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U.M.S.N.H. A%u00f1o 15/ Mayo - Junio / No. 8716no viven %u00fanicamente en la cabeza; tambi%u00e9n viven en la familia, en la tradici%u00f3n, en la religi%u00f3n, en el barrio y en las historias que escuchamos desde ni%u00f1os. Por eso no basta con presentar un dato correcto para que una persona abandone algo que le ofrece identidad, seguridad o consuelo.Adem%u00e1s, solemos pensar que las personas toman decisiones de manera racional: reciben informaci%u00f3n, la analizan y eligen lo m%u00e1s conveniente. Pero no siempre ocurre as%u00ed. Con frecuencia hacemos primero una elecci%u00f3n emocional y despu%u00e9s buscamos argumentos para justificarla. Creemos aquello que coincide con nuestra experiencia, con nuestro grupo o con lo que deseamos que sea verdad.La ciencia, por otra parte, no siempre ofrece respuestas c%u00f3modas. Nos dice que un tratamiento puede fallar, que una enfermedad no tiene cura inmediata, que una tecnolog%u00eda entra%u00f1a riesgos o que debemos cambiar nuestros h%u00e1bitos. Las creencias m%u00e1gicas, en cambio, suelen ofrecer algo mucho m%u00e1s atractivo: certezas, culpables claros, soluciones sencillas y la sensaci%u00f3n de recuperar el control.Tambi%u00e9n influye una idea equivocada: pensar que el avance cient%u00edfico elimina autom%u00e1ticamente la superstici%u00f3n. No es as%u00ed. Una sociedad puede usar tel%u00e9fonos inteligentes, vacunas de %u00faltima generaci%u00f3n y sistemas de navegaci%u00f3n satelital y, al mismo tiempo, creer en remedios milagrosos, conspiraciones o explicaciones sobrenaturales. La modernidad tecnol%u00f3gica no garantiza una cultura cient%u00edfica.Aqu%u00ed aparece otra vez la confianza. La gente no cree solamente en datos; cree en personas. Si una comunidad conf%u00eda m%u00e1s en un familiar, un l%u00edder religioso, un influencer o un curandero que en un m%u00e9dico o una instituci%u00f3n, el dato cient%u00edfico llega en desventaja, por muy s%u00f3lido que sea.Por eso, la tarea no consiste en burlarse de las creencias ni en decirle a la gente que es ignorante. Eso solo levanta muros. Hay que comprender qu%u00e9 necesidad satisface esa creencia: %u00bfmiedo?, %u00bfpertenencia?, %u00bfdesconfianza?, %u00bfesperanza? Despu%u00e9s se puede construir un puente.La ciencia ha ganado muchas batallas en los laboratorios, pero todav%u00eda tiene que conquistar algo m%u00e1s dif%u00edcil en la vida cotidiana: un lugar en la conversaci%u00f3n, en las emociones y en la confianza de las personas.La forma en que hacemos divulgaci%u00f3n cient%u00edfica tambi%u00e9n ha cambiado. Antes predominaba un discurso esencialmente declarativo y, todav%u00eda hoy, muchas revistas y programas se limitan a presentar hechos y datos. Sin embargo, se ha de-

