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                                    Coordinaci%u00f3n de la Investigaci%u00f3n Cient%u00edfica 15A%u00f1o 15 /Mayo - Junio / No. 87 U.M.S.N.H.realmente funciona: con dudas, correcciones y debates. Un d%u00eda se recomendaba una cosa y, semanas despu%u00e9s, la recomendaci%u00f3n cambiaba. Para quienes conocen el trabajo cient%u00edfico, eso es normal: se obtienen nuevos datos y se ajustan las conclusiones. Pero, para muchas personas, aquello parec%u00eda una contradicci%u00f3n o incluso una prueba de enga%u00f1o.Quiz%u00e1 uno de los grandes errores fue haber presentado durante a%u00f1os a la ciencia como una f%u00e1brica de verdades definitivas. Entonces lleg%u00f3 una crisis sanitaria y la gente escuch%u00f3 frases como %u00abhasta ahora sabemos%u00bb, %u00abla evidencia sugiere%u00bb o %u00abesto podr%u00eda cambiar%u00bb. La ciencia estaba haciendo bien su trabajo, pero una parte de la sociedad interpret%u00f3 esa prudencia como debilidad.Tambi%u00e9n fall%u00f3 la comunicaci%u00f3n p%u00fablica. En ocasiones fue demasiado t%u00e9cnica, fr%u00eda o autoritaria. Se informaban cifras, curvas y porcentajes, pero no siempre se explicaba qu%u00e9 significaban en la vida cotidiana. Decirle a alguien que deb%u00eda cerrar su negocio, quedarse en casa o vacunarse no era %u00fanicamente transmitir informaci%u00f3n cient%u00edfica: implicaba entrar en su econom%u00eda, sus afectos, sus miedos y su idea de libertad. Si no se reconoce esa dimensi%u00f3n humana, la comunicaci%u00f3n se convierte en una orden y no en una conversaci%u00f3n.A esto se sumaron las redes sociales. Una explicaci%u00f3n cient%u00edfica suele requerir tiempo, contexto y matices; una mentira puede resumirse en una frase impactante: %u00ablas vacunas modifican el ADN%u00bb o %u00abtodo es un negocio%u00bb. La falsedad viaja ligera, mientras la verdad carga equipaje.Pero tampoco debemos pensar que las personas que desconfiaron de la ciencia eran simplemente ignorantes. Algunas ten%u00edan razones hist%u00f3ricas para desconfiar de los gobiernos, las empresas farmac%u00e9uticas o las instituciones m%u00e9dicas. El problema apareci%u00f3 cuando esa desconfianza leg%u00edtima fue aprovechada por l%u00edderes pol%u00edticos, grupos ideol%u00f3gicos y vendedores de remedios milagrosos.La pandemia nos ense%u00f1%u00f3, por tanto, que no basta con producir buena ciencia. Necesitamos construir confianza mucho antes de que llegue una emergencia. La cultura cient%u00edfica no consiste en memorizar nombres de virus o entender una gr%u00e1fica epidemiol%u00f3gica; consiste tambi%u00e9n en saber c%u00f3mo se construye una evidencia, por qu%u00e9 una recomendaci%u00f3n puede cambiar y c%u00f3mo distinguir una duda razonable de una mentira fabricada.La lecci%u00f3n es inc%u00f3moda, pero valiosa: la ciencia puede desarrollar una vacuna en tiempo r%u00e9cord, pero no puede fabricar confianza de un d%u00eda para otro.Confianza es una buena palabra. La ciencia es, sin duda, una herramienta muy poderosa para afrontar desaf%u00edos en salud, alimentaci%u00f3n y tecnolog%u00eda. Sin embargo, a pesar de sus logros, amplios sectores de la sociedad siguen aferrados a creencias que la propia ciencia parec%u00eda haber superado. %u00bfC%u00f3mo podemos explicar esta aparente contradicci%u00f3n?La contradicci%u00f3n es m%u00e1s aparente que real. La ciencia puede derrotar una enfermedad, demostrar que una creencia es falsa o explicar un fen%u00f3meno con enorme precisi%u00f3n, pero eso no significa que transforme autom%u00e1ticamente la manera en que las personas sienten, temen o interpretan el mundo.Podr%u00edamos imaginarlo as%u00ed: la ciencia cambia muy r%u00e1pido, pero la cultura cambia con mucha m%u00e1s lentitud.Una vacuna puede desarrollarse en pocos a%u00f1os. Una idea profundamente arraigada puede tardar generaciones en desaparecer. Las creencias 
                                
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