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La radiación solar: una afectación a la piel

Escrito por Cristian Heber Zepeda-Fernández y Carlos Alfredo López-Téllez

ARTÍCULO

La radiación solar: una afectación a la piel

Cristian Heber Zepeda-Fernández y Carlos Alfredo López-Téllez

 

Resumen

La radiación se define como la emisión y propagación de energía en forma de partículas proveniente de alguna fuente. Una de las fuentes con las que interactuamos diariamente es el Sol, que emite radiación como resultado de las reacciones de fusión nuclear que ocurren en su núcleo. Parte de esta radiación llega a la Tierra en forma de ondas electromagnéticas, compuestas aproximadamente por un 50 % de luz visible, un 45 % de rayos infrarrojos y un 5 % de radiación ultravioleta. Esta última es más energética y, por lo tanto, más dañina. Puede romper cadenas de ADN y aumentar el riesgo de desarrollar cáncer de piel. Para reducir estos riesgos, se recomienda limitar la exposición prolongada al Sol y utilizar protector solar, especialmente entre las 10:00 y las 14:00 horas. En este trabajo se explica la composición de la radiación solar y la interacción con el cuerpo humano.

Palabras clave: ADN, radiación, Sol, UV.

 

RECIBIDO: 13/09/2024; ACEPTADO: 18/03/2025; 

PUBLICADO: 30/04/2026

La radiación solar

La radiación se define como la emisión de energía en forma de partículas u ondas electromagnéticas provenientes de un objeto, denominado fuente radiactiva. Existen elementos de la tabla periódica que presentan radiactividad, como el uranio, el radio o el potasio. La radiación puede modificar las moléculas o la estructura atómica de los objetos; por ejemplo, ciertas fuentes radiactivas pueden dañar el ADN, provocando rupturas que pueden derivar en cáncer. Este proceso no es inmediato, ya que depende de diversos factores, como el tiempo de exposición y la dosis de radiación recibida, entre otros.

No toda la radiación tiene la capacidad de modificar los átomos. Por ejemplo, las lámparas también son fuentes de radiación, puesto que emiten luz visible, que es una forma de onda electromagnética; sin embargo, este tipo de radiación no altera la estructura atómica, aunque una exposición inadecuada puede afectar la vista.

Una fuente de radiación con la que interactuamos diariamente es el Sol, el cual emite energía como resultado de las reacciones de fusión nuclear que ocurren en su núcleo. Parte de esta energía llega a la Tierra en forma de rayos UV, infrarroja y luz visible. La radiación infrarroja está asociada con el calor, mientras que la luz visible corresponde a la franja del espectro electromagnético que permite la visión. Por su parte, los rayos UV son los más energéticos y potencialmente dañinos, ya que pueden causar cáncer de piel y cataratas.

La radiación ultravioleta se clasifica en tres tipos: UVA, UVB y UVC, que se diferencian principalmente por su nivel de energía, siendo los UVC los más peligrosos.

El ozono presente en la atmósfera absorbe la mayor parte de los rayos UV, por lo que la radiación que llega a la superficie de la Tierra está compuesta por un 50 % de luz visible, un 45 % de rayos infrarrojos y el 5 % de rayos UV. Sin embargo, se ha observado un deterioro de la capa de ozono debido a la emisión de diversos gases producidos por actividades humanas, como el uso de aerosoles, los vehículos de combustión, los viajes en avión y los incendios, entre otros.

 

La piel y su exposición a los rayos solares

Diversas actividades cotidianas implican exposición a la radiación solar: niños que juegan al fútbol después de clases, personas que caminan por la calle o trabajadores de la construcción. Entre ellos, quienes laboran en el campo suelen ser los más expuestos; sin embargo, puede ocurrir que algunas personas desarrollen problemas en la piel mientras que otras, aun con exposiciones similares o mayores, no presenten daños.

El cuerpo humano es un sistema complejo que requiere energía para funcionar, la cual obtiene principalmente de los alimentos. La piel, el órgano más grande del cuerpo, cumple funciones esenciales, como proteger al organismo frente a microorganismos y regular la temperatura. Una alimentación equilibrada contribuye a su salud: alimentos como el aguacate, el tomate, el salmón, el kiwi, el yogur, las naranjas y el consumo adecuado de agua aportan nutrientes importantes que ayudan a nutrir la piel.

Dado que la piel es el órgano más expuesto a la radiación solar, ciertos alimentos pueden contribuir a su protección, como el té verde, diversas verduras, la sandía y el agua. En este sentido, la alimentación juega un papel relevante en el cuidado de la piel. No obstante, factores como la genética también influyen en la forma en que la piel responde a la exposición solar.

 

La piel y los rayos infrarrojos

Cuando un objeto se coloca cerca de una fuente de luz, como un foco, comienza a calentarse debido a la energía térmica que esta emite. Este efecto ocurre porque el objeto absorbe la energía que se propaga en forma de rayos infrarrojos. De manera similar, durante el día, superficies como banquetas, calles o automóviles están expuestas a la radiación térmica del Sol; al absorberla, incrementan su temperatura y, si la exposición es prolongada, pueden sufrir daños.

En el caso del cuerpo humano, la piel es la encargada de absorber parte de esta radiación, lo que provoca un aumento en la temperatura corporal. Este efecto puede resultar peligroso, ya que el organismo requiere mantenerse en un rango aproximado de entre 36.5 °C y 37 °C para funcionar adecuadamente. Cuando la temperatura corporal supera este rango debido a la exposición a la radiación infrarroja, pueden presentarse complicaciones como el «golpe de calor», que en casos severos puede provocar desmayos.

 

El ADN y la radiación UV

El ADN (ácido desoxirribonucleico) es una molécula presente en el interior de las células que almacena la información genética necesaria para el desarrollo y funcionamiento de los organismos. La mitosis, por su parte, es el proceso más común de división celular y resulta fundamental para la vida.

Cuando el ADN de una célula sufre modificaciones, estas pueden transmitirse a las células hijas durante la división celular. Si este proceso ocurre de manera descontrolada y supera la capacidad de reparación del organismo, puede dar lugar al desarrollo de cáncer; a este fenómeno se le conoce como proliferación. En términos generales, no existe una única causa para el crecimiento de células cancerosas; sin embargo, se han identificado diversos factores de riesgo, como el consumo de tabaco, la exposición a fuentes radiactivas y la radiación solar.

La radiación solar puede interactuar directamente con el ADN. En particular, los rayos UV tienen la capacidad de provocar daños en esta molécula, como rupturas en su estructura, lo que puede desencadenar la aparición y proliferación de células cancerosas. No obstante, este proceso es probabilístico y depende de múltiples factores, entre ellos la predisposición genética, la alimentación y el tiempo de exposición. Incluso, en muchos casos, la radiación puede no interactuar con el ADN debido a las dimensiones tan pequeñas.

 

El tiempo de exposición solar

Cuando la radiación solar no alcanza niveles elevados de energía para el organismo, la exposición al Sol puede resultar beneficiosa, por lo que es importante conocer los periodos en los que esta exposición es más segura. Comúnmente, se afirma que a las doce del día se recibe la mayor cantidad de radiación solar; sin embargo, el máximo de radiación ocurre a lo largo de un intervalo de tiempo y no en una hora exacta. Entre las 10:00 a.m. y las 2:00 p.m. se recibe aproximadamente el 60 % de la energía térmica total del día, y es durante este periodo cuando la luz ultravioleta se presenta en mayores proporciones en comparación con el resto de la jornada.

Este patrón también varía a lo largo del año: durante el invierno se recibe una menor cantidad de energía solar que en verano, por lo que la exposición suele ser menos intensa y, en general, menos riesgosa.

Algunas medidas de precaución al exponerse al Sol, especialmente entre las 10:00 a.m. y las 2:00 p.m., incluyen el uso de protector solar, gorra, así como ropa que cubra la piel, como camisas de manga larga y pantalones. Asimismo, se recomienda permanecer en la sombra o resguardarse en interiores. Aun así, parte de los rayos UV puede penetrar ventanas, paredes y techos de los edificios, por lo que el uso de protector solar también se recomienda en espacios cerrados, como casa, trabajo o escuela.

Mantener una alimentación equilibrada —rica en frutas y verduras—, una adecuada hidratación, el uso de ropa protectora y la aplicación de protector solar son medidas que contribuyen a prevenir daños en la piel y otros efectos asociados a la exposición solar. El tiempo de exposición también es un factor clave. En este sentido, la exposición al Sol no es perjudicial si se realiza con las precauciones adecuadas.

 

Recuerda: el Sol es fundamental para la vida en la Tierra.

Cristian Heber Zepeda-Fernández. Investigador por México, SECIHTI, Facultad de Ciencias Físico Matemáticas, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

Carlos Alfredo López-Téllez. Estudiante de licenciatura, Facultad de Ciencias Físico Matemáticas, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

División de Salud del Ejército-Divsal. (sin fecha). Cuidados cuando nos exponemos a la Radiación UV. https://www.youtube.com/watch?v=5zk0vlO1FCM

 

Mutual de Seguridad CChC. (sin fecha). Video radiación ultravioleta de origen solar. https://www.youtube.com/watch?v=k84XK2Ihmb8

 

TikTak Draw. (sin fecha). ¿Qué es la radiación? | Draw My Life. https://www.youtube.com/watch?v=RYdWPQFaa0A