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Coordinaci%u00f3n de la Investigaci%u00f3n Cient%u00edfica 19A%u00f1o 15 /Mayo - Junio / No. 87 U.M.S.N.H.Puede ayudarnos a ordenar informaci%u00f3n, comparar fuentes, traducir textos, adaptar un tema a distintos p%u00fablicos y crear im%u00e1genes, guiones, animaciones o materiales educativos. En ese sentido, ampl%u00eda enormemente nuestras posibilidades.Pero tambi%u00e9n introduce un problema serio: puede producir textos claros, convincentes y completamente equivocados. La informaci%u00f3n falsa ya no necesariamente llegar%u00e1 mal escrita o con aspecto sospechoso. Puede presentarse con una redacci%u00f3n impecable, una gr%u00e1fica elegante y un tono de autoridad. Por eso, en la era de la inteligencia artificial, el rigor ser%u00e1 todav%u00eda m%u00e1s importante que antes.Hasta ahora, una parte del trabajo del divulgador consist%u00eda en explicar informaci%u00f3n dif%u00edcil. En el futuro, tambi%u00e9n tendremos que ayudar a distinguir entre informaci%u00f3n confiable y contenido que solo parece confiable. El divulgador ser%u00e1 cada vez m%u00e1s un mediador, un curador y un verificador.Adem%u00e1s, la inteligencia artificial puede generar explicaciones, pero no posee experiencia humana. Puede describir el asombro ante un descubrimiento, aunque no lo haya sentido; puede narrar el trabajo de campo, pero nunca ha soportado el calor, el fr%u00edo, la espera o la frustraci%u00f3n de un experimento que fracasa. All%u00ed permanece algo insustituible: la mirada de quien estuvo presente, formul%u00f3 la pregunta y comprendi%u00f3 por qu%u00e9 ese conocimiento importa.%u00bfC%u00f3mo seguirle el paso? Primero, perdi%u00e9ndole el miedo. Hay que usar estas herramientas, probarlas, conocer sus posibilidades y descubrir tambi%u00e9n sus l%u00edmites. No podemos explicar una tecnolog%u00eda que nos negamos a explorar.Segundo, debemos fortalecer aquello que la inteligencia artificial no garantiza: el criterio, la honestidad, la verificaci%u00f3n de fuentes, el conocimiento del contexto y la responsabilidad sobre lo que publicamos. No basta con que un texto suene bien; debemos saber de d%u00f3nde sali%u00f3 cada afirmaci%u00f3n y qu%u00e9 evidencia la sostiene.Tambi%u00e9n tendremos que ser transparentes. Si usamos inteligencia artificial para redactar, traducir, crear una imagen o analizar informaci%u00f3n, conviene decirlo. La confianza del p%u00fablico depender%u00e1 cada vez m%u00e1s de que podamos explicar no solo qu%u00e9 contamos, sino c%u00f3mo lo construimos.Creo que la inteligencia artificial no acabar%u00e1 con los divulgadores, pero s%u00ed puede desplazar a quienes se limiten a repetir datos. Nuestro valor estar%u00e1 en formular buenas preguntas, relacionar saberes, entender a las personas y convertir la informaci%u00f3n en conocimiento con sentido.La inteligencia artificial puede ayudarnos a contar la ciencia. Pero todav%u00eda corresponde a los seres humanos decidir qu%u00e9 merece ser contado, por qu%u00e9 importa y qu%u00e9 consecuencias puede tener.Sin embargo, la inteligencia artificial tambi%u00e9n genera temor en la sociedad e incluso entre algunos sectores de la comunidad cient%u00edfica. %u00bfC%u00f3mo podemos comprender que se trata de una herramienta muy poderosa y que, en el %u00e1mbito de la divulgaci%u00f3n, su papel puede ser principalmente auxiliar?S%u00ed, hay miedo, y no deber%u00edamos despreciarlo. Toda tecnolog%u00eda poderosa provoca entusiasmo, pero tambi%u00e9n inquietud. Ocurri%u00f3 con la imprenta, la fotograf%u00eda, la radio, la televisi%u00f3n y, m%u00e1s

