¿Pertenecer o no pertenecer a un grupo?

Escrito por Omar Bravo Alcocer y Roberto Oropeza Tena

«Ser o no ser»

Una frase muy famosa de William Shakespeare, el dramaturgo inglés, en una escena de su personaje Hamlet Implica no tener certeza ante continuar con la propia vida o concluirla. Quizá la hayas escuchado como ejemplo de una situación donde no se sabe bien qué elegir entre dos alternativas diferentes. En contraste con el dilema existencial que plantea Shakespeare, la cuestión de pertenecer o no a un grupo resulta un poco más fácil de resolver, pues queramos o no, durante nuestra vida seremos parte de más de uno. Así que resuelta desde el inicio la pregunta del título, veamos algunos detalles sobre las desventajas y ventajas de pertenecer a un grupo, porque en muchas ocasiones lo que sí podemos hacer, es elegir a qué grupo pertenecer.

 

Definición de un grupo

Para empezar, ¿qué es un grupo? Según la Real Academia Española es una pluralidad de seres o cosas que forman un conjunto, ya sea material o mentalmente considerado. Así, dos o más personas son un grupo, pero no basta que estén reunidas para que se les considere como tal, ya que es necesario que tengan rasgos en común que lo definan como algo más que la sola suma de sus partes. Cada grupo tiene objetivos propios que dan cierta identidad y los distingue de los demás.

 

¿Cómo se forma un grupo?

En general nos agrupamos de dos formas, de manera natural o intencional. ¿A qué nos referimos con agruparnos de forma natural? A situaciones donde no hay mucha capacidad propia de elegir el grupo, ya sean ambientales, sociales o culturales.

Las situaciones ambientales implican agruparte por la proximidad con otras personas, por ejemplo, la fila de las tortillas o las personas con quienes compartes el trayecto en el transporte público. En este tipo de grupos hay un objetivo que se comparte, pero la interacción social es escasa. Respecto a las situaciones sociales, tienen que ver con estructuras propias de la sociedad. Un ejemplo es el parentesco, tu familia comparte un lazo contigo que no elegiste. En cuanto al entorno cultural, se refiere a las afinidades culturales o deportivas, es como ir a una cancha de basquetbol donde a tu alrededor hay otras personas con quienes compartes el gusto por este deporte, aunque no los conozcas.

Ahora, ¿a qué nos referimos con grupos formados de manera intencional? Estos grupos son a los que decidimos pertenecer, ya sea por atracción entre los integrantes, actividades que realiza el grupo, objetivos o por la sola pertenencia al grupo. La atracción hacia sus integrantes tiene que ver con rasgos compartidos entre los miembros del grupo, como la edad, por ejemplo. Si bien no eliges qué edad tener, es común que elijas reunirte con personas con las que compartes ese rasgo. También nos agrupamos por las actividades que realiza un grupo, por ejemplo, un club de lectura donde te reúnes a compartir tus impresiones sobre un libro específico. Mientras que agruparnos por los objetivos del propio grupo, implica la necesidad de cumplir una meta, como los equipos formados en clases para realizar una tarea o un trabajo escolar. Por último, nos podemos congregar solo por lo agradable que es pertenecer a un grupo, tales como las amistades.

Ya sea de forma natural o intencional, durante tu vida has pertenecido a más de un grupo, en ocasiones sin decidirlo y otras por tu propia elección —quizá es una necesidad humana—, el hecho es que agruparnos es inevitable, pero puede implicar ventajas y desventajas.

 

 ¿Qué desventajas tiene pertenecer a un grupo?

Una primera desventaja es la exposición a la presión social, ya que las personas pueden llegar a realizar conductas contrarias a sus propios valores o afectar su propia integridad. Un escenario típico es cuando dentro de un grupo te invitan insistentemente a fumar un cigarro y puede ser que accedas, aun sabiendo que es perjudicial para la salud. Sin embargo, la presión social no siempre es tan evidente, puede ser sutil; puede ser la contraparte del Aprendizaje Social que mencionaremos más adelante. En ocasiones copiamos voluntariamente conductas negativas de otras personas con tal de pertenecer a un grupo.

Una segunda desventaja se refiere al fenómeno de conformidad social, que explica cómo el propio comportamiento se basa mucho en lo que hace la mayoría y no tanto en el propio juicio. Algo así como lo expresa el dicho popular: «¿A dónde va Vicente? A donde va toda la gente». En una serie de experimentos, el psicólogo Solomon Ash evidenció esta expresión.

Solomon formó un grupo de 18 personas para una prueba de percepción. Pidió que cada participante dijera en voz alta ante el resto del grupo cuál de las tres líneas de comparación (ver Figura 1) les parecía, a simple vista, igual en longitud a la línea patrón. De los 18 participantes, 12 eran cómplices del experimentador y fueron los primeros en contestar. A estos cómplices se les pidió que dieran una respuesta errónea, asegurando que la línea tres era igual a la línea patrón. La mayoría de los participantes al escuchar esto, dieron la misma respuesta, y aun cuando notaron el error, se ajustaron a la mayoría.

Una última desventaja son las conductas hostiles hacia quien no pertenece al grupo. Algo común que desafortunadamente vemos en la discriminación hacia personas diferentes físicamente, por rasgos como el color de piel. Sin embargo, también existen conductas hostiles hacia personas con quienes no hay diferencias marcadas y que pueden llegar a la agresión, como las peleas entre porras de equipos deportivos contrarios. Otro ejemplo es el acoso escolar, llamado bullying, donde dos o más estudiantes agreden a uno constantemente, ocurrido en contextos escolares que se esperaría fueran lugares libres de hostilidad y sitios seguros para el aprendizaje.

Mencionamos tres desventajas de pertenecer a un grupo, aunque pueden existir más. Sin embargo, no todo es negativo, pertenecer a un grupo tiene también muchas ventajas.

  

Figura 1. Líneas en el experimento de conformidad social.

¿Qué ventajas tiene pertenecer a un grupo?

La primera es que los grupos pueden ser un factor de protección. Imaginemos durante la prehistoria a un individuo que estaba a merced de los depredadores que cohabitaban con él. En solitario, fácilmente podía ser cazado por algún tigre o una jauría de lobos, pero acompañado de otros miembros de su tribu podía defenderse y ahuyentar a los depredadores. Actualmente, el riesgo de ser cazados es mínimo, pero esta protección que brinda un grupo continúa vigente. Apoyarte de tu familia o amigos te permite resolver problemas cotidianos de mejor forma, mediante soporte afectivo o colaborando directamente contigo en la solución.

La segunda ventaja es que los grupos proporcionan modelos a seguir. El psicólogo Albert Bandura, en su Teoría del Aprendizaje Social, señala que una de las maneras en las que aprendemos es observando a otras personas; identificando qué comportamientos son positivos y cuáles no. Observando a otros podemos inspirarnos para realizar un deporte que no habíamos practicado antes, tocar un instrumento musical o desarrollar otro talento no explorado. Estos modelos de conducta pueden ser personas cercanas, aunque también pueden ser individuos que vemos en los medios de comunicación, como el deportista o artista destacado del momento.

Otra ventaja son los lazos afectivos ligados a pertenecer a un grupo, ya que estos pueden afirmar nuestra identidad. Estos vínculos nos refuerzan positivamente, ya que ser parte de un grupo resulta agradable en sí mismo. Además, vincularnos con otras personas consolida nuestra identidad, incluso en ocasiones nos definimos con adjetivos que suponen la pertenencia a un grupo que resume nuestros gustos e intereses. Por ejemplo, un adolescente puede definirse a sí mismo diciendo «soy skato» o «soy otaku», para enfatizar su gusto por patinar o por ciertas creaciones culturales japonesas.

 

El balance final de pertenecer a un grupo

Quizá en el balance final pesan más las ventajas, pues seguimos viviendo en grupo. Como decíamos al inicio, lejos de ser una alternativa que escogemos o rechazamos, pertenecer a un grupo es ineludible. Es un hecho que en ocasiones pertenecemos a grupos de manera involuntariamente, como la familia, mientras que hay otros que elegimos, como los amigos. Concluimos señalando que es importante conocer los fenómenos que se dan en la vida gregaria del ser humano, ya que eso tal vez nos ayude a dirigirnos hacia formas de relacionarnos cada vez más saludables y funcionales.

 

 

Para Saber Más: 

Gale, D., Robbins, B. y Tollin, M. (productores) y Carter, T. (director). (2005). Juegos de honor [cinta cinematográfica]. Estados Unidos de América, Paramount Pictures. https://www.filmaffinity.com/cl/film345395.html

 

Golding, W. (2010). El señor de las moscas. Madrid, Alianza Editorial. http://web.seducoahuila.gob.mx/biblioweb/upload/William%20Goldin%20-%20El%20Señor%20de%20las%20moscas.pdf

 

Soler, A. [Píldoras de Psicología]. (22 de septiembre de 2019). El experimento de Solomon Asch sobre conformidad social [Archivo de video]. https://youtu.be/xO8xv6dtWO4

Omar Bravo Alcocer. Estudiante del Doctorado Interinstitucional de Psicología, Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Aguascalientes.

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Roberto Oropeza Tena. Profesor Investigador de la Facultad de Psicología de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.

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