Las bacterias buenas de nuestro cuerpo

Escrito por Cristina Linares Salgado

Alguna vez te has preguntado ¿cuántas batallas enfrenta nuestro cuerpo para poder mantenernos sanos?

El cuerpo humano, cuenta con una serie de barreras de defensa que le permiten mantenerlo íntegro y sano. Dentro de estas barreras se encuentran la piel, las mucosas, el cerumen, los anticuerpos y una cantidad billonaria de bacterias que, le confieren al cuerpo un estado de salud adecuado que le permite librar la batalla contra otros microorganismos que pueden llegar a alterar su estado de equilibrio.

Existe una gran cantidad de bacterias buenas que se encuentran en el cuerpo de forma natural, éstas son en conjunto, lo que conocemos como microbiota, anteriormente denominada flora bacteriana; sin embargo, existen otras que, por lo regular no forman parte de él, y cuando llegan a instalarse pueden alterar el estado de salud del individuo, desencadenando un evento de infección o incluso la muerte. Por ello, podríamos decir que son malas, al ocasionarnos un perjuicio o daño.

 

Pero ¿cómo es que adquirimos estas bacterias buenas en nuestro cuerpo?

Te cuento, al nacer, cuando ocurre el paso del bebé a través del canal del parto, éste tiene su primer contacto con la piel de su mamá, de forma que las bacterias de ella se instalan también en su hijo, comenzando a colonizar la orofaringe y la piel. De igual forma, durante la lactancia, cuando la mamá amamanta a su bebé, hay un contacto piel con piel entre ambos y las bacterias de la madre son transmitidas una vez más a su bebé.

En la medida que vamos creciendo, seguimos expuestos a bacterias que se encuentran en todas partes (en la mesa que tocamos, cuando saludamos a otra persona, en el estornudo de alguien, en el baño, en la manija de la puerta que abrimos, en el teléfono público, en el elevador, hasta el teléfono móvil que usamos). Sin embargo, no todas tienen factores de virulencia, es decir, que puedan ocasionarnos un daño. Por tal razón, algunas de ellas se pueden instalar en nosotros de manera transitoria, cuando sólo es un breve tiempo o de manera residente, cuando permanecen largos períodos en nosotros.

 

Entonces ¿por qué hay personas que aun estando en contacto con bacterias malas no se enferman?

En este caso pueden ocurrir dos situaciones:

 

1. La persona que está en contacto con la bacteria que causa daño, tiene mecanismos de defensa sumamente eficientes, de manera que cuando la bacteria mala intenta instalarse, no se puede adherir; también puede suceder que las toxinas de las bacterias buenas la maten o puede pasar que la bacteria mala sea “comida” por células blancas de la sangre que, precisamente están especializadas para “atacar” a microorganismos malos. Es realmente sorprende la “escolta” de células que de manera natural nos protegen de los microorganismos malos.

 

2. En otras ocasiones, cuando el individuo se enfrenta a bacterias malas se puede llegar a dar un estado “amistoso” entre ambos, de manera que la bacteria se adapta a su huésped sin causarle daño y los mecanismos de defensa del huésped tampoco la atacan, de tal forma que la persona puede estar infectada sin presentar ninguna manifestación de enfermedad, a esta condición la llamamos estado de portador.

 

Además de protegernos de bacterias malas ¿qué otras funciones tiene la microbiota?

Además de funciones protectoras, algunas bacterias que se encuentran en el tracto gastrointestinal colaboran en la producción de vitamina B y K, ayudan a fermentar sustancias de difícil digestión, favorecen la producción de anticuerpos, contribuyen a la producción de moco en las células del intestino y evitan de forma indirecta la inflamación del intestino.

 

Entonces ¿en qué partes de nuestro cuerpo podemos encontrar estas bacterias buenas?

De manera natural, las podemos encontrar en la piel, la saliva, la boca, la placa dental, la uretra, la vagina, el estómago, el intestino delgado, el intestino grueso, el oído externo y la nariz. Es importante resaltar que dependiendo del sitio anatómico, dependerá el tipo de bacterias que encontremos ahí, es decir, las bacterias que tenemos en la boca, por ejemplo, no son las mismas que tenemos en el tracto gastrointestinal, ahora sí que “cada bicho a su nicho”. Son tantos miles de millones de bacterias las que albergan nuestro cuerpo, que si imaginariamente nos las pudiésemos quitar, pesaríamos en promedio dos kilogramos menos del peso que ahora tenemos.

 

 ¿Por qué nos enfermamos, si la microbiota nos protege de las bacterias malas?

A pesar de tener tantos mecanismos de defensa en contra de ataques por bacterias, puede suceder que un día no comiste bien, te desvelaste, te estresaste por un examen o por alguna otra razón y todas estas situaciones condicionaron a tu cuerpo, para ser susceptible de ataque por las bacterias patógenas, de forma que, ellas vieron un campo de fácil ataque en ti, al estar tus defensas débiles. También puede pasar que comiste algo contaminado con una bacteria con factores de virulencia sumamente potentes y además la cantidad que ingeriste de ellas fue muy grande por lo que tu sistema defensa no las pudo matar y desencadenó la infección.

Cuando nos enfermamos a causa de una bacteria patógena ¿qué sucede con la microbiota?

Considerando que una persona se enferma a causa de un agente bacteriano y no puede por sí misma librar esta brecha, es decir, no puede por sus propias defensas matar a la bacteria que le está causando daño, entonces se puede recurrir a tomar un antibiótico. Los antibióticos son sustancias químicas que matan o inhiben el desarrollo de las bacterias; sin embargo, al matar a las bacterias malas también se ven afectadas las bacterias buenas que son parte de nuestra microbiota, ocasionando que éstas disminuyan o en casos en los que el uso de antibióticos es constante, se eliminen completamente, generando más propensión a infecciones, no sólo por bacterias sino también por hongos.

¡Qué ironía! por un lado tratamos de ayudar a nuestro cuerpo con el antibiótico, pero por otro, lo hacemos más susceptible; por ello, para evitar llegar a estos extremos, es recomendable que después de tratamientos antimicrobianos se tomen probióticos que son sustancias que contienen bacterias buenas que ayudan a restablecer la microbiota perdida y de esta manera favorecer la recuperación del estado equilibrio en nuestro cuerpo.

Es importante mencionar que el uso de antibióticos en determinadas circunstancias es bueno, siempre y cuando haya un manejo adecuado de éstos. Sin embargo, a veces la falta de conocimiento o fundamento acerca de las bacterias que forman parte de nuestra microbiota, ocasiona la prescripción de antibióticos innecesarios, que además de favorecer lo mencionado previamente, también induce resistencia bacteriana, es decir, las bacterias malas al ser expuestas a un antibiótico, se ven de cierta forma “retadas” a generar mecanismos que evadan el efecto del antibiótico, de forma que éstas mutan rápidamente para evitar morir haciéndose cada vez más resistentes a los antimicrobianos.

Esto es realmente alarmante, debido a que la velocidad a la que las bacterias generan mecanismos de resistencia, es mucho más rápida que la velocidad a la que la industria farmacéutica genera los antibióticos para matarlas, de hecho, se estima que para el año 2050 no habrá antibiótico efectivo para este tipo de súper bacterias.

Con todo esto podemos concluir que en nuestro cuerpo hay bacterias que nos han acompañado a lo largo de nuestra evolución, y que lejos de causarnos daño, nos brindan grandes beneficios, desde evitar que algunos microorganismos ajenos se instalen en nosotros, hasta favorecer procesos digestivos. Por ello, es de suma importancia cuidar nuestra microbiota y evitar que disminuya, o peor aún, se pierda totalmente cuando hacemos uso indiscriminado de antimicrobianos o de productos de aseo diario; precisamente porque al estar en coexistencia con la microbiota, si se ve afectada, de forma directa también nos afecta a nosotros alterando todos los procesos que la involucran.

 

Para Saber Más: 

Casadevall A. y Pirofski L. (1999). Host-Pathogen Interactions: Redefining the Basic Concepts of Virulence and Pathogenicity. Minireview, 67(8): 3703-3713

http://www.uco.es/intergeneracional/ucobigfiles/tema3.pdf 

Sanz, Y., Santacruz, A. y Dalmau, J. (2009). Influencia de la microbiota intestinal en la obesidad y las alteraciones del metabolismo. Acta Pediátrica Española, 67(9):437-442. 

https://www.humanaalimentar.com.br/custom/308/uploads/pdf/artigoscientificos/Influencia_de_la_microbiota_intestinal_na_obesidade_e_alteracoes_metabolicas.pdf

 

Cristina Linares Salgado, Químico Farmacobióloga egresada de la UMSNH, actualmente estudiante de la Maestría en Ciencias de la Salud de la División de Estudios de Posgrado de la Facultad de Ciencias Médicas y Biológicas “Dr. Ignacio Chávez” de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.

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