Processing Sensitivity: A Review in the Light of the Evolution of Biological Responsivity. Personality and Social Psychology Review, 16, 262-282. http://doi.org/10.1177/1088868311434213

Aron E. (2017). El Don de la Sensibilidad. España: Ediciones Obelisco.

Montoya-Pérez K.S., Ortega J.I.M., Montes-Delgado R., Padrós-Blázquez F., de la Roca Chiapas J.M. y Montoya-Pérez R. (2019). Psychometric Properties Of The Highly Sensitive Person Scale In Mexican Population. Psychology Research and Behavior Management, 12, 1081—1086. https://doi.org/10.2147/PRBM.S224808

 

Dra. Karina Salud Montoya Pérez, Pionera en la investigación sobre la alta sensibilidad en México, sus estudios de Doctorado en Psicología fueron realizados en  la Universidad de Colima, Colima, México.

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