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Microbiota intestinal y anorexia: ¿una conexión inesperada?

Escrito por Edson Everardo Maqueda-Cabrera y Misael Horacio Silva-Juárez

ARTÍCULO

 

Microbiota intestinal y anorexia: ¿una conexión inesperada?

Edson Everardo Maqueda-Cabrera y Misael Horacio Silva-Juárez

 

Resumen

Desde el punto de vista nutricional, la anorexia es un trastorno de la conducta alimentaria caracterizado por bajo peso y complicaciones físicas y psicológicas. En años recientes se ha estudiado la microbiota intestinal en pacientes con este padecimiento, encontrándose alteraciones en su composición y actividad, así como una relación con el trastorno. Del mismo modo, se ha propuesto el uso de probióticos como parte del tratamiento integral de esta afección.

Palabras clave: Anorexia, depresión, microbiota, prebióticos, probióticos.

 

RECIBIDO: 11/09/2024; ACEPTADO: 18/03/2025; 

PUBLICADO: 30/04/2026

 

¿Qué es la anorexia nerviosa?

La anorexia nerviosa es un trastorno de la alimentación caracterizado por una notable pérdida de peso autoinducida, atribuida a la alteración en la percepción del propio esquema corporal. No existe una causa única para este padecimiento, pero se ha asociado mayormente a estados de ansiedad y depresión. Este desorden alimenticio tiene consecuencias graves, determinadas por el grado de desnutrición y la cronicidad, factores que también condicionan el nivel de afectación de los órganos del cuerpo, los cuales se verán comprometidos en mayor o menor medida.

 

¿Qué es la microbiota?

La microbiota se define como la diversidad de microorganismos vivos que residen en el organismo y cumplen funciones importantes en los órganos y sistemas donde se encuentran. Estudios recientes la consideran un órgano adicional, dado que participa en procesos fisiológicos esenciales, como la protección frente a agentes patógenos y la descomposición de nutrientes complejos de la dieta. En consecuencia, la microbiota intestinal interactúa con otros órganos y sistemas, favoreciendo la protección del organismo y la optimización del aprovechamiento de nutrientes. Aunque la microbiota es individual, su alteración por múltiples factores puede influir en el desarrollo y curso de diversas patologías, incluyendo aquellas relacionadas con la salud mental, afectando la regulación del apetito, el comportamiento y las emociones.

Relación entre la microbiota intestinal y la anorexia

En la anorexia, la disminución en la ingesta de alimentos y nutrientes provoca cambios en la microbiota comparada con personas sanas. A este desequilibrio en los microorganismos —ya sea en su composición, actividad o distribución— se le denomina disbiosis, y es responsable de alteraciones fisiológicas que pueden observarse en diferentes órganos (Figura 1).

Se ha reportado que los pacientes con anorexia presentan un aumento de enterobacterias, microorganismos asociados con inflamación intestinal, que provocan la disminución de otras bacterias del grupo Firmicutes —como Ruminococcus, Roseburia y Clostridium— encargadas de la fermentación de carbohidratos, un tipo de nutriente que adquirimos de los alimentos y nos brinda energía. Esta disminución se traduce en menor producción de butirato, un ácido graso de cadena corta implicado en la regulación de la saciedad y en el control de los niveles de glucosa y colesterol.

 

Efectos adversos y consecuencias

Los ácidos grasos son moléculas pequeñas que funcionan como fuente de energía para las células intestinales (enterocitos) y ayudan a mantener la integridad de la barrera intestinal, reduciendo el riesgo de infecciones por agentes patógenos. Cuando existe disbiosis (modificación en la proporción de microorganismos), la función intestinal se ve alterada, generando irritación, inflamación y malestar general (Figura 2). En casos crónicos, esta condición prolonga la inflamación y la permeabilidad intestinal, lo que facilita que bacterias patógenas o sus toxinas ingresen al torrente sanguíneo, provocando complicaciones más difíciles de tratar. Un ejemplo es el sulfato de indoxilo, producido por especies de Clostridium, relacionado con daño renal y vascular, y que puede inducir ansiedad o depresión.

Asimismo, la microbiota interactúa con los distintos órganos, aparatos y sistemas del cuerpo, incluido el sistema nervioso. Las bacterias intestinales participan en la síntesis de precursores de neurotransmisores —sustancias que permiten la transmisión de información entre neuronas—, como la dopamina y la serotonina, ambos implicados en la regulación del estado de ánimo.

Al alterarse la microbiota, se modifican también las sustancias que estos microorganismos producen y, por lo tanto, las funciones que cumplen. La disminución de estas sustancias puede manifestarse en cambios en el estado de ánimo, como mal humor, ansiedad e incluso depresión. Esto establece una relación entre la anorexia y la depresión, generando un círculo vicioso: la depresión puede contribuir al desarrollo de la anorexia, mientras que la perturbación de la microbiota, causada por la ingesta insuficiente de alimentos de calidad, reduce la producción de neurotransmisores, lo que a su vez potencia la depresión (Figura 3).

Asimismo, la microbiota intestinal influye en el control del apetito mediante la regulación de hormonas que modulan la sensación de hambre y saciedad. Por ejemplo, las bacterias intestinales poseen lipopolisacáridos (LPS) en su membrana, moléculas complejas capaces de activar receptores específicos que afectan la liberación de hormonas como la colecistoquinina. Esta hormona gastrointestinal estimula la secreción de bilis y de enzimas pancreáticas necesarias para la digestión de grasas, y además actúa como señal de saciedad, enviando información al cerebro sobre el llenado del estómago y el cese de la ingesta. En condiciones de disbiosis, la producción de estas hormonas se altera, lo que provoca cambios en el apetito. En pacientes con anorexia crónica, este desequilibrio contribuye a la sensación de saciedad excesiva y al mantenimiento de la restricción alimentaria.

De este modo, la microbiota intestinal no solo actúa localmente en el intestino, sino que también tiene efectos a distancia, influyendo en el cerebro y en el comportamiento alimentario.

 

Opciones de tratamiento

Aunque la anorexia nerviosa es un trastorno multifactorial, se ha propuesto el uso de probióticos y prebióticos como complemento terapéutico. Los probióticos son alimentos o suplementos que contienen microorganismos vivos benéficos para la digestión intestinal, mientras que los prebióticos aportan nutrientes que favorecen el crecimiento y la función adecuada de la microbiota. Apoyando esta idea, se ha observado que ciertos microorganismos, como Bifidobacterium spp. y Lactobacillus spp., pueden producir neurotransmisores como la serotonina.

Estos hallazgos muestran el potencial de los probióticos para influir en aspectos neuroquímicos que pueden ser relevantes en el manejo de la anorexia nerviosa y sus implicaciones psicológicas y emocionales. Este enfoque resulta complementario al seguimiento médico y psicológico, dado que no existe un tratamiento exclusivo o estandarizado, y aún se requieren estudios que evalúen los efectos de su administración a largo plazo. Asimismo, es importante considerar que la ingesta insuficiente de alimentos afecta tanto la cantidad como la calidad de la nutrición; por ello, en pacientes en recuperación que no consumen grandes cantidades de comida, la incorporación de suplementos adecuados, como probióticos y prebióticos, constituye una alternativa viable para apoyar su recuperación.

 

Importancia de la salud integral

Resulta sorprendente cómo los microorganismos que habitan nuestro intestino son fundamentales para mantener la salud integral, y cómo su desequilibrio, provocado por la ingesta inadecuada de nutrientes en la anorexia nerviosa, genera un ciclo en el que los factores físicos afectan a los psicológicos y viceversa. No obstante, comprender el papel de la microbiota intestinal en este trastorno permite profundizar en su conocimiento y orientar mejor su abordaje, considerando el uso de probióticos y prebióticos como complemento a los tratamientos actuales.

 

Agradecimientos: A la Dra. Juana Elizabeth Reyes Martínez por su asesoría y a la Dra. Luz Urquieta Ramírez por su 

revisión para llegar a la versión final.

 

Edson Everardo Maqueda-Cabrera. Estudiante del posgrado en Ciencias (Biología), Universidad de Guanajuato. Guanajuato, Gto. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. 

 

Misael Horacio Silva Juárez. Estudiante del posgrado en Ciencias (Biología), Universidad de Guanajuato. Guanajuato, Gto. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

 

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