La controversia de Bateson sobre Darwin y Mendel

ARTÍCULO

La controversia de Bateson sobre Darwin y Mendel

Ernesto Vázquez-Chimalhua y Tzvetanka D. Dinkova

Resumen

El destacado biólogo inglés William Bateson planteó una situación hipotética: si Charles Darwin hubiera conocido el trabajo de Gregor Mendel, la teoría evolutiva habría seguido un rumbo distinto al que dio origen al evolucionismo moderno. Escudriñando en la historia de la biología, se sabe que Darwin conoció de manera indirecta los estudios de Mendel. En contraste, Mendel sí conocía la obra de Darwin. Estos hechos permiten responder al planteamiento de Bateson y presentar los posibles resultados de tan extraordinario encuentro intelectual. Entre ellos destacan un posible descubrimiento anticipado de la genética y avances tempranos en la transición de la síntesis evolutiva moderna hacia la síntesis evolutiva extendida.

Palabras clave: Bateson, evolución, genética, síntesis evolutiva moderna.

 

RECIBIDO: 27/02/2025; ACEPTADO: 28/06/2025; PUBLICADO: 30/06/2026

 

El escenario de Bateson

William Bateson (1861-1926) fue un biólogo inglés que realizó importantes aportaciones al desarrollo de la genética. En 1905 acuñó el término «genética» para referirse al estudio de las variaciones fenotípicas durante la herencia. Desde 1902, Bateson reflexionaba sobre una pregunta: ¿qué habría ocurrido si Charles Robert Darwin (1809-1882) hubiera conocido los experimentos de Gregor Johann Mendel (1822-1884)? En 1913 afirmó que la trayectoria del evolucionismo habría seguido un rumbo diferente. Mientras que Darwin nunca logró proponer un mecanismo correcto para la herencia de los caracteres, Mendel sí lo hizo. Este hecho hace inevitable preguntarse: si el escenario planteado por Bateson hubiera ocurrido, ¿la ciencia actual estaría más avanzada? ¿La síntesis evolutiva moderna se habría consolidado décadas antes y hoy estaríamos más cerca de la plena consolidación de la síntesis evolutiva extendida?

Darwin y Mendel nunca se conocieron en persona. Con frecuencia se piensa que entre ellos no existió ninguna conexión, a pesar de haber sido contemporáneos. Sin embargo, existen evidencias documentadas devínculos intelectuales entre ambos, las cuales ayudan a responder la controversia planteada por Bateson.

 

La influencia de Darwin sobre Mendel

Recordemos que El origen de las especies por medio de la selección natural de Darwin fue publicado por primera vez en noviembre de 1859. Por su parte, Mendel planeó sus experimentos de hibridación con Pisum sativum (chícharos) entre 1854 y 1855, pero los inició en 1856 y los concluyó en 1863.

Mendel poseía una copia de El origen de las especies en la que realizaba anotaciones e incluso contaba con la traducción al alemán publicada en 1863. Aunque la obra de Darwin no influyó en el diseño experimental de los estudios de Mendel, sí tuvo impacto en la interpretación de sus resultados y en la redacción de su obra más importante: Experimentos sobre hibridación en plantas, publicada en 1866.

En este trabajo aparece el concepto de «condiciones de vida», utilizado también por Darwin. Sin embargo, a diferencia del naturalista inglés, Mendel, basándose en sus descubrimientos con chícharos, rechazaba la idea de que las condiciones de vida, en el contexto de la domesticación, fueran capaces de generar nuevas variaciones hereditarias en los organismos.

Al respecto, Mendel señalaba que, si los cambios en las condiciones ambientales fueran la única causa de la variabilidad, entonces la estabilidad observada durante siglos en las especies de plantas domesticadas cultivadas bajo condiciones similares se habría visto interrumpida o incluso completamente alterada.

Por otra parte, en su obra, Mendel hace referencia en varias ocasiones a la evolución mediante el concepto de historia evolutiva de los organismos. Darwin, en cambio, utilizó explícitamente la palabra «evolución» solo al final de su libro El origen de las especies, cuando en su párrafo conclusivo señala que «infinitas formas más hermosas y maravillosas han sido, y están siendo, evolucionadas».

Asimismo, Mendel poseía la versión alemana de Las variaciones de plantas y animales bajo domesticaciónde Darwin, publicada en 1868, y realizó una única mención explícita de Darwin en su artículo de 1870, «Sobre híbridos de Hieracium obtenidos por hibridación artificial».

En los trabajos de Mendel puede apreciarse su interés por explicar diversos temas abordados por Darwin, entre ellos la hibridación, la evolución y la influencia de las condiciones ambientales sobre los organismos. Resulta inconfundible la presencia de ideas darwinianas en las publicaciones de Mendel. Comprendido lo anterior, surge de manera natural la pregunta inversa: ¿Darwin conoció los trabajos de Mendel?

 

El acercamiento de Darwin a los resultados de Mendel

Durante el siglo XIX, época en la que vivieron Darwin y Mendel, la hibridación de plantas y animales era un tema de gran interés científico. El destacado botánico alemán Carl Friedrich von Gärtner publicó en 1849 su obra magna: Experimentos y observaciones sobre la producción de híbridos en el reino vegetal. En ella sostenía que los híbridos de plantas, en su mayoría, no podían producir descendencia fértil y estable. Darwin leyó y citó a Gärtner, pero rechazó esta idea, ya que consideraba que los híbridos desempeñaban un papel importante en la formación de nuevas especies.

Por el contrario, Mendel quedó profundamente impresionado por los resultados de Gärtner y adquirió una copia de su obra, sobre la cual realizó numerosas anotaciones. Estos trabajos contribuyeron al diseño de sus propios experimentos. De hecho, Mendel cita frecuentemente a Gärtner en su publicación de 1866, donde expone sus tres leyes de la herencia. Dichas ideas se difundieron con rapidez y llegaron a ser discutidas en universidades como las de Upsala y San Petersburgo en 1872 y 1874, respectivamente.

La difusión de la obra de Mendel no representaba un obstáculo para que Darwin pudiera conocer sus teorías y leyes. Por iniciativa propia, Mendel distribuyó alrededor de 40 ejemplares de su trabajo de 1866 entre colegas europeos. Una de esas copias, actualmente conservada en el Instituto de Botánica de la Universidad de Ámsterdam, fue la que posteriormente leyó Hugo de Vries, uno de los redescubridores de las leyes mendelianas en 1900.

Existen indicios de que Darwin tuvo conocimiento de la teoría de la herencia propuesta por Mendel. En su libro Los efectos del cruzamiento y la autofertilización en el reino vegetal, publicado en 1876, hace referencia a la obra Investigaciones para determinar el valor de especies y variedades, publicada en 1869 por Hermann Hoffmann. En este trabajo, Hoffmann recopiló diversos experimentos, incluidos los de Mendel, por lo que la referencia realizada por Darwin lo acercaba a dicha información.

Asimismo, los patrones fenotípicos descritos por las leyes de Mendel ya habían sido mencionados en trabajos anteriores. Entre ellos destaca el de Maxwell Tylden Masters, a quien Darwin conocía ampliamente. También citó los estudios de Charles Naudin, otro destacado experimentalista especializado en la hibridación de plantas. Incluso ambos, Darwin y Mendel, hacían referencia a Joseph Kölreuter, considerado uno de los pioneros en la investigación de híbridos en plantas.

En consecuencia, Darwin tuvo acceso, por distintas vías, a investigaciones previas sobre la hibridación de plantas y a los resultados de Mendel. Sin embargo, no llegó a reconocer la importancia de estos hallazgos.

 

Las leyes de la herencia mendeliana, incomprensibles para Darwin

Los objetivos científicos de Darwin y Mendel eran diferentes. El primero estaba interesado en la evolución adaptativa de los organismos frente a las condiciones del medioambiente, mientras que el segundo se enfocaba en comprender los mecanismos de herencia de los caracteres.

Resulta interesante que, entre las páginas de la obra publicada por Darwin en 1868, se encuentren registrados experimentos de cruzamiento realizados con la planta Antirrhinum. Tras cruzar líneas puras parentales, una con el carácter recesivo y otra con el dominante para el color de las flores, Darwin observó que en la primera generación filial todas las plantas presentaban el fenotipo dominante. Posteriormente, en la segunda generación filial, registró la famosa proporción mendeliana de 3:1 entre los fenotipos dominante y recesivo en el color de las flores.

Sin embargo, Mendel analizaba sus resultados mediante métodos estadísticos, mientras que Darwin reconocía no sentirse competente en matemáticas. En una carta dirigida a un amigo de la preparatoria, escribió: «la otra es ser plenamente consciente de que mi cabeza no tiene la capacidad suficiente para retener o comprender las matemáticas».

Por ello, es muy probable que Darwin se haya encontrado en algún momento con ideas relacionadas con la teoría mendeliana. Ambos trabajaron con chícharos, aunque sus explicaciones sobre los mecanismos responsables de la variabilidad hereditaria fueron muy distintas. Mientras Mendel proponía un modelo basado en factores hereditarios, Darwin apostaba por la teoría de la pangénesis.

Es posible que Darwin no comprendiera el alcance de los hallazgos de Mendel y, en consecuencia, no les otorgara relevancia.

 

La síntesis evolutiva moderna

La teoría evolutiva de Darwin carecía de un modelo adecuado de herencia. De manera errónea, proponía el mecanismo pangenético heredado de los antiguos filósofos griegos. Darwin consideraba que los pangenes o gémulas, procedentes de todas las partes del cuerpo, formaban el semen y que este era modificado por la presión de la selección natural, produciendo cambios en la descendencia. Por su parte, Mendel descubrió un patrón de herencia de los caracteres y reconoció que los gametos son portadores de pares de «factores» que regulan las características de los organismos, donde uno puede ser dominante y el otro recesivo.

El mecanismo de herencia mendeliano complementa la teoría evolutiva de Darwin y la integración de ambas constituye la base teórica de la Síntesis Evolutiva Moderna (SEM), consolidada en 1950. Además, la SEM unifica diversas disciplinas, entre ellas la genética de poblaciones, las matemáticas, la biología e incluso algunas ciencias sociales. Nuestra concepción moderna de la evolución proviene de la SEM, la cual explica que las variaciones adaptativas de los organismos frente a distintas condiciones ambientales están sustentadas en mutaciones genéticas y en cambios en la frecuencia de los genes a lo largo de las generaciones dentro de las poblaciones.

Sin embargo, para que la SEM pudiera consolidarse, fue necesario el desarrollo previo de la genética como disciplina científica. Era indispensable esclarecer la naturaleza de aquellos factores mendelianos responsables de la herencia y del control de los caracteres observables de los organismos. En 1902, Walter Sutton y Theodor Boveri propusieron la teoría cromosómica de la herencia, la cual fue respaldada posteriormente por Thomas Hunt Morgan en 1915, en su obra Los mecanismos de la herencia mendeliana. Sus investigaciones permitieron identificar a los genes como unidades localizadas en los cromosomas y demostrar el papel de la recombinación cromosómica durante la formación de los gametos.

 

De esta discusión pueden extraerse dos conclusiones

Primera. Aunque Darwin hubiera colaborado con Mendel, probablemente no habría incorporado los fundamentos de la herencia mendeliana a su teoría evolutiva, debido, entre otras razones, a que era reacio a las matemáticas. Para Darwin habría sido más útil conocer que aquellos pangenes o factores mendelianos correspondían a genes localizados en los cromosomas de las células gaméticas y que estos seguían patrones de herencia. Quizá lo que habría ocurrido es que los esfuerzos por comprender la naturaleza de los factores mendelianos o genes se habrían intensificado, acelerando su posterior descubrimiento.

Segunda. En la actualidad, los avances empíricos y conceptuales en las ciencias biológicas están impulsando una renovación y expansión del marco conceptual de la SEE hacía una Síntesis Evolutiva Extendida (SEE).

La SEE propone modificaciones importantes en conceptos como evolución, herencia y organismo, entre otros. Sin embargo, muchos de estos planteamientos continúan en debate, por lo que la SEE aún se encuentra en un estado de inmadurez epistemológica y ontológica. En consecuencia, otro posible resultado del escenario planteado por Bateson es que actualmente podríamos encontrarnos más avanzados en la consolidación de la SEE.

Ernesto Vázquez-Chimalhua. Posdoctorante del Departamento de Bioquímica, Facultad de Química, Universidad Nacional Autónoma de México. belengwer@yahoo.com

Tzvetanka D. Dinkova. Profesora e investigadora del Departamento de Bioquímica, Facultad de Química, Universidad Nacional Autónoma de México. cesy@unam.mx

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