ARTÍCULO
Sucesión secundaria: la regeneración natural de los ecosistemas
Jesús Arteaga-Díaz y Mariela Gómez-Romero
Resumen
El cambio climático y la escasez de agua hacen necesaria la búsqueda de alternativas para recuperar ecosistemas dañados. Para continuar generando servicios ambientales, es necesario reforestar zonas prioritarias deterioradas mediante procesos que favorezcan su recuperación. La sucesión secundaria es el proceso mediante el cual los ecosistemas dañados se regeneran gradualmente. Las plantas nodrizas, como los huizaches (Acacia farnesiana), elementos de la sucesión secundaria, representan una alternativa para incrementar el establecimiento de árboles nativos, al aportar condiciones favorables de micrositio en entornos complejos, como la selva baja caducifolia. Los huizaches facilitan el establecimiento de especies como Cordia eleagnoides (cueramos), lo que evidencia su potencial para la restauración ecológica como arbustos nodriza.
Palabras clave: Cueramo, germinación, restauración, semillas.
RECIBIDO: 20/10/2024; ACEPTADO: 19/03/2025; PUBLICADO: 31/08/2026
En la naturaleza, al igual que en nuestros cuerpos, cada parte que nos conforma cumple una función. Si bien, por el momento, estamos lejos de conocer todas las respuestas, parte del propósito de las ciencias biológicas es interpretar la gran cantidad de procesos naturales que ocurren en todas partes y en cada momento, como parte de nuestra experiencia sensorial al habitar un mundo tan rico en seres vivientes. Si pudiéramos imaginar nuestro planeta como un ente viviente conformado por todo lo que podemos observar, se nos facilitaría la comprensión de algunos procesos naturales. Tal es el caso de la sucesión secundaria, proceso mediante el cual se recupera gradualmente la cubierta vegetal.
Es común ver parcelas destinadas al cultivo de plantas que nos sirven como alimento o como forraje para los animales. La agricultura y la ganadería son pilares de la subsistencia humana; sin embargo, son actividades que han ido mermando las ya escasas zonas con vegetación nativa.
También es común encontrar grandes extensiones de terreno desprovistas de vegetación. Es ahí donde podemos observar la sucesión secundaria. Al dejar estas zonas descansar de las actividades humanas, vuelven a ser colonizadas por una gran variedad de plantas: al principio, por pequeñas malezas; posteriormente, por arbustos y, finalmente, por árboles. Este proceso se conoce como sucesión ecológica, específicamente, sucesión secundaria.
Es como si los ecosistemas cicatrizaran sus partes dañadas. Cuando nos raspamos la piel, al principio sangramos; después, la herida se solidifica y forma una costra que favorece la cicatrización, hasta que finalmente recuperamos parcial o completamente su función. Los entornos naturales pueden regenerarse por sí solos, al igual que nuestra piel, pero este proceso ocurre de manera mucho más lenta.


El auge de la conciencia sobre las consecuencias del calentamiento global
Son muy notorias las consecuencias negativas que van de la mano del «progreso humano». En los últimos años, se han observado alteraciones en el régimen de lluvias y un aumento de la temperatura en zonas que antes se consideraban templadas. Tal parece que es necesario experimentar condiciones climáticas extremas en nuestro territorio para aceptar que el cambio climático es una realidad. Si bien es un tema del que se ha hablado desde hace décadas, hoy en día parece algo más tangible.
La disponibilidad de agua es cada día más escasa. Esta situación podría mitigarse, en parte, mediante la restauración ecológica de las cuencas hidrológicas (formaciones del terreno que abastecen cuerpos de agua), así como de zonas urbanas y agrícolas, lo que disminuiría parte de los problemas que heredarán las generaciones futuras. La cubierta vegetal es capaz de retener agua y favorecer el buen funcionamiento del ciclo del agua. Las plantas almacenan agua, que se mantiene en constante movimiento: sale en forma de vapor (evapotranspiración) para posteriormente convertirse en lluvia. Además, las raíces favorecen la infiltración hacia los mantos acuíferos (cavidades bajo la tierra que almacenan agua), hacen más lento el recorrido del agua por la superficie del suelo, evitando la erosión y la pérdida de nutrientes.
La cobertura vegetal, principalmente los árboles, es la base de la vida en una gran variedad de ecosistemas terrestres. No deben ser vistos únicamente como madera o prestadores de servicios ecosistémicos, sino como parte fundamental del hogar de una extraordinaria variedad de seres vivientes, entre los cuales nos incluimos.

Las plantas nodriza
En el Laboratorio de Ecología de la Restauración de la Facultad de Biología de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, entre otras actividades, se trabajan diversas temáticas encaminadas a intentar recuperar la salud de ecosistemas deteriorados, mediante la experimentación de diversas técnicas que faciliten la propagación y el establecimiento de especies clave en plantaciones forestales. Por medio de estas investigaciones, se ha observado que algunas plantas, conocidas como plantas nodriza, favorecen el establecimiento de árboles en entornos altamente exigentes, incrementando su probabilidad de supervivencia al propiciar condiciones de microambiente más favorables bajo su sombra.
Existen antecedentes del efecto nodriza. Un ejemplo de ello es la interacción entre Lupinus elegans, como planta nodriza, y tres especies de coníferas: Pinus montezumae, Pinus pseudostrobus y Abies religiosa. Esta última es una especie destacable, pues en estos árboles se hospedan las emblemáticas mariposas monarca, que visitan parte del territorio michoacano durante su migración anual. Se ha encontrado que las plántulas (árboles jóvenes) de A. religiosa y P. pseudostrobus se ven favorecidas cuando se plantan simultáneamente con L. elegans. También se ha observado que, al reforestar con plántulas de árboles nativos bajo la sombra de arbustos que ya se encontraban establecidos de manera natural, se favorece su establecimiento.
Acacia farnesiana: Su función en la restauración de algunas zonas de la selva baja caducifolia
Recientemente, se ha observado el efecto nodriza entre dos especies muy representativas de la región de Tierra Caliente: los huizaches (Acacia farnesiana), arbustos propios de la sucesión secundaria del ecosistema de selva baja caducifolia, facilitan el establecimiento y la proliferación de los cueramos (Cordia eleagnoides).
Los huizaches propician temperaturas menos cálidas bajo su sombra. Cuanto mayor es la edad de sucesión que tienen, menor es la temperatura bajo su sombra. Esto favorece a los cueramos en términos de supervivencia y crecimiento en altura. Además, existe evidencia de que el posicionamiento espacial bajo los huizaches puede interferir en su desempeño y que cierto manejo de estos arbustos, como las podas controladas, influye positivamente en el crecimiento de los cueramos que se resguardan bajo su sombra. Se ha observado que esta interacción ocurre de manera natural: las plántulas crecen bajo los huizaches, que funcionan como una malla sombra al encontrarse agrupados formando huizacheras.
Los cueramos adultos son realmente bonitos: se visten de flores blancas en octubre, adornando algunos cerros de la selva, como si se tratara de erráticos pincelazos que contrastan con los tonos verdes del monte y lo embellecen todo. Además, tienen madera de importancia económica, muy duradera, con un fuerte duramen (parte central y más resistente del tronco) y vetas muy bonitas. Se utiliza para la elaboración de pisos, muebles y artesanías.
Las flores de los cueramos envuelven sus semillas, y sus pétalos funcionan como alas que planean con el viento, dispersándolas a grandes distancias (anemocoria). Probablemente, de esta manera llegaron bajo los huizaches, donde encontraron las condiciones adecuadas para establecerse. Lamentablemente, no todas las semillas de los árboles nativos cuentan con métodos de dispersión tan eficientes. Sin embargo, ahí es donde podríamos intervenir nosotros. Quizá los huizaches podrían servir como plantas nodrizas para otras especies arbóreas y no solo para los cueramos, pero esto está por verse.
Jesús Arteaga-Díaz. Facultad de Biología, Laboratorio de Ecología de la Restauración, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Morelia, Michoacán. 1025707J@umich.mx
Mariela Gómez-Romero. Investigadora por México, SECIHTI, Facultad de Biología, Laboratorio de Ecología de la Restauración, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Morelia, Michoacán. mariela.gomez@umich.mx
Blanco-García A., Sáenz-Romero C., Martorell C., Alvarado-Sosa P. y Lindig-Cisneros R. (2011). Nurse-plant and mulching effects on three conifer species in a Mexican temperate forest. Ecological Engineering, 37(6), 994-998. https://doi.org/10.1016/j.ecoleng.2011.01.012
Encino-Ruiz L., Lindig-Cisneros R., Gómez-Romero M. y Blanco-García A. (2013). Desempeño de tres especies arbóreas del bosque tropical caducifolio en un ensayo de restauración ecológica.Botanical Sciences, 91(1), 107-114. https://www.scielo.org.mx/pdf/bs/v91n1/v91n1a9.pdf
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