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Coordinaci%u00f3n de la Investigaci%u00f3n Cient%u00edfica 17A%u00f1o 15 /Mayo - Junio / No. 87 U.M.S.N.H.mostrado que el componente emocional desempe%u00f1a un papel muy importante en la manera en que comunicamos la ciencia al p%u00fablico en general. %u00bfCu%u00e1l es tu opini%u00f3n al respecto?Estoy de acuerdo. Durante mucho tiempo se pens%u00f3 que divulgar ciencia consist%u00eda en trasladar informaci%u00f3n desde quien sabe hacia quien no sabe: presentar descubrimientos, explicar conceptos y ofrecer datos correctos. Esa tarea sigue siendo importante, pero hoy sabemos que no basta.Las personas no entran a la ciencia %u00fanicamente por la puerta de la raz%u00f3n. Tambi%u00e9n entran por la curiosidad, el asombro, el miedo, la esperanza y la identificaci%u00f3n con una historia.Un dato puede informar, pero una historia puede volverlo significativo. No es lo mismo decir que una enfermedad afecta a millones de personas que contar c%u00f3mo cambia la vida de una familia. Tampoco es igual explicar la p%u00e9rdida de biodiversidad mediante una tabla que mostrar lo que ocurre cuando desaparece una especie que formaba parte del paisaje, la alimentaci%u00f3n o la memoria de una comunidad.Esto no significa abandonar el rigor ni convertir la ciencia en espect%u00e1culo. La emoci%u00f3n no debe sustituir a la evidencia; debe ayudarnos a abrirle camino. El problema aparece cuando usamos historias conmovedoras para exagerar, ocultar incertidumbres o defender conclusiones que los datos no sostienen. Pero, bien utilizada, la narrativa permite que el conocimiento deje de sentirse lejano.La divulgaci%u00f3n declarativa suele decir: %u00abEsto es as%u00ed%u00bb. Una divulgaci%u00f3n m%u00e1s contempor%u00e1nea puede preguntar: %u00ab%u00bfC%u00f3mo llegamos a saberlo?%u00bb, %u00ab%u00bfqui%u00e9nes participaron?%u00bb, %u00ab%u00bfqu%u00e9 dudas hubo?%u00bb, %u00ab%u00bfqu%u00e9 estaba en juego?%u00bb. Entonces la ciencia deja de parecer una colecci%u00f3n de respuestas terminadas y se muestra como una aventura humana, con errores, rivalidades, intuiciones, paciencia y momentos de sorpresa.Tambi%u00e9n debemos recordar que el p%u00fablico no es un recipiente vac%u00edo. Las personas llegan con experiencias, saberes, prejuicios y preguntas propias. Comunicar no es llenar una cabeza con datos, sino establecer una relaci%u00f3n. A veces, la mejor divulgaci%u00f3n comienza escuchando.El reto consiste en encontrar un equilibrio: contar historias sin deformar los hechos, emocionar sin manipular y simplificar sin volver trivial aquello que es complejo.Podr%u00edamos decirlo de esta manera: los datos le hablan a nuestra inteligencia, pero las historias consiguen que esos datos encuentren un lugar en nuestra memoria.Muchos de quienes nos dedicamos a la divulgaci%u00f3n tambi%u00e9n somos investigadores; es decir, participamos activamente en la generaci%u00f3n del conocimiento cient%u00edfico y buscamos transmitir la emoci%u00f3n, el asombro y el gusto por conocer. Sin embargo, a%u00fan existe un sector importante de la comunidad cient%u00edfica que considera que esta labor no nos corresponde. Si los propios investigadores no se involucran, %u00bfa qui%u00e9n le corresponde comunicar esa emoci%u00f3n y la importancia de los temas cient%u00edficos?Creo que la divulgaci%u00f3n es una responsabilidad compartida, pero los investigadores tienen un papel dif%u00edcil de sustituir. No porque sean los %u00fanicos capaces de comunicar la ciencia, sino porque conocen desde dentro aquello que otros deben reconstruir desde fuera.

