DR. GERARDO SÁNCHEZ DÍAZ

Escrito por Roberto Carlos Martínez Trujillo y Fernando Covián Mendoza

Nació en Coalcomán, Michoacán, el 18 de abril de 1953. Doctor en Historia por la Universidad Nacional Autónoma de México. Se desempeña como Profesor-Investigador Titular C, adscrito al Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, en donde imparte docencia a nivel Licenciatura, Maestría y Doctorado. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores con nivel III

Dentro de su producción como investigador, a la fecha ha publicado 40 libros como autor o coautor; 122 capítulos de libro en obras colectivas; 31 artículos científicos en revistas especializadas y casi medio centenar de artículos de divulgación

¿Cómo desarrolló su gestión cuando dirigió la Coordinación de la Investigación Científica?

Fui Coordinador de la Investigación Científica entre 1985 y 1990. Entonces, solo había dos institutos de investigación, el Instituto de Investigaciones Metalúrgicas y el de Químico-Biológicas. También se desarrollaban actividades de investigación en algunas otras escuelas y dependencias como Biología, Economía, Tecnología de la Madera, Departamento de Historia, Físico Matemáticas, Departamento de Física, Ingeniería Química y en la Facultad de Agrobiología.

Cuando asumí el cargo, había un presupuesto de 23 millones para apoyo a proyectos. Por diversas gestiones, primero ante la Junta de Gobierno y después ante la Rectoría, para 1990 esa suma se incrementó a 950 millones. Eso permitió tener un mayor número de proyectos con apoyo. De 28 proyectos que había en 1985, la cifra creció a 79 para 1990. Hubo un mayor interés de parte de los profesores que pronto se reflejó en el número de miembros del Sistema Nacional de Investigadores, de 8 que eran en 1985, el número creció a 19 para 1990. Otro paso importante fue la creación del Instituto de Investigaciones Históricas en 1987 y del Museo de Historia Natural en 1986.

También, es importante señalar que el Consejo de la Investigación Científica estableció un programa de becas para tesistas de licenciatura que no solo contribuyó a elevar la eficiencia terminal de las escuelas, sino también la formación de nuevos investigadores. Algunos tesistas que se titularon, continuaron estudios de posgrado en instituciones del país y del extranjero, luego regresaron para incorporarse como profesores a la Universidad, con ello se inició un proceso de renovación en la planta académica de la institución y se abrieron nuevas líneas de investigación.

¿Qué nos dice del tiempo que ha encabezado las labores del Instituto de Investigaciones Históricas?

La principal satisfacción ha sido haber contribuido a la fundación y consolidación del Instituto de Investigaciones Históricas como una dependencia universitaria de excelencia académica, lo que se demuestra con sus tres programas de posgrado, la Maestría en Historia que actualmente tiene competencia internacional, la Maestría en Enseñanza de la Historia y el Doctorado en Historia que forman parte del Padrón de Posgrado de calidad del Conacyt.

La biblioteca del Instituto fue la primera que obtuvo la Certificación de la Norma ISSO-9000 en la Universidad. La revista Tzintzun, que edita el Instituto mantiene intercambio con instituciones de más de 20 países y ha sido hasta ahora la única revista de nuestra universidad que ha ingresado al Padrón de Revistas de calidad de Conacyt.

Durante el tiempo que estuve al frente del Instituto la planta académica de la dependencia también experimentó cambios importantes. De 7 profesores el número creció a 25. De aquellos 7 iniciales, 2 eran maestros y 5 licenciados. En la actualidad los 25 son doctores y 22 de ellos son miembros del Sistema Nacional de Investigadores.

¿Cuáles considera como las principales contribuciones nicolaitas a la historiografía de la ciencia en Michoacán y en México?

El Simposium sobre Ciencia y Tecnología en Michoacán, organizado en 1986, del que salió un libro sobre el tema, fue el primer esfuerzo que en esa línea de investigación se hizo a nivel nacional.

Luego le siguió un libro que hicimos con el Dr. Mijangos sobre Las contribuciones michoacanas a la ciencia mexicana en el siglo XIX y otro que coordinamos con el Dr. Francisco Dosil sobre Continuidades y rupturas en la ciencia mexicana. Por mi parte, me he acercado a la historia de la medicina, materia sobre la que se han publicado varios artículos.

Actualmente, estoy terminando un libro sobre La Ferrería de Coalcomán que fue el primer proyecto siderúrgico en Hispanoamérica, la investigación está basada en documentos hasta ahora desconocidos.

¿Cómo coordinador, compilador y editor de libros de historia, qué obras le han redituado mayor satisfacción?

Suman más de 40 libros de los que he sido autor o coautor, como el tomo referente al siglo XIX de la Historia General de Michoacán, Las Contribuciones michoacanas a la ciencia Mexicana, Michoacán desde afuera, Pueblos Villas y ciudades de Michoacán en el Porfiriato.

Sin embargo, me siguen gustando por su diseño, mis libros Breve historia del café en Michoacán y Los cultivos tropicales en Michoacán. Época colonial y siglo XIX, además El juguete michoacano y La costa michoacana. Perfil de un paraíso, que fueron ilustrados con fotografías de alta calidad.

¿Qué puedo decir? Que en esos libros está mi invitación a conocer el pasado, como forma de entender el presente.

Precisamente, la parte gráfica es uno de los aspectos relevantes de su labor editorial, ¿qué comentarios haría al respecto?

Que me gustan los libros con ilustraciones, en los que pueden existir dos discursos, uno escrito y otro gráfico, que sean complementarios. A través de la gráfica, podemos acercarnos más a la comprensión de un proceso histórico.

Estoy convencido que, en los libros que se habla de acontecimientos históricos, se deben incluir mapas. La historia y la geografía, siempre van juntas. La fotografía es un elemento importante ya que es el reflejo de una realidad que se desea representar.

De sus recuerdos como académico formador de varias generaciones de estudiantes de la historia, ¿qué desea compartir?

Que en mis 34 años de experiencia como profesor universitario, he tenido un sinfín de experiencias con quienes han sido mis estudiantes, principalmente con los del curso de Historia de Michoacán, de quienes siempre he aprendido cosas nuevas. La experiencia docente y la dirección de tesis, han sido una motivación constante a la renovación académica y cultural, una invitación al encuentro con nuevos conocimientos y a ver que el aprendizaje debe ser constante.

¿Por qué decidió inscribirse en la carrera de Historia?

La respuesta es muy fácil. Porque quería ser historiador.

¿Qué le significó su ingreso como miembro a la Academia Mexicana de Ciencias?

Fue como pasar una evaluación más, porque el ingreso a la Academia parte de una revisión de los antecedentes académicos que hace una Comisión que puede aceptar o rechazar la propuesta. En ese momento, me quedó clara la responsabilidad que tenía, al ser el primer historiador de la Universidad Michoacana que era aceptado como miembro de la Academia de Ciencias.

Sin embargo, la satisfacción más importante es haber sido invitado por dos años, 2010 y 2011, como miembro del Comité de Premios de la Academia, en el que me tocó participar en la evaluación para el otorgamiento de premios a tesis doctorales, proyectos de investigadores jóvenes, al igual que en la creación del premio en Ciencias Sociales a mujeres jóvenes, además de los premios L’Oreal para mujeres universitarias.

¿Qué piensa de la divulgación científica en nuestra universidad?

Pienso que las formas de divulgación actuales, aunque son aceptables, deben mejorar, llegar a un público mayor, sobre todo a los jóvenes. Las autoridades universitarias deben apoyar más a las publicaciones comprometidas con los estándares de calidad en su forma y contenido.

¿Qué opina de la difusión que se está dando a las revistas universitarias en los medios electrónicos?

Considero que es importante, aunque deben seguir existiendo las revistas impresas, que no están sujetas a los cambios en los usos de la tecnología para su consulta. Creo que ambas versiones deben ser apoyadas, siempre que sean de calidad y contribuyan a elevar el nivel académico de los universitarios.

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