El cubismo, síntesis intelectual y experiencia del desmoronamiento del tiempo

Escrito por María Guadalupe Matus Ramírez

El inicio de una idea

Repasando los recuerdos de un viaje a Madrid, se me presentaron un par de fotografías del año 2012 que retrataban un breve recorrido por la ciudad. Allí puede verse la sala del Museo Nacional Reina Sofía, en el que se encuentra expuesto el Guernica de Pablo Picasso. Numerosos visitantes pasan horas sentados en el piso de la estancia mirando ese enorme mural en blanco y negro. En el recorrido de la habitación pueden apreciarse los bocetos que realizó Picasso antes de la versión definitiva.

De esa remembranza nació este breve escrito sobre las ideas que se encuentran detrás de la propuesta artística del cubismo de Picasso. Para ello, es preciso remontarse a los orígenes de este movimiento que se sitúan en su obra Las Señoritas de Avignón, pues, además de que cronológicamente se ubican en el periodo en el que Picasso comienza a crear bajo las premisas de este estilo, también inauguran teóricamente una propuesta que, por su novedad, representa un parteaguas en la historia del arte.

A Picasso se le atribuye el papel de máximo exponente de este movimiento, aunque junto a él, es necesario mencionar a Georges Braque y a Juan Gris, entre otros, quienes también representan de manera significativa la obra cubista. El cubismo crea un nuevo lenguaje, despega los objetos de las leyes del espacio y el tiempo para crear una realidad nueva. El cubista juega con las formas hasta estirarlas, fragmentarlas, alargarlas, desmembrarlas y volverlas a unir y, por si fuera poco, puede contemplarlas desde diversos ángulos como si se observaran todos los planos de forma simultánea, porque el cubista se recrea en una materialidad convertida en idea.

 

Cubismo y la resignificación del mundo en una síntesis intelectual

Picasso es contundente sobre el objetivo que se propone con la construcción de su obra: busca una reinterpretación y resignificación de la realidad, pues le interesa tomarla, alargarla, modelarla, recomponerla si es necesario, llevando hasta sus últimas consecuencias una interpretación propia de los objetos, como sucede cuando hace sus variaciones sobre Las Meninas de Diego Velázquez, creando las suyas:

 

Así lo explicaba el propio Picasso a Sabartés ya en 1950 […] «Poco a poco crearía una pintura de Las Meninas que estoy seguro horrorizaría a los especialistas en copiar a los maestros antiguos. No sería Las Meninas que vi cuando miraba al cuadro de Velázquez. Serían mis Meninas» […] Haciendo saltar audazmente a Las Meninas por encima de trescientos años de arte, y mirando no al cuadro original sino a una postal en blanco y negro que conservaba cuidadosamente, Picasso altera el matizado cromatismo de Velázquez, la situación o las proporciones de los personajes, así como su número, y por supuesto, el grado de abstracción y el estilo […] (Jiménez-Blanco, 2008, pp. 527-534).

 

Se puede hablar del cubismo como una síntesis intelectual no solo por la técnica o por las formas propias de este estilo, sino sobre todo por la propuesta conceptual que se deriva de esta vanguardia. El cubismo ubica al espectador en una posición peculiar frente a la obra de arte, suscita una relación no de contemplación entre el público y la obra, sino un idilio en el que prevalece la resignificación, la reconstrucción y la síntesis intelectual. Es decir, el espectador debe comprender la obra, hacerla suya o más aún, crear una nueva, partiendo de los datos que la pintura le brinda a la hora de observarla. La obra cubista es valiosa porque no está vinculada a la naturaleza, no la imita, sino que la reconstruye por medio de su disgregación y su desintegración. Como si se fragmentara en cada una de sus partes, una forma geométrica elaborada gracias al delicado cálculo con el que el artista la imagina, a través de un ejercicio de intelección y desapegado de su forma natural, facilitando su recomposición en la mente del espectador.

El cubismo se convierte en una síntesis intelectual, tanto en el artista como en el espectador, pues a partir del cubismo habrá que «pensar» las obras, no solo experimentarlas. Así, el artista y el público deben liberarse de sus prejuicios para aproximarse al cuadro que se presenta con formas nuevas, con el color y el volumen, la perspectiva y el movimiento que exigen ser recreados en la mente del artista y el espectador. Ya no con una mirada a simple vista.

La creación de la obra para el cubista no es un acontecimiento espontáneo, sino que requiere de un serio proceso de conceptualización, de síntesis entre lo que contemplan sus ojos y lo que su intelecto elabora. Por este motivo, para el cubismo es importante el problema del volumen, del espacio y sobre todo de la línea como el elemento predominante, más aún que el color, porque no importa el colorido natural de las cosas sino la visión sintética de un intelecto que rediseña la realidad como vista a través de un lente.

 

La experiencia de desmoronamiento del tiempo

Al cubismo le importa también el tiempo, como si este se precipitara en un instante, es decir, para el cubismo el pasado, el presente y el futuro pueden percibirse en un solo momento, en una sola obra al mismo tiempo, se trata de una especie de experiencia de simultaneidad, descrita por Gadamer, Ingarden, Dufrenne y Croce como una relación de camaradería en donde el receptor es advertido, en su presente, sobre el sentido del tiempo por la obra de arte que trasciende las leyes de la temporalidad (Castro, 2003, pp. 587-599), como si frente a los ojos del espectador pudieran transcurrir todos los momentos de la figura, todos sus ángulos y dimensiones al mismo tiempo. Esa percepción del tiempo solo está presente en el intelecto, por eso es que se puede decir que el cubismo se trata de una síntesis intelectual entre arte y ciencia.

José Gordon, en su artículo «Universo cubista», establece un paralelismo entre la obra cubista y las paradojas de la relatividad imaginadas y planteadas por Albert Einstein y su amigo Michelangelo Besso, quienes desde el entorno científico y siendo contemporáneos a Picasso, intentan conjeturar cómo podría ser el mundo si uno se montara sobre un rayo de luz, o si viajáramos en un tren que corre a «tiempo luz», es decir, a trescientos mil kilómetros por segundo. Estos experimentos mentales que Einstein realizaba, no eran otra cosa sino aquello que sus contemporáneos cubistas se proponían en el mundo del arte, experimentando como si fuera posible contemplar la realidad desde puntos de vista inimaginables y con la experiencia de la simultaneidad del tiempo y de los planos que distorsionan la realidad que creemos conocer.

La obra cubista produce efectos semejantes a la observación de una figura a través del transcurrir del tiempo, es aquello que algunos denominan experiencia estética, donde la realidad se desmorona o se amontona en el tiempo:

 

Aunque nada hecho de materia puede alcanzar la velocidad de la luz […] Leonard Shlan nos lo pinta de esta manera: Si un tren viajara a la velocidad de la luz (trescientos mil kilómetros por segundos) y desde este observáramos una torre con un reloj que marcara las doce del día, después de un minuto en nuestro reloj de mano, el tiempo del reloj de la torre seguiría siendo el mismo. Paradojas de la relatividad. El pasado y el futuro del tren se vuelven un presente expandido. La torre del reloj y el árbol veinte kilómetros adelante suceden simultáneamente. Este viaje también crearía distorsiones en las formas de los objetos ordinarios tal como se ven a velocidades comunes (Gordon, 2004, pp. 109-110).

 

Una distorsión de este tipo es la que propone el cubismo como si, a través de un ejercicio de imaginación, los ojos pudieran contemplar las leyes de la física.

En conclusión, el cubismo representa la materia y el tiempo logrando una síntesis entre imaginación y geometría. Consigue una conexión peculiar entre la creación artística y las formas en que la ciencia explica la trayectoria de la luz. Así, mientras Einstein piensa en una forma distinta de ver el mundo descifrando sus leyes físicas, Picasso, Braque y Gris, buscan estilos que requieren también una nueva manera de contemplar e imaginar el tiempo y el espacio.

Para Saber Más: 

Gordon J. (2004). Universo Cubista. Revista de la Universidad de México, 9, 109-110. https://www.revistadelauniversidad.mx/articles/46292583-7cd4-400e-bcb3-4866397380f5/universo-cubista

 

Jiménez-Blanco M. (2008). Picasso y la historia. El caso de Las Meninas. Anales de Historia del Arte. Revista Científica Complutense, Volumen Extraordinario, 527-534. https://revistas.ucm.es/index.php/ANHA/article/view/ANHA0808120527A

 

Castro Sixto J. (2003). La temporalidad de la obra de arte. Anuario Filosófico, 36(3), 587-599. https://dadun.unav.edu/bitstream/10171/4401/1/2.%20CASTRO.pdf

 

María Guadalupe Matus Ramírez. Profesora de tiempo completo de la Escuela Nacional de Estudios Superiores, Unidad Morelia, Universidad Nacional Autónoma de México.

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