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                                    U.M.S.N.H. A%u00f1o 15/ Mayo - Junio / No. 8718Quien investiga sabe que la ciencia no es %u00fanicamente una acumulaci%u00f3n de resultados. Tambi%u00e9n es espera, frustraci%u00f3n, entusiasmo, dudas, errores y, de vez en cuando, ese momento extraordinario en el que algo comienza a tener sentido. Esa experiencia %u00edntima del conocimiento puede enriquecer much%u00edsimo la divulgaci%u00f3n.Un periodista, un escritor, un docente o un comunicador pueden explicar muy bien un descubrimiento. Pero el investigador puede contar algo m%u00e1s: c%u00f3mo naci%u00f3 la pregunta, por qu%u00e9 era importante, qu%u00e9 sali%u00f3 mal, qu%u00e9 se sinti%u00f3 al encontrar una respuesta inesperada. Puede mostrar la ciencia antes de que quede convertida en una gr%u00e1fica limpia o en una conclusi%u00f3n definitiva.Sin embargo, tambi%u00e9n hay que reconocer que investigar y comunicar son oficios distintos. Saber mucho sobre un tema no garantiza saber contarlo. Por eso, no se trata de exigir que todos los cient%u00edficos se conviertan en divulgadores profesionales, sino de crear condiciones para que puedan participar: formaci%u00f3n, acompa%u00f1amiento, reconocimiento institucional y colaboraci%u00f3n con especialistas en comunicaci%u00f3n.Durante mucho tiempo, la divulgaci%u00f3n fue vista como una actividad secundaria, casi como una distracci%u00f3n respecto del %u00abverdadero%u00bb trabajo cient%u00edfico. Ese prejuicio todav%u00eda existe. Se premia publicar art%u00edculos especializados, conseguir financiamiento y formar estudiantes, pero rara vez se valora con la misma seriedad el esfuerzo de hablar con la sociedad.El resultado es parad%u00f3jico: producimos conocimiento con recursos p%u00fablicos, pero a veces no encontramos tiempo, lenguaje ni incentivos para devolverlo a quienes lo hicieron posible.%u00bfA qui%u00e9n le corresponde, entonces? A todos, pero no de la misma manera. Al investigador le corresponde abrir las puertas del proceso cient%u00edfico. Al comunicador, construir puentes. Al periodista, preguntar y vigilar. Al docente, convertir el conocimiento en experiencia. A las instituciones, ofrecer espacios y reconocer esta labor. Y a la sociedad, participar, preguntar y exigir explicaciones claras.La divulgaci%u00f3n funciona mejor cuando no depende de una sola voz. Pero, sin la participaci%u00f3n de quienes viven la investigaci%u00f3n, corremos el riesgo de mostrar %u00fanicamente los resultados y perder la aventura humana que hay detr%u00e1s.El cient%u00edfico no necesita abandonar el laboratorio para divulgar. Basta con que, de vez en cuando, abra la puerta y cuente qu%u00e9 est%u00e1 buscando, por qu%u00e9 importa y qu%u00e9 le sigue causando asombro.Mencionaba anteriormente que la divulgaci%u00f3n cient%u00edfica tambi%u00e9n evoluciona: ha pasado de los libros, las exposiciones, los museos y las revistas a los entornos digitales e internet. %u00bfCu%u00e1l es el devenir de esta actividad ante el avance acelerado de la inteligencia artificial? %u00bfC%u00f3mo podemos, quienes nos dedicamos a la divulgaci%u00f3n, mantener el paso ante este gran salto tecnol%u00f3gico?La inteligencia artificial no va a sustituir a la divulgaci%u00f3n, pero s%u00ed va a obligarnos a revisar casi todo: c%u00f3mo investigamos, c%u00f3mo escribimos, c%u00f3mo verificamos y, sobre todo, qu%u00e9 valor aportamos cuando cualquier persona puede obtener una explicaci%u00f3n en segundos.La inteligencia artificial puede convertirse en una herramienta extraordinaria para la divulgaci%u00f3n. 
                                
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