¿Pensar en exceso es nocivo para la salud?

Escrito por Karina Salud Montoya Pérez

Sin duda nos sentimos muy orgullosos de distinguirnos de las demás especies animales por nuestra capacidad para pensar. ¿Cuántas veces hemos escuchado que es necesario pensar antes de actuar para cometer menos errores?, incluso podemos excusarnos de alguna conducta no apropiada diciendo que sucedió sin pensarlo. ¿Qué decir de los magníficos descubrimientos que ha hecho el hombre a partir de su pensamiento superior y complejo?, éste ha sido la puerta para mejorar la calidad de vida de las personas y también, lamentablemente, para crear aquello que ha ocasionado las devastaciones más atroces tanto para la naturaleza como para la humanidad.

 

En general, no hay actividad que emprendamos que pueda prescindir de nuestro pensamiento.

Nos relacionamos con nuestro entorno a partir de él y, todo lo que hemos aprendido sobre nosotros, sobre los demás y sobre nuestra propia existencia se encuentra permeando la forma en la pensamos y también la manera en la que actuamos.

Resulta que cuando enfrentamos alguna situación inesperada que nos requiere adaptarnos lo más pronto posible, dígase un sismo, una tormenta de mucha intensidad, un accidente de cualquier índole, el fallecimiento de alguien, etc., lo primero que utilizamos para responder a esta circunstancia es nuestro pensamiento.

 

Pensar es la manera en la que podemos tratar de dar sentido a lo que está ocurriendo y también poner en marcha alguna estrategia para afrontar lo sucedido.

Posiblemente no seamos conscientes de cómo el pensamiento interviene en estos procesos y tampoco de cómo influye en la manera en que experimentamos lo que nos rodea, sin embargo, sí sabemos que no todos pensamos de la misma manera, aunque de pronto quisiéramos que fuera así, y también sabemos que una decisión bien pensada es lo mejor. Pero, ¿qué hay de cuando llegamos a decir que alguien está muy pensativo o completamente abstraído en sus pensamientos? concluimos entonces que piensa demasiado las cosas y que eso le impide relacionarse con los demás o tomar decisiones.

Afortunadamente, ya hubo quien se encargara de “pensar” al respecto e iniciara investigaciones para conocer el efecto que tiene la manera en la que procesamos la información que recibimos del entorno, sobre las emociones que experimentamos, el tipo de pensamientos que tenemos y las acciones que llevamos a cabo. Efectivamente, Albert Ellis y Aaron T. Beck con sus estudios pioneros a principios de la década de los 60’s, encontraron que había una relación: la forma en la que respondemos a un evento está influida por cómo lo percibimos.

Esto suena alentador en muchos sentidos, bajo este principio, es probable que, si mantenemos un pensamiento optimista, difícilmente sentiremos que las situaciones nos sobrepasan o nos sentiremos abatidos. Sin embargo, ¿podemos lograrlo con solo proponérnoslo?, es posible que ni siquiera tengamos consciencia aún de cómo solemos responder ante las dificultades y, sobre todo, no nos hemos percatado todavía del efecto que esta respuesta tiene en nuestro estado de ánimo.

Para poder hacer uso cabal de la información que estas investigaciones han reportado, es necesario que sepamos un poco más sobre los estilos de respuesta a la aflicción.

Susan Nolen-Hoeksema, investigadora de la Universidad de Yale, ha dedicado la mayoría de sus estudios a este tema. Desde 1991 ella y su equipo plantearon una teoría en la que proponen que básicamente hay dos formas de responder a las situaciones que causan aflicción: 1) distracción y 2) rumiación. La primera supone que ponemos nuestra atención fuera de los sentimientos displacenteros y pensamos en actividades que nos causan placer. Por el contrario, la rumiación implica centrar la atención de manera repetitiva y pasiva en lo mal que nos sentimos, las causas y consecuencias sin pensar en hacer algo para cambiar las circunstancias.

Una de las primeras aplicaciones importantes que ha tenido esta teoría es en el campo de los trastornos del estado de ánimo, concretamente en la depresión. A través de diversos estudios se sabe que la rumiación es un proceso cognitivo que exacerba y mantiene los síntomas de este trastorno y contribuye negativamente en las enfermedades crónico degenerativas en las que aparecen también síntomas depresivos. Esto se debe a que al iniciar un ciclo crónico de rumiación, las personas se ven a sí mismas y a su entorno de manera negativa, por lo que no inician estrategias para encontrar soluciones, esto puede ocasionar aún más malestar y eventualmente, terminan ahuyentando a las personas que los rodean, incrementando su grado de aflicción.

De hecho, se ha encontrado que el pensamiento rumiativo está presente en otros padecimientos además de la depresión y la ansiedad, entre los cuales están los trastornos alimentarios, como la bulimia y la anorexia. Por esta razón, el disminuir los niveles de rumiación en las personas que tienden a hacerlo y, en aquellas con depresión y ansiedad, se ha convertido en uno de los objetivos fundamentales para la prevención de estos padecimientos y también para su tratamiento.

Actualmente, existen intervenciones psicológicas dirigidas específicamente a disminuir los niveles de rumiación y, en muchos casos han resultado efectivas. Algunos ejercicios simples recomendados por Susan Nolen-Hoeksema, para interrumpir el pensamiento rumiativo son, distraernos en algo que nos resulte agradable, incluso por pocos minutos, otra opción es dar un paseo o cambiar de actividad por algo placentero, y si no es posible hacer esto, utilizar una palabra o frase en nuestra mente para detener el pensamiento rumiativo. 

De igual manera, es justo comentar que, no todas las formas de atención en sí mismo tienen un efecto perjudicial. Una elevada auto conciencia, ha sido admirada y buscada en la mayoría de las culturas desde tiempos inmemorables y, lo sigue siendo hasta nuestros días. De alguna manera estamos convencidos que lo que verdaderamente nos hará sentirnos más satisfechos con nosotros mismos, es llevar a altos niveles la capacidad de vernos a nosotros mismos, de definir nuestras experiencias, de comprender nuestras reacciones, de descifrar nuestra existencia en todos los aspectos posibles y, de modificar lo que no nos permite encontrar esa satisfacción. Sería muy difícil lograr todo esto sin tener conciencia de nuestra consciencia y, precisamente, para interrumpir los pensamientos rumiativos, el primer paso es darnos cuenta que hemos caído en él.

Es así que, al tratar de responder si pensar en exceso es nocivo para la salud, tendríamos que decir que sí, si se hace de manera rumiativa.

 

Parece que, como sucede en muchos casos, es importante hacer las cosas con moderación y no en exceso, incluido pensar.

Para Saber Más:

Nolen-Hoeksema, S. y Morrow, J. (1991). A prospective study of depression and posttraumatic stress symptoms after a natural disaster; the Loma Prieta earthquake. Journal of Personality and Social Psychology, 61:115-121.  https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/1890582

Nolen-Hoeksema, S. (1991). Responses to depression and their effects on the duration of depressive episodes. Journal of Abnormal Psychology, 100:569-582.  https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/1757671

Nolen-Hoeksema, S. (2013). Mujeres que piensan demasiado. Ediciones Paidós. 312 p.

 

M. en Psic. Karina Salud Montoya Pérez, Estudiante del Doctorado Interinstitucional en Psicología de la Universidad de Colima.

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