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Flúor y arsénico en el agua: el enemigo invisible de tu salud

Escrito por Claudia Ivette Gamboa-Gómez y Cynthia Paola Castillo-López

ARTÍCULO

 

Flúor y arsénico en el agua: el enemigo invisible de tu salud

Claudia Ivette Gamboa-Gómez y Cynthia Paola Castillo-López

 

 

Resumen

El arsénico y el flúor son contaminantes ambientales presentes en el agua, los suelos y los alimentos, derivados tanto de actividades industriales y agrícolas como de procesos naturales. El arsénico destaca por su elevada toxicidad y su carácter carcinogénico, ya que se ha asociado con cáncer de piel, vejiga y pulmón, además de alteraciones cardiovasculares y neurológicas. Por su parte, el flúor, cuando se encuentra en concentraciones excesivas, puede provocar fluorosis dental y esquelética, así como afectar la salud ósea, dental y reproductiva. La exposición conjunta a estos contaminantes puede potenciar sus efectos nocivos, comprometer el desarrollo cognitivo y aumentar el riesgo de enfermedades crónicas. En México, la exposición crónica a estas sustancias representa un importante desafío para la salud pública, lo que hace necesario fortalecer el control regulatorio, mejorar los sistemas de tratamiento del agua y promover estrategias preventivas a nivel comunitario.

Palabras clave: Agua, arsénico, flúor, prevención.

 

RECIBIDO: 10/07/2024; ACEPTADO: 13/03/2025:
PUBLICADO:30/04/2026

 

Arsénico

El arsénico (As) es un metaloide ampliamente distribuido en el ambiente, presente en el aire, el agua y el suelo, y constituye aproximadamente el 0.0005 % de la corteza terrestre. Aunque una parte del arsénico proviene de procesos naturales, como la erosión de rocas y las erupciones volcánicas, una proporción importante es resultado de actividades humanas, entre ellas la minería, la fundición de metales y el uso de pesticidas y conservantes de madera. En la naturaleza, el arsénico se encuentra principalmente en dos formas inorgánicas: arsenito (AsIII) y arsenato (AsV). Estos compuestos se eliminan del organismo humano principalmente a través de la orina y suelen utilizarse como biomarcadores de exposición al arsénico. El AsV es la forma más frecuente en el ambiente, presente en agua, suelos, plantas, algas y animales, mientras que el AsIII, aunque menos común, se considera más tóxico.

El As es conocido como un agente carcinogénico importante, particularmente asociado con el cáncer de piel, y también puede provocar daños en órganos como los riñones, el hígado, la vejiga y los pulmones. Además, se ha observado que afecta la reproducción masculina al interferir con la producción de esperma y reducir los niveles de testosterona y de enzimas testiculares. Los efectos del As en el organismo humano también se relacionan con alteraciones en el hipotálamo y en el cerebro, lo que puede generar desregulación hormonal y disminuir la producción de espermatozoides. Algunos estudios han demostrado que niveles elevados de arsénico se asocian con una mayor probabilidad de presentar concentraciones bajas de hormona luteinizante (LH), incluso después de ajustar variables como la edad, el índice de masa corporal (IMC) y el tabaquismo.

Las principales vías de exposición al As en la población incluyen el consumo de agua y alimentos contaminados. Asimismo, este elemento puede liberarse al aire durante la quema de carbón y estar presente en determinados entornos laborales, como fundiciones de vidrio, industrias de semiconductores, así como en actividades relacionadas con plaguicidas y conservantes de madera.

En relación con el agua, especialmente la subterránea, se han registrado concentraciones de As que pueden alcanzar hasta 1 mg/L. Los problemas más graves asociados con la presencia de As en el agua se han documentado en países como Argentina, Canadá, Chile, Hungría, Italia, México, Pakistán y Vietnam. Sin embargo, regiones como India, Bangladesh, China y Taiwán enfrentan desafíos aún mayores debido a la contaminación por este elemento.

En México, particularmente en la región centro-norte del país, la contaminación por As ha sido un problema persistente debido a su amplia distribución geográfica y al gran número de personas afectadas. Esta situación representa una preocupación relevante para la salud pública, especialmente en estados como Durango, Coahuila, Zacatecas, Morelos, Aguascalientes, Chihuahua, Puebla, Nuevo León, Guanajuato, San Luis Potosí y Sonora, donde los niveles de As en el agua superan los límites establecidos por la normativa mexicana (0.025 mg/L). Se estima que alrededor de 450 000 personas están expuestas a estas condiciones, lo que puede provocar envenenamiento crónico por As y afectar tanto a los humanos como a los animales.

 

Flúor

El flúor (F) es un elemento químico altamente reactivo que en la naturaleza se encuentra principalmente en forma de ion fluoruro (F⁻). La principal fuente de consumo diario de F⁻ proviene del agua potable, especialmente del agua subterránea. Además, puede encontrarse en alimentos como la cebada, el arroz, el taro, el ñame y la yuca, así como en emisiones industriales, mariscos, té, pasta dental y algunos pesticidas.

En pequeñas cantidades, el F⁻ resulta beneficioso para el desarrollo y la salud de los dientes y los huesos. Sin embargo, una ingesta excesiva puede provocar efectos adversos en diversos tejidos y órganos, incluidos los huesos, los dientes, el hígado, los riñones, los intestinos y los órganos reproductores masculinos. El F⁻ ingerido se absorbe fácilmente en el organismo y puede afectar negativamente a los espermatozoides al interferir con procesos esenciales para su funcionamiento. Asimismo, se ha observado que puede alterar la producción de hormonas sexuales, como la testosterona y el estradiol.

El consumo excesivo de F⁻ también puede reducir el tamaño de los túbulos en los testículos, provocando desorganización en las células responsables de la reproducción. Esta alteración puede afectar la maduración y diferenciación de las células espermáticas, así como la producción de hormonas sexuales.

En México, la concentración de F⁻ en el agua subterránea varía considerablemente, desde 0.001 mg/L hasta 25 mg/L. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que el nivel máximo de F⁻ en el agua potable sea de 1.2 mg/L. Las concentraciones más elevadas se encuentran principalmente en los estados del centro, norte, noroeste y parte del noreste del país, donde muchas personas presentan fluorosis dental y esquelética como consecuencia de la elevada presencia de F⁻ en el agua.

 

Exposición al As y al F⁻

La exposición crónica al As y al F⁻ puede originarse a partir de diversas fuentes ambientales y representar un riesgo significativo para la salud humana. Estos contaminantes suelen encontrarse simultáneamente en el ambiente y pueden ingresar al organismo por múltiples vías de exposición. Por ejemplo, el As está frecuentemente presente en agua potable contaminada debido a descargas industriales, prácticas agrícolas y procesos geológicos naturales. Por su parte, el F⁻ puede incorporarse al agua a partir de depósitos minerales naturales o como resultado de actividades humanas, como la minería y ciertos procesos industriales.

Ambos contaminantes pueden acumularse en el organismo a través del consumo de agua y alimentos cultivados en suelos contaminados. Asimismo, pueden ser inhalados cuando se encuentran suspendidos en el aire, por ejemplo, durante la quema de carbón o en procesos industriales relacionados con la fabricación de productos químicos. La exposición simultánea a As y F⁻ incrementa el riesgo de efectos adversos para la salud, ya que puede afectar diversos sistemas y órganos del cuerpo humano.

Los primeros signos de exposición prolongada a niveles elevados de As inorgánico suelen manifestarse en la piel. Entre estos síntomas se encuentran alteraciones en la pigmentación, lesiones cutáneas y el engrosamiento y endurecimiento de las palmas de las manos y las plantas de los pies. Estos efectos pueden aparecer tras varios años de exposición continua, generalmente después de aproximadamente cinco años, y pueden representar señales tempranas de un mayor riesgo de desarrollar cáncer de piel.

En los niños, la exposición crónica a este contaminante puede interferir con el desarrollo neurológico y cognitivo, afectando procesos como la actividad motora y el aprendizaje. Asimismo, se ha asociado con resultados adversos durante el embarazo y con un aumento en las tasas de mortalidad infantil, lo que puede tener repercusiones en la salud a lo largo de la vida.

La exposición durante el periodo prenatal y en la primera infancia también se ha relacionado con un mayor riesgo de mortalidad en adultos jóvenes, debido a enfermedades como distintos tipos de cáncer, afecciones pulmonares, ataques cardíacos e insuficiencia renal. Diversos estudios han documentado además efectos negativos del As sobre el desarrollo cognitivo, incluyendo disminución en la inteligencia y la memoria.

Además, ambos elementos han sido asociados con efectos perjudiciales en el sistema reproductivo masculino; sin embargo, aún se requiere mayor investigación para comprender plenamente los efectos de su exposición conjunta sobre la calidad del semen en hombres en edad reproductiva.

En México, donde las concentraciones de As y F⁻ en el agua potable con frecuencia superan los límites recomendados, este problema representa un importante desafío para la salud pública. Para mitigar estos riesgos, es fundamental implementar estrategias eficaces de monitoreo y control de la calidad del agua, así como fortalecer la infraestructura destinada a su tratamiento.

Asimismo, promover el uso de filtros domésticos adecuados y educar a la población sobre los riesgos asociados con el consumo de agua contaminada son medidas clave para reducir la exposición a estos contaminantes. De igual manera, es necesario establecer y reforzar políticas regulatorias que limiten las fuentes industriales y agrícolas de contaminación por As y F⁻, además de fomentar la investigación continua que permita comprender mejor sus efectos y desarrollar estrategias preventivas más eficaces.

 

Claudia Ivette Gamboa-Gómez. Investigadora titular, Unidad de Investigación Biomédica del Instituto Mexicano del Seguro Social. Durango, México. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

Cynthia Paola Castillo-López. Estudiante de medicina, Unidad de Investigación Biomédica del Instituto Mexicano del Seguro Social. Durango, México. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

 

Abernathy C.O., Liu Y.P., Longfellow D., Aposhian H.V., Beck B., Fowler B., Goyer R., Menzer R., Rossman T., Thompson C. y Waalkes M. (1999). Arsenic: health effects, mechanisms of actions, and research issues. Environmental health perspectives, 107(7), 593-597. https://doi.org/10.1289/ehp.99107593

 

Alarcón-Herrera M.T., Martín-Domínguez A. y Martín-Domínguez I.R. (2013), Flúor y arsénico en agua de consumo humano: retos y perspectivas. López-Carrasco M., Ed., RETAC. Centro de Investigación en Materiales Avanzados. Chihuahua. 94 p. https://cimav.repositorioinstitucional.mx/jspui/bitstream/1004/1055/1/Libro%20ISBN-FLÚOR%20Y%20ARSÉNICO%20EN%20AGUA%20DE%20CONSUMO%20HUMANO%2C%20RETOS%20Y%20PERSPECTIVAS.pdf

 

OMS. (2022, 7 de diciembre). Arsénico. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/arsenic