COVID-19, Lo que los mexicanos percibimos de esta enfermedad

Escrito por Ana Claudia Nepote González, José Manuel Posada de la Concha, Daniela Tarhuni Navarro, Milagros Varguez Ramírez, José Luis Hernández-Stefanoni y María Antonieta Saldívar Chávez

El recuento que desearíamos no hacer

Una pandemia, entendida como una enfermedad epidémica que se extiende a muchos países y a millones de personas, aparece esporádicamente. Nuestra generación es testigo de que la pandemia ocasionada por el virus SARS-CoV-2 nos tomó desprevenidos y por sorpresa. Comenzamos los primeros días del 2020 con noticias que llegaban de China en donde un virus contagioso enfermaba, desde finales de 2019, a miles de personas de una aparente gripa, con síntomas graves y fallecimientos en ciertos casos. Pocas personas imaginaron que esas mismas escenas del otro lado del mundo se repetirían en todos los países del planeta, porque después de China siguió a Europa y continuó a América. El virus se extendería rápidamente por todo el mundo gracias a la interconectividad de nuestras vidas globalizadas.

El 30 de enero de 2020 la Organización Mundial de la Salud declaró una emergencia de salud pública internacional a causa del COVID-19 y, pese a que en México se confirmó el primer caso importado de coronavirus el 28 de febrero, no fue sino hasta un mes después, a finales de marzo, que el Gobierno de México realizó esta declaratoria al superar el millar de infectados.

La estrategia del gobierno federal en la Fase 2 de la pandemia se basó en implementar la llamada Jornada Nacional de Sana Distancia, anclada a un personaje ficticio “SuSana Distancia”, que incluyó, adicional a las medidas de prevención y distanciamiento social, la suspensión de clases y de actividades no esenciales en los sectores público, social y privado, bajo la recomendación principal de quedarse en casa.

A finales de marzo del 2020, los medios de comunicación de México se saturaban con imágenes y videos de SuSana y de las conferencias de prensa que organiza la Secretaría de Salud a través de la voz y presencia del Dr. Hugo López-Gatell, epidemiólogo y vocero asignado por el Gobierno Federal para informar y dictar la línea sanitaria que se seguiría. Hasta la fecha, diariamente, se siguen dando estas conferencias, aunque el interés tanto de medios de comunicación como de la población han disminuido.

Lejos estábamos en aquellos meses de imaginar el escenario que hoy enfrentamos: el 5 de abril, se confirmaban 3,910 casos de COVID-19 y 215 defunciones. En este periodo se implementó la primera encuesta que permitiría conocer la percepción de la población sobre esta enfermedad. Al cierre, el 14 de abril, los contagios habían aumentado a 8,811 y las muertes a 776.

Días más tarde, el 21 de abril, se activó la Fase 3 por COVID-19, pues se presentó un número masivo de casos confirmados y de hospitalizaciones. Comenzaba a vislumbrarse la dimensión que tendría esta pandemia. Pese a ello, y tras 51 días de confinamiento social, el 13 mayo el gobierno anunció sorpresivamente el plan para regresar a la denominada “nueva normalidad”, regida por un semáforo de cuatro colores que representaban las actividades permitidas. Ante la incertidumbre que implicaban estas acciones, se emprendió una segunda encuesta, realizada del 21 de mayo al 6 de junio. El número de contagios confirmados y de defunciones lejos estaban de la Fase 2; al cierre de la encuesta se reportaron 139,438 casos confirmados y 18,281 defunciones. Los días de la nueva normalidad se sentían en el país.

 

Enfrentando nuestras percepciones

El estudio comprendió dos etapas. La primera encuesta incluyó un total de 27 preguntas distribuidas en cuatro bloques orientados a indagar sobre: a) el conocimiento de la población sobre el coronavirus, b) la opinión y actitud sobre las medidas de prevención y tratamientos, c) las fuentes de información por parte de la población sobre el coronavirus y d) la opinión de la población sobre la gestión política de la pandemia ante esta enfermedad. La segunda encuesta contempló 12 preguntas.  En total participaron 9,137 personas, todos habitantes del país, aunque la mayoría de respuestas se concentraron en los estados de la zona del centro de México. En promedio se tuvo una mayor participación de mujeres que de hombres y de personas adultas de entre 27 a 59 años con estudios de nivel superior. Debido al confinamiento en casa, esta investigación presentó limitaciones ya que quienes respondieron, debían contar con internet y usar frecuentemente redes sociales, correo electrónico o WhatsApp para informarse. Lo deseable hubiera sido emplear los cuestionarios en campo con personas lejanas a los círculos académicos y educativos a los que se logró llegar. Se dejará para un estudio posterior. La metodología y resultados detallados pueden consultarse en la página web del proyecto.

 

¿Qué sabemos y cómo nos protegemos de esta enfermedad?

Si bien encontramos que había confusiones respecto a los términos asociados al virus y a la enfermedad, pues cerca de la mitad de los encuestados señaló que “COVID-19” era el nombre del virus detectado, la mayoría de los encuestados mencionó que el virus se originó en animales y de ahí se transmitió a los humanos (65%) y sólo en menor proporción señalaron como verdaderos supuestos como la creación en laboratorio de este virus (8%). También se desprende que poco más del 90% conocía las medidas de prevención de contagio, sin embargo, eso no sucedió respecto a los protocolos para la atención médica (50%), o las medidas para tratar a un enfermo por COVID-19 en casa (40%).

A pesar del conocimiento y práctica generalizada de las medidas básicas de prevención entre los encuestados, fue notorio el gran incremento entre principios de abril y finales de mayo del uso de cubrebocas (de 35 a 85%). Sin embargo, disminuyó de 97 a 79% el lavado frecuente de manos. De manera similar “no saludar a nadie ni tener contacto físico” disminuyó de 91 a 82%, acciones que nos sitúan ante un potencial riesgo de contagio. Suponemos que este cambio a la baja se debe a que, en buena medida, en ese mes se registró un debate intenso sobre el uso del cubrebocas tanto en los organismos de salud, como entre los gobiernos estatales y federal y los medios de comunicación, descuidando notablemente las otras medidas de prevención.

 

¿En quiénes confiamos?

Ante la pandemia, las figuras que mayor confianza generan entre la población, tanto por sus conocimientos como por la información que brindan, son los científicos (98%) y el personal de salud (94%), mientras que la confianza en el Gobierno dividió la opinión de la gente: el 46% tiene una percepción positiva, pero el 54% de los encuestados lo ubica en el rango de poco y nada confiable. En esa misma categoría se ubican los periodistas (54%). En la categoría de “Nada confiable” están los Políticos (51%) y, como “aún menos confiables”, los líderes religiosos (74%).

Los encuestados confieren gran importancia al conocimiento científico: lo consideran indispensable para frenar la expansión del coronavirus (93%) y como la base fundamental para tomar las decisiones políticas del manejo de la pandemia (94%). Señalaron como prioritario que el sistema científico nacional centre sus esfuerzos en apoyar al sector salud (83%); en aportar conocimientos para comprender todas las dimensiones de esta pandemia (78%) y ayudar a la sociedad a comprender este fenómeno (56%).

 

¿Cómo nos informamos?

La mayor parte de los participantes (77%) dijeron informarse a través de los sitios oficiales de salud como la Organización Mundial de la Salud o el equivalente en el país, seguido de la conferencia diaria ofrecida por la Secretaría de Salud Federal o la de su entidad de residencia (70%) y por los portales desarrollados por instituciones de educación superior o centros de investigación (55%).

En la primera fase del estudio los medios de comunicación ocuparon el segundo lugar ya que 6 de cada 10 personas que fueron encuestadas reconocieron informarse a través de los medios de comunicación (prensa, radio y televisión).

Otro aspecto importante de la información fue indagar si las personas realizan algún ejercicio de verificación sobre lo que recibe por parte de las distintas fuentes de información. En general, la verificación está relacionada con la confiabilidad que los encuestados perciben de sus respectivas fuentes.

Logramos identificar que las formas en las que las personas verifican la información son por medio de búsquedas de información en internet o consultando medios que gozan de credibilidad. Un cuarto de las personas encuestadas refirió consultar especialistas como método para verificar los datos. Además, 6 de cada 10 participantes de la encuesta reconocieron que la información que recibió durante abril y mayo fue útil para la toma de decisiones durante la crisis sanitaria, en contraste, un 10% de los encuestados en mayo reconocieron haber dejado de consultar noticias relacionadas con el tema, probablemente debido a una sobresaturación mediática del COVID-19.

 

¿Cómo nos sentimos?

Entre abril y mayo se registró un aumento de unos cinco puntos porcentuales de sensaciones negativas en la percepción de la información sobre el COVID-19 para “me agota”, “me genera ansiedad” y “me confunde más”; mientras que las calificaciones “me ayuda a discernir lo que es verdadero y falso…” y “me ayuda a tomar decisiones…” disminuyeron unos cuatro puntos. Lo anterior sugiere que el mantenerse informado no necesariamente provoca un mejor estado de ánimo porque genera sensaciones negativas. Este punto también es una llamada de atención tanto para el tratamiento informativo de los medios de comunicación, pero también a la población para que las decisiones se tomen con base en los datos e información más confiable. En ambas encuestas se perciben sentimientos ante la emergencia sanitaria de ansiedad (alrededor de la mitad de los encuestados), frustración y miedo con 41% de respuestas.

 

Consideraciones a futuro

La pandemia ocasionada por el virus SARS-CoV-2 representa la gran disrupción del siglo XXI y sus efectos todavía son inconmensurables. Nos ha puesto ante una nueva realidad y nuevas perspectivas. Sin duda, el Coronavirus ha marcado un hito en el mundo y en nuestro país. Los efectos asociados a la crisis sanitaria se encuentran en la economía, el empleo o la educación, pero también han repercutido en la esfera psicosocial por todo lo que han implicado las restricciones a la movilidad y a las nuevas formas de relacionarnos. La violencia de género ha incrementado alarmantemente con el encierro. La seguridad alimentaria también es una preocupación compartida al igual que lo son las condiciones de pobreza en la que los sectores desfavorecidos de la población son más vulnerables a esta pandemia.

Los medios de comunicación y las redes sociales juegan un papel decisivo, al igual que líderes de opinión y políticos. Los discursos científicos y políticos contrapuestos confunden a la ciudadanía y pueden conllevar a que esta asuma un menor riesgo ante la pandemia. También observamos que se requiere promover prácticas de verificación que ayuden a la sociedad a identificar fuentes confiables de información, y probablemente en este mismo sentido, que los especialistas busquen ser más participativos en la formación de opinión pública.

Pese a que en este estudio las creencias y prácticas pseudocientíficas no tuvieron gran eco, no podemos negar que en México y en el mundo están profundamente arraigadas en parte de la población, con manifestaciones respecto a que la pandemia es una falacia o una conspiración mundial para controlar a la humanidad, o bien, con el consumo de sustancias o tratamientos que pueden ser potencialmente dañinos para la salud y que en este tiempo se han viralizado. Los más de 800 mil muertos en el mundo no parecen ser suficiente argumento contra estas creencias. Es previsible en este sentido, una ola anti vacuna por grupos radicales que desde hace varias décadas han mantenido un rechazo en general a las vacunas y no sería la excepción que se manifestaran en contra de la vacuna contra el coronavirus.

Otro de los hallazgos principales de nuestra investigación fue reconocer que, con el avance de la pandemia en México, hubo un incremento en el uso del cubrebocas pues se ha vuelto un accesorio de vestir y sanitario indispensable para la protección contra el contagio, pero se perdió el enfoque integral del resto de los cuidados que también son importantes para prevenir la dispersion del virus como son el lavado frecuente de manos con agua y jabón, la sana distancia entre personas y permanecer en casa el mayor tiempo posible.

La buena noticia para la ciencia en estos tiempos pandémicos es que ha tomado un papel protagónico. La mirada se ha centrado en los expertos para buscar soluciones a la crisis sanitaria y sus efectos asociados con respuestas calificadas y basadas en estudios científicos. La pandemia es una oportunidad para recuperar la confianza y valorar la investigación que se realiza en las universidades mexicanas, no sólo en disciplinas médicas o epidemiológicas, sino que las posibles soluciones y estrategias para trascender esta pandemia provendrán de investigaciónes multidisciplinarias con diversos enfoques.

Al tiempo que nuestro equipo de investigación realizó este estudio, de manera paralela en México y en otros países del mundo se llevaron estudios similares enfocados a conocer la percepción de la ciudadanía sobre la situación por la pandemia, sobre las emociones, los hábitos de sueño y de consumo de alimentos, y el rol de los científicos y la cultura científica en la sociedad.

Los resultados de estos estudios pueden orientar estrategias de campañas y de comunicación de la ciencia. Son ejercicios que intentan darnos un “pulso” de los valores, opiniones y actitudes que las personas pueden tener hacia los contenidos científicos, sobre el desempeño que tienen los medios de comunicación y sobre las tareas pendientes para lograr un mayor involucramiento de los científicos y tomadores de decisiones con la sociedad.

La pandemia no hizo más que sacudirnos y expresar la urgencia de cambio por la sostenibilidad del planeta. Mientras permanezca la crisis sanitaria y no llegue la anhelada vacuna para la contención, aprenderemos a convivir con el virus, pero depende en gran medida de la responsabilidad individual, del autocuidado, de medidas básicas como mantener el distanciamiento social, la higiene de manos, uso del cubrebocas, de la corresponsabilidad hacia los otros y de la solidaridad social.

 

Saber Más:

Bucchi, M. y Saracino, B. 2020. Italian citizens and covid-19. Public Understanding of Science Blog. Disponible en: https://sagepus.blogspot.com/2020/03/italian-citizens-and-covid-19.html 

Fetzer, T. et al. 2020. Global behaviors and perceptions in the COVID-19 Pandemic. PsyArXiv Preprints. Preprint DOI 10.31234/osf.io/3kfmh. Disponible en:  https://psyarxiv.com/3kfmh/ 

Tarhuni, D. et al. 2020. Blog del Proyecto de Investigación Percepción COVID-19 en México. https://percepcioncovid19mexico.wordpress.com/

 

Ana Claudia Nepote González, Escuela Nacional de Estudios Superiores, ENES, Unidad Morelia, UNAM 

José Manuel Posada de la Concha, Universidad Veracruzana. 

Daniela Tarhuni Navarro, Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales (CEPHCIS), UNAM. 

Milagros Varguez Ramírez,, Frutos Digitales, consultora en comunicación de la ciencia. 

José Luis Hernández-Stefanoni,y María Antonieta Saldívar Chávez, Centro de Investigación Científica de Yucatán, A.C.

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