Los obstáculos en el desarrollo farmacéutico

Escrito por Erika Sosa Martínez y Martha Estrella García Pérez

Todos nos hemos enfermado a lo largo de nuestra vida, y usualmente, consumimos medicamentos ya sea en forma de inyectables, suspensiones, tabletas, jarabes u otros; pero, ¿Cuál es el proceso que experimenta una molécula antes de convertirse en un medicamento? En este artículo te lo decimos; sin embargo, antes de explicar el proceso, es importante saber a qué nos referimos cuando hablamos de medicamentos, así como tener en cuenta el tiempo que invierten los especialistas en elaborarlos.

 

¿Qué es un medicamento?

Un medicamento es una sustancia que se conforma de principios activos y excipientes (aditivos), preparados por personas especializadas en laboratorios farmacéuticos. Los principios activos presentan beneficios para la salud y provienen de fuentes como plantas, hongos y microorganismos; mientras que los aditivos sirven para aportar color, sabor y/o consistencia a las formulaciones.

 

¿Es fácil elaborar un medicamento?

Aunque pueda pensarse que es tarea fácil, seleccionar un principio activo y convertirlo en un medicamento, resulta una labor ardua y compleja, ya que se invierten de 15 a 20 años en promedio para poder elaborar un fármaco.

Por esta razón, el proceso para obtener un medicamento será comparado con una verdadera y larga carrera de obstáculos, que resulta más emocionante cuanto más cerca se está de la meta, es decir, exhibido en el anaquel de una farmacia para que sea utilizado con fines terapéuticos.

 

Obstáculos a los que se enfrenta el desarrollo de un medicamento

Obstáculo 1: Etapa de descubrimiento

Los medicamentos se desarrollan para combatir enfermedades. En este sentido, todo comienza cuando los expertos deciden el lugar del organismo al que el medicamento estará dirigido (diana terapéutica), y con base en ello, deciden los principios activos que se investigarán. Este es el punto de partida de la carrera, en la cual participan alrededor de diez mil competidores, —que no son más que moléculas (principios activos)—, donde solo uno cumplirá el sueño dorado de convertirse en el medicamento que podrá ser exhibido en la farmacia y utilizado por los pacientes.

En este contexto, si nos imaginamos que todos los principios activos inician la carrera y deben sortear un número de obstáculos, resulta fácil hacer la analogía con el desarrollo de un medicamento. Así, los competidores, deben sortear el obstáculo 1 el cual consiste en actuar directa y específicamente sobre la diana terapéutica elegida por los expertos; los que actúen mejor, serán considerados como Cabezas de Serie. Este selecto grupo será mejorado en cuanto a su estructura química, con el fin de incrementar su seguridad, estabilidad y eficacia. Como resultado de este proceso, quedarán solo mil moléculas de las diez mil que comenzaron la carrera, y serán distinguidas como Compuestos Líderes.

 

Obstáculo 2: Fase de investigación preclínica.

El grupo que pasa el primer obstáculo, debe enfrentarse a otra barrera mayor: el obstáculo 2 conocido como Fase de investigación preclínica. Para pasar este obstáculo, los principios activos deben probarse sobre células y animales de experimentación, de esta manera, los expertos comprenden si tienen posibilidades de interaccionar sobre organismos más complejos como el ser humano. Para pasar esta dura prueba, los principios activos deben demostrar baja toxicidad, eficacia y desafiar el metabolismo que intentará transformarlos. Es importante mencionar que todas las sustancias químicas pueden ser tóxicas, así provengan de plantas, hongos o microorganismos; el punto clave entre que sea tóxica o efectiva, es la dosis. ¡Por esto, se hace aún más necesario que los principios activos sean probados en animales antes de usarlos en el hombre!

La información obtenida en la fase de investigación preclínica, permite decidir la concentración del principio activo que se incluirá en el medicamento (dosis). Es así que solo las moléculas más efectivas y seguras, avanzarán triunfantes hacia el obstáculo 3, lo que equivale a alrededor de 5 o 10 compuestos químicos. Como este obstáculo es el más difícil de vencer e implica probar en humanos, los expertos deben solicitar un permiso a una entidad regulatoria, la cual revisará que los candidatos terapéuticos sean seguros y eficaces antes de autorizar su uso en humanos. En México, la entidad regulatoria a cargo es la Comisión Federal para la Protección Contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS).

 

 

A lo largo de la historia de la humanidad, el uso de plantas y microorganismos ha servido para la búsqueda de principios activos; ejemplo de ello es la penicilina, aislada por primera vez del hongo Penicillium notatum. En la actualidad, disciplinas científicas como la genómica, la biología molecular, la biotecnología y la química combinatoria, han posibilitado la síntesis e identificación de múltiples candidatos terapéuticos de forma más rápida.

 

 

Obstáculo 3: Fase de investigación clínica.

Una vez que se cuenta con la autorización requerida, los competidores intentarán sobrepasar el obstáculo 3 llamado Fase de investigación clínica, donde finalmente se aportará la respuesta sobre la eficacia terapéutica de las moléculas que continuarán en la carrera en el ser humano. Dada su importancia, este obstáculo es el más largo y tortuoso, contando con tres subfases principales que se describen a continuación.

En la subfase I, los candidatos terapéuticos se prueban en un grupo pequeño de individuos sanos que han decidido participar voluntariamente con el fin de comprobar si éstos son seguros. La consecución de esta etapa permite igualmente optimizar la dosificación. Si dentro del estudio, los individuos presentan un daño severo en órganos vitales, el candidato terapéutico no podrá seguir avanzando en la carrera. Pero por el contrario, si el medicamento es seguro, continuará glorioso hacia la subfase II.

 

La subfase II es muy emocionante para los expertos, ya que los competidores tendrán esta vez que sortear una barrera más alta. Hasta ahora, las moléculas se habían enfrentado a células, animales o individuos sanos; sin embargo, durante esta subfase, tendrán que demostrar que tienen potencial para revertir la enfermedad para la que fueron diseñadas, es decir, que bajo la influencia del medicamento los pacientes mejoren su calidad de vida. Una vez comprobada la eficacia terapéutica de los nuevos candidatos, éstos serán probados en la subfase III.

 

Durante la subfase III, los candidatos terapéuticos en competencia deben demostrar —igual que en la subfase II—, su eficacia y seguridad, pero esta vez sobre un grupo aún más grande de pacientes con la intención de verificar que su impacto farmacológico, no solo se presente en grupos pequeños, sino en grandes poblaciones.

 

De las 5 o 10 moléculas competidoras que entraron a la fase de investigación clínica, solo una podrá pasar el obstáculo 3 con todas sus subfases. Sin embargo, antes que pueda ostentar la reluciente medalla dorada y subirse al pódium como ganadora, la entidad regulatoria revisa su rendimiento sobre cada uno de los obstáculos, y se asegura que efectivamente se generará un beneficio importante para la población con respecto a los tratamientos ya existentes.

 

Llegando a la meta: Autorización Sanitaria y Comercialización

Solo cuando COFEPRIS acepta la solicitud, la meta programada será alcanzada y el medicamento, después de 15 o 20 años de recorrido venciendo obstáculos, es que puede ser llevado finalmente del laboratorio a los anaqueles de una farmacia.

Como dato curioso, aún después de que el medicamento está a la venta en farmacias, COFEPRIS se encarga de vigilar constantemente a través de programas de FARMACOVIGILANCIA, que su uso no represente un riesgo para tu salud.

 

Lage, A. (2011). Desarrollo farmacéutico global y acceso a medicamentos: Temas críticos de ética y equidad. MEDICC Review, 13(3):1-8.

https://www.medigraphic.com/pdfs/medicreview/mrw-2011/mrw113d.pdf

Debesa-García, F. (2006). El farmacéutico y la salud pública. Revista Cubana de Farmacia, 40(1):1-12. http://scielo.sld.cu/pdf/far/v40n1/far11106.pdf

García, M.P. (2009). La industria farmacéutica en México. Bol. Soc. Quím. Méx, 3(1):30-31.

http://bsqm.org.mx/pdf-boletines/V3/N1/06-Maricela%20Plascencia%20Garcia.pdf

 

Erika Sosa Martínez, egresada de la licenciatura en Químico-Farmacobiología de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.

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Martha Estrella García Pérez,  Doctora en Farmacia y Profesor-investigador Asociado “C” del Instituto de Investigaciones Químico-Biológicas, de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.

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