¿Existen los desastres naturales?

Escrito por María del Carmen Carreón Nieto

Este artículo está dirigido para que los lectores se percaten de que el uso del término desastres naturales, es una práctica inadecuada que nos lleva a considerar que, como sociedad, no podemos hacer nada para prevenir el impacto de los fenómenos naturales extraordinarios sobre nuestras comunidades. 

De entrada, te revelaremos un dato importante: NO, no existen los desastres naturales. 

Aunque, como ya sabrás, la mayor parte de la población se refiere con este nombre a los fenómenos naturales extremos que azotan a una sociedad (terremotos, tsunamis, inundaciones, tornados, huracanes, erupciones volcánicas, sequías, entre otros), en virtud de los daños que “ocasionan”.

«Quizás ésta no sea la forma más adecuada de denominarlos y a continuación te digo por qué»

Debemos estar conscientes de que la mayor parte de las personas repiten un término que se ha utilizado desde hace miles de años y que ha perdurado también por los medios masivos de comunicación, es decir, la prensa, la radio, la televisión, el cine y, actualmente, el internet. Sin embargo, esta costumbre ha costado a la humanidad millones de vidas y enormes pérdidas económicas a causa de dos razones: la primera por considerar que este término implica que es únicamente la naturaleza quien los produce; y la segunda, que la sociedad no influye en ese proceso.

Un poco de historia acerca del concepto

Tal vez te preguntes: ¿por qué cuando suceden fenómenos naturales extremos decimos que son desastres naturales? Pues bien, esto tiene una explicación muy sencilla que se remonta a las primeras civilizaciones de la humanidad, incluyendo a las de Mesoamérica o México Antiguo. A diferencia de lo que ocurre hoy en día (donde todo se estudia a través de la ciencia y la tecnología), aquellas sociedades entendían a la naturaleza y a todas sus manifestaciones mediante el pensamiento mágico y espiritual.

En la mayoría de las civilizaciones antiguas se creía que el mundo natural era sagrado y en él habitaban dioses, seres mitológicos y criaturas fantásticas que observaban a los hombres, premiándolos o castigándolos según sus acciones. Por esto, cuando la tierra temblaba o en el cielo se vislumbraban relámpagos; cuando llovía poco, caía granizo o había huracanes; y cuando hacía erupción un volcán o se desbordaba un río, se pensaba que alguna de estas divinidades que controlaban a la Madre Naturaleza estaba molesta y, en consecuencia, les enviaba un castigo. Con el cristianismo, la idea de fenómenos meteorológicos como armas de Dios contra los pecados del hombre se mantuvo vigente y hasta el día de hoy aún se puede percibir.

Actualmente existen opiniones y creencias que conciben a la naturaleza como un ser animado con conciencia propia que, “enojada” por el deterioro ambiental ocasionado por el ser humano, está desencadenando fenómenos naturales para aniquilarnos. Pero, aunque esto pareciera un tanto lógico y bastante pesimista, es como afirmar que, si una persona fuma, su cuerpo “se disgustará” y en venganza provocará padecimientos dolorosos.

Lo cierto es que el organismo intentará eliminar las sustancias dañinas del cigarro como un proceso automático y natural, pero si no lo logra, éstas lo contaminarán hasta enfermarlo y posteriormente, si no se cuida, morirá.

 

Entonces, ¿cómo debemos llamarlos?

Simplemente con ese nombre. Te lo explicaremos con un ejemplo: piensa en una enorme erupción volcánica en un planeta lejano, ¿se trataría de un fenómeno natural o de un desastre?, ¿cómo la definirías? Como un fenómeno natural, ¿cierto?, porque, como ya lo indicamos, es un suceso normal dentro del ritmo de la vida de la naturaleza. Ahora imagina esa misma erupción sepultando ciudades enteras y matando a todas las personas que vivían en ellas… en este caso lo denominarías desastre.

En otras palabras, lo que determina que un fenómeno natural extremo se convierta en un desastre es la presencia de grupos humanos en la zona en la que éste ocurre. Así que, aunque aparentemente fue la erupción lo que causó el desastre, no existiría tal si no existieran personas afectadas.

Esto significa que el término desastre natural es, en gran medida, producto de la fundación humana y social de pueblos o ciudades que no toman en cuenta las amenazas que implica habitar en sitios como laderas de volcanes, fallas geológicas, cerca de ríos caudalosos, en zonas de suelos inestables o de huracanes, y que los ponen en riesgo al no prepararse para enfrentarlos.

 

¿Se pueden predecir los Fenómenos Naturales Extremos?

Todos sabemos que el cambio es la única constante de la naturaleza. Comprobarlo es muy fácil, si observamos los fenómenos naturales que suceden con regularidad cada día, mes o año, día-noche, frío-calor, lluvias-sequía, cambios en la vegetación, aumento o disminución en la fuerza de los vientos y de los ríos o las mareas, por ejemplo.

De la misma manera, existen otros que ocurren en escalas de tiempo más amplias (décadas, siglos, milenios) que también son parte del ciclo natural de la vida del planeta. A estos se les conoce como fenómenos naturales extremos, que pueden ser cambios muy bruscos en el clima, terremotos o violentas erupciones volcánicas, etc. Sin embargo, a diferencia de los primeros, que pueden ser un tanto predecibles, los segundos son fenómenos que no se sabe cuándo ni dónde van a ocurrir; por esto, científicos, geólogos, antropólogos, biólogos, climatólogos, ecólogos, hidrólogos, arqueólogos, historiadores, entre otros profesionales, han unido esfuerzos para estudiarlos y comprenderlos.

Como ves, el problema de estos sucesos climáticos es complejo y aunque actualmente existen diversos sistemas de alerta y monitoreo que intentan “predecir” las condiciones climáticas y geológicas, aún están muy lejos de lograrlo. Además, la distancia se acrecienta en la medida que los seres humanos contribuimos a que los fenómenos naturales extremos se vuelvan más peligrosos con acciones perjudiciales como el uso de gases que dañan la atmósfera e incrementan la temperatura en el planeta, la deforestación de selvas y bosques, la desertificación de tierras por la constante quema del suelo con fines agrícolas, la contaminación de los reservorios naturales de agua y, por supuesto, el desarrollo de centros de población en áreas vulnerables.

 

Pero, ¿hay algo que se pueda hacer para evitar los desastres?

Sí, mucho. Ya dijimos que los fenómenos naturales extremos son parte del ciclo de vida de nuestro planeta y que no los podemos evitar, lo que sí podemos hacer es estudiar las condiciones geológicas, meteorológicas e históricas donde se ubican los asentamientos humanos y asegurarnos de que sus habitantes conozcan los riesgos a los que están expuestos, de manera que puedan prepararse para un fenómeno de este tipo. A esto se denomina construir ciudades resilientes a los desastres.


¿Qué son las ciudades resilientes?

Una ciudad resiliente es aquella que:

  • Cuenta con un gobierno e instituciones competentes y responsables para vigilar el proceso de urbanización, atendiendo a los riesgos que existen en el área y que promueven en la población local un plan para prevenir, afrontar y reaccionar ante un desastre.
  • Tiene la capacidad de tomar medidas para anticiparse a éstos y disminuir su impacto mediante el uso de tecnologías de monitoreo y alerta temprana.
  • Implementa medidas para recuperarse rápidamente de él.
  • Se compromete con la reducción del deterioro y contaminación del medio ambiente.
  • Contribuye a la distribución equitativa del ingreso económico de la población, de manera que todos los habitantes cuenten con viviendas resistentes y con todos los servicios.

 

Como individuos ¿podemos realizar acciones que reduzcan los desastres?

¡Claro! de hecho todos tenemos un papel muy importante, te mencionaremos algunas: 

  • Debemos cuidar que este tema se exponga en las aulas y que se realicen actividades escolares sobre este tema, para concientizar a las nuevas generaciones sobre los fenómenos naturales extremos a los que está expuesta nuestra comunidad.
  • Podemos platicar con la gente con la que convivimos para que entiendan que los desastres no son responsabilidad de la naturaleza.
  • Podemos consultar qué se debe hacer en caso de que suceda uno y participar activamente en las propuestas de las instituciones encargadas del cuidado del medio ambiente, no a través de dinero, sino mediante acciones y actitudes que promuevan un desarrollo armonioso con la naturaleza: no tirar basura en las calles y ríos, no contaminar el agua, reciclar, disminuir el consumo de elementos nocivos para el ambiente, cuidar los jardines y árboles.
  • Vigilar que nuestro gobierno haga cumplir las leyes sobre protección y cuidado de las áreas naturales y los mantos acuíferos.

 

Como ves, de nosotros depende que un fenómeno natural extremo se convierta o no en un desastre y ahora sabes que no existen los denominados desastres naturales.

 

Saber más:

Lugo-Hubp, J. (2003). La superficie de la tierra. I. Un vistazo a un mundo cambiante, México: FCE. https://www.gandhi.com.mx/la-superficie-de-la-tierra-i-96bfc9 

García-Acosta, V. (2000). Estudios históricos sobre desastres naturales en México: CIESAS SEP-CONACYT, México, 76 p. (Coordinadora). 

Rodríguez-Estévez, J.M. (2004). Los desastres de origen natural en México: el papel del FONDEN. Estudios Sociales, 12(23):74-96.

http://www.redalyc.org/service/redalyc/downloadPdf/417/41751458004/6

María del Carmen Carreón Nieto, Técnico Académico del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.

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