Morir para vivir

Escrito por Berenice Eridani Olmos Orizaba y Christian Cortés Rojo

A lo largo de la historia, la humanidad ha considerado a la muerte como algo que significa sufrimiento, miedo, pérdida y tristeza. La religión, las costumbres y la cultura de cada pueblo, tratan de influir en la percepción que tenemos de la muerte para darle un significado de transcendencia y así, darle sentido a este hecho inevitable.

Un buen ejemplo de ello es el día de Muertos en México, el cual ha sido hasta tema de películas de animación de Disney…  Sin embargo, la muerte no es tan mala como parece, es algo que sucede todos los días. No, no nos referimos a los terribles asesinatos que ocurren diariamente en el mundo. En este mismo instante en que estás leyendo este artículo, están muriendo en tu cuerpo al menos medio millón de células sanguíneas, mientras que, en tu piel, tu cuerpo produce células nuevas para reemplazar a las que han muerto debido a factores que las dañan, tales como, la exposición excesiva al sol.

La muerte ocurre incluso antes de nacer. No, espera, no es un juego de palabras, durante el desarrollo de los bebés en el vientre materno, la muerte de algunas células sirve para darle la forma final a muchas estructuras del organismo. Por ejemplo, cuando se forman las manitas se mueren muchas células en las regiones interdigitales para que se formen los deditos.

En este sentido, Claude Bernard, médico francés del siglo 19, considerado el fundador de la fisiología moderna, decía que no hay vida sin muerte, ni muerte sin vida. Y es por eso que las células «saben» que tienen que morir para mantener el equilibrio que le permite al organismo mantenerse vivo.

 

¿Cómo y cuándo las células saben que tienen que morir?

Las células contienen un programa de muerte, es decir, siguen una secuencia de pasos controlados por «programas precargados» en ellas, que conducen a su muerte. Estos programas pueden activarse cuando las células son infectadas por un virus o una bacteria, o bien, cuando la propia célula detecta que no está cumpliendo su función y que representa una amenaza para el organismo, por lo que decide «suicidarse», para que se mantenga el equilibrio de células sanas. Esto es diferente de la muerte celular accidental, que ocurre cuando la célula experimenta agresiones físicas, químicas o mecánicas intensas siendo la muerte inevitable, como, por ejemplo, cuando te das por accidente un martillazo en un dedo, donde muchas células mueren.

 

Muerte en la salud y en la enfermedad

Hasta ahora hemos hablado de la muerte celular como un proceso natural por el cual las células deciden suicidarse para el bien de todo el organismo. Pero ¿Qué pasa cuando la célula no es capaz de reconocer las señales que le indican que tiene que morir?

Es importante considerar que debe existir un equilibrio entre la muerte y el nacimiento de nuevas células, ya que un descontrol entre estos dos procesos tiene como consecuencia el desarrollo de enfermedades donde existe un «exceso» o «falta» de muerte celular. Esto ocurre, por ejemplo, en enfermedades degenerativas donde hay un exceso de muerte de células neuronales, como en las enfermedades de Alzheimer, Parkinson o Huntington. El caso contrario es el cáncer, donde las células se «desprograman» y evaden la muerte, lo que provoca que estas continúen dividiéndose de manera descontrolada, formen tumores y puedan en algunos casos, invadir otros tejidos, lo que se conoce en la terminología médica como metástasis.

 

https://pursuit.unimelb.edu.au/articles/the-discovery-shedding-light-on-birth-defects

¿Todas las células se mueren de la misma forma?

Así como existen diferentes tipos de células, también hay muchas formas en las cuales pueden morir; esto dependerá del tipo de señal de muerte que reciban o del programa de muerte al que respondan. Apoptosis, necrosis, ferroptosis o autofagia, son algunos de los nombres raros con los que se les llama a los tipos de muerte celular. Estas responden a estímulos específicos, ya sea del ambiente interno o externo de la célula, por lo que una células puede tomar diferentes caminos para autodestruirse. La información de los programas de muerte celular está contenida en el material genético de las células, a partir del cual se producen proteínas que ejecutan el suicidio celular.

Las rutas que llevan a la muerte de la célula son muy complejas y, diferentes programas de muerte, pueden funcionar al mismo tiempo para cumplir el mismo fin. Algo sumamente interesante es que las células moribundas pueden, digámoslo así, perecer de manera heroica al ser capaces de liberar «señales» que alertan al organismo entero sobre una amenaza potencial. Estas señales son moléculas que participan en el reconocimiento de las células dañadas por parte de los fagocitos del sistema inmunológico, lo que facilita la eliminación de células con similares defectos, por ejemplo, células que pueden ser cancerosas.

 

¿Nos sirve saber cómo morimos?

Si, por supuesto, y mucho. Gracias al conocimiento generado por los científicos que estudian la muerte celular programada, se han realizado avances en el tratamiento de enfermedades que se relacionan con el descontrol de estos procesos. Conocer más a fondo cómo es que las células se suicidan, puede ayudar al desarrollo de tratamientos específicos que promuevan la muerte de células cancerosas y detengan esta terrible enfermedad o, por el contrario, detengan la muerte celular excesiva en enfermedades neurodegenerativas.

Sin embargo, aún existen retos que deben resolverse, siendo uno de los más importante el de la especificidad de esos tratamientos, es decir, lograr que un procedimiento que induzca la muerte celular en células cancerosas, solo lo haga en este tipo de células, ya que la inducción de la muerte en células sanas podría llevar a otras enfermedades. Por el contrario, evitar el suicidio celular de las células neuronales en enfermedades degenerativas, podría dar lugar a que células de otros tejidos no logren suicidarse y se conviertan en células cancerosas.

 

 

Para Saber Más:

Porras A. y Marzo I. (2010). Apoptosis: una forma controlada de muerte celular. SEBBM Divulgación La Ciencia Al Alcance de La Mano.

https://www.sebbm.es/archivos_tinymce/mayo2010_almudenaporrasisabelmarzo.pdf

 

Jordán J. (2003). Apoptosis: muerte celular programada. Offarm, 22(6):100-106. https://www.elsevier.es/es-revista-offarm-4-pdf-13049112

Rojas M., Salmen S. y Berrueta L. (2009). Muerte celular programada: I. Activación y mecanismos de regulación. Revista Médica de la Extensión Portuguesa, 4(3): 92-106. http://www.saber.ula.ve/handle/123456789/31375

 

M.C. Berenice Eridani Olmos Orizaba, estudiante del Programa Institucional de Doctorado en Ciencias Biológicas (PIDCB), Instituto de Investigaciones Químico-Biológicas, Laboratorio de Función Mitocondrial, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.

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D.C. Christian Cortés Rojo, Profesor e Investigador del Instituto de Investigaciones Químico-Biológicas, Laboratorio de Función Mitocondrial, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.

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