Ejercicio: la medicina preventiva milagro

ARTÍCULO

Ejercicio: la medicina preventiva milagro

Chantal Charlotte Rosales-Ceja y Rocío del Carmen Montoya-Pérez

Resumen

No existe un medicamento capaz de prevenir tantas enfermedades como el ejercicio, por lo que constituye una de las estrategias de medicina preventiva más eficaces y accesibles para la población. La evidencia científica demuestra que practicar ejercicio de manera regular no solo ayuda a prevenir enfermedades, sino que también mejora el estado general de salud. Entre los mecanismos responsables de estos beneficios destacan las exerquinas, moléculas liberadas por distintos órganos durante la actividad física que permiten la comunicación entre las células. Estas sustancias participan en funciones esenciales, como la regulación del metabolismo, la respuesta inmunitaria, entre otros. Por ello, en este artículo te explicaremos los principales beneficios del ejercicio y el papel que desempeñan las exerquinas para ayudarnos a mantenernos sanos.

Palabras clave: Exerquinas, órganos, salud.

RECIBIDO: 11/02/2025; ACEPTADO: 26/06/2025; PUBLICADO: 31/08/2026

¿Qué son las exerquinas?

Las exerquinas son moléculas de señalización que se liberan durante la realización de ejercicio físico y transmiten información a diferentes órganos y tejidos del cuerpo. Su liberación desencadena cambios bioquímicos que pueden manifestarse de forma inmediata o a largo plazo.

¿Qué hacen las exerquinas?

Las exerquinas desempeñan un papel fundamental en el mantenimiento del equilibrio del metabolismo. El metabolismo comprende el conjunto de reacciones químicas mediante las cuales el organismo transforma los nutrientes obtenidos de los alimentos en energía y en compuestos necesarios para la regulación de las funciones en el organismo.

Otra de sus funciones es contribuir a disminuir el estrés oxidativo. Este fenómeno ocurre cuando existe un desequilibrio entre la producción de radicales libres y la capacidad del organismo para neutralizarlos mediante antioxidantes. Los radicales libres son moléculas inestables que pueden dañar otras moléculas y, con el tiempo, favorecer el desarrollo de enfermedades e incluso acelerar el envejecimiento. En contraste, los antioxidantes ayudan a proteger las células frente a este daño.

Las exerquinas también participan en la regulación del sistema inmunitario. Cuando el organismo sufre una lesión o una infección, el sistema inmunológico identifica y elimina microorganismos o agentes extraños, al tiempo que promueve la reparación de los tejidos afectados. Además, desarrolla memoria inmunológica, lo que permite responder con mayor rapidez ante futuros encuentros con el mismo patógeno. Asimismo, contribuye a regular la inflamación, un proceso esencial para la defensa del organismo que ocurre como respuesta del cuerpo a una infección o lesión.

Las exerquinas pueden viajar por todo el cuerpo

El término exerquinas fue propuesto en 2016 por Klarlund-Pedersen y, desde entonces, se han establecido distintas denominaciones según el órgano que las produce. Por ejemplo, las secretadas por el músculo esquelético se denominan mioquinas; las producidas por el corazón, cardioquinas; y las liberadas por el sistema nervioso central, neuroquinas, entre otras.

Además, las exerquinas pueden actuar de manera local sobre el mismo órgano que las produce o viajar a través del torrente sanguíneo para ejercer sus efectos en otros órganos. Algunos de los órganos y sistemas que producen exerquinas durante el ejercicio son los siguientes:

El músculo esquelético

El músculo esquelético es un tejido muscular estriado que se encuentra adherido a los huesos y es responsable del movimiento voluntario del cuerpo. Su contracción y relajación, en respuesta a las señales del sistema nervioso, permiten realizar los movimientos corporales. Además, contribuye al mantenimiento de la postura, la estabilidad de las articulaciones y la regulación del metabolismo de la glucosa, entre otras vías de señalización.

La práctica regular de ejercicio ayuda a prevenir enfermedades relacionadas con el músculo esquelético, como la osteoporosis y la osteoartritis. Asimismo, favorece el incremento de la masa muscular, lo que se traduce en un aumento de la fuerza y de la densidad mineral ósea. El ejercicio también mejora el tiempo de reacción ante un estímulo, la velocidad de movimiento, la coordinación motora postural, la flexibilidad, el tono muscular y contribuye a prevenir el dolor muscular. Gran parte de estos efectos se atribuye a la producción de mioquinas.

Un ejemplo de mioquina con efectos sobre el músculo esquelético es la apelina, de la cual se ha descrito que favorece la función y la regeneración muscular. En estudios realizados con ratones de edad avanzada, la administración de apelina mejoró la regeneración del tejido muscular, promovió la formación de nuevas mitocondrias y reguló la síntesis de proteínas musculares.

Durante el ejercicio, el músculo esquelético también produce mioquinas como la interleucina-6 (IL-6). Diversos estudios han demostrado que el aumento de esta molécula, ya sea inducido por el ejercicio o mediante su administración en modelos experimentales con ratones, contribuye a reducir los niveles de glucosa posprandial (después de la ingesta de alimentos). Asimismo, se ha observado un incremento en la secreción de insulina en comparación con animales que no realizaron ejercicio o que no recibieron dicho tratamiento.

El corazón

El corazón es un órgano vital cuya función principal es bombear la sangre hacia todo el organismo, por lo que desempeña un papel esencial en el sistema circulatorio. La práctica regular de ejercicio contribuye a prevenir enfermedades cardiovasculares, como los accidentes cerebrovasculares, la hipertensión arterial, la enfermedad arterial coronaria, la enfermedad vascular periférica, la insuficiencia cardíaca y la embolia pulmonar, entre otras.

Asimismo, se ha demostrado que la actividad física incrementa el volumen de sangre circulante, mejora los niveles de colesterol HDL o lipoproteínas de alta densidad («colesterol bueno»), disminuye las concentraciones de colesterol LDL o lipoproteínas de baja densidad («colesterol malo») y reduce los niveles de colesterol total y de triglicéridos.

Además, algunos estudios en ratas de edad avanzada han mostrado que el ejercicio favorece el aumento de la microvascularización y la expresión de la exerquina angiopoyetina I, una proteína involucrada en la formación de nuevos vasos sanguíneos, en comparación con animales que no fueron ejercitados.

El cerebro

El cerebro es el órgano principal del sistema nervioso central y se encarga de controlar y coordinar funciones como el movimiento, los procesos cognitivos y la percepción sensorial, entre muchas otras.

La práctica de ejercicio aporta numerosos beneficios para el funcionamiento cerebral, ya que ayuda a prevenir el deterioro cognitivo, las enfermedades neurodegenerativas, la depresión, la ansiedad, la demencia, la enfermedad de Alzheimer y la pérdida de funciones como la memoria y la atención. Además, favorece la formación de nuevas conexiones neuronales, incrementa la vascularización cerebral y estimula la neurogénesis.

Gran parte de estos beneficios se atribuye a las mioquinas liberadas por el músculo esquelético durante la actividad física. Entre ellas destaca el factor de crecimiento perteneciente a la familia de las neurotrofinas (BDNF), una molécula que participa en la plasticidad sináptica y ejerce un importante efecto neuroprotector.

Tejido adiposo

El tejido adiposo es un tipo de tejido conectivo distribuido en distintas regiones del cuerpo y está compuesto principalmente por adipocitos blancos y adipocitos pardos. Los adipocitos blancos almacenan energía en forma de grasa y, cuando se acumulan en exceso, favorecen la producción de moléculas asociadas con procesos inflamatorios. En cambio, los adipocitos pardos participan en la regulación de la temperatura corporal y en el consumo de energía, por lo que se consideran metabólicamente beneficiosos.

Se ha descrito que el ejercicio incrementa los niveles plasmáticos de la exerquina irisina. A su vez, esta molécula favorece el proceso de pardeamiento, mediante el cual el tejido adiposo blanco adquiere características del tejido adiposo pardo.

Actividad física y ejercicio

La actividad física comprende cualquier movimiento corporal realizado de forma habitual, como el que se lleva a cabo durante las labores domésticas o las actividades cotidianas. En cambio, el ejercicio consiste en una actividad física planificada, estructurada e intencional, cuyo objetivo es mejorar o mantener la condición física mediante el entrenamiento de la resistencia, la fuerza o la flexibilidad, con diferentes niveles de intensidad.

Diversas organizaciones, como el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), el Colegio Americano de Medicina del Deporte (ACSM) y la Asociación Americana del Corazón (AHA), recomiendan realizar ejercicio o actividad física como parte de un estilo de vida saludable.

¿Qué ejercicio realizar?

La rutina de ejercicio debe adaptarse a las necesidades, capacidades y condiciones de salud de cada persona. La intensidad del ejercicio se refiere al nivel de esfuerzo que se realiza durante la actividad física. La intensidad baja implica un esfuerzo de entre el 20 y el 30 % durante al menos 30 minutos al día, cinco días por semana. La intensidad moderada corresponde a un esfuerzo de entre el 50 y el 60 % durante al menos 30 minutos al día, también cinco días por semana. Por su parte, la intensidad alta requiere un esfuerzo de entre el 70 y el 80 % durante al menos 20 minutos al día, al menos tres veces por semana.

Las actividades aeróbicas, por ejemplo, de intensidad moderada o alta, son especialmente recomendables para las personas adultas mayores. En adultos que requieren perder peso o mantener un peso saludable, se recomienda realizar entre 60 y 90 minutos de ejercicio de intensidad moderada al menos cinco días por semana. En el caso de niñas, niños y adolescentes, se recomienda un mínimo de 60 minutos diarios de ejercicio de intensidad moderada o alta cinco días por semana.

Por otra parte, el ejercicio de larga duración y alta intensidad se ha asociado con un mayor aumento en la producción de mioquinas, en comparación con el ejercicio de intensidad moderada. En cambio, este último se ha relacionado con una mejor regulación de la respuesta inmunitaria. No obstante, existen numerosos factores, como la edad, el estado de salud y la condición física, que deben considerarse para determinar cuál es la rutina de ejercicio más adecuada para cada persona.

El ejercicio constituye una de las herramientas de prevención de enfermedades más eficaces, ya que contribuye a reducir el riesgo de múltiples padecimientos y favorece la salud integral. Gran parte de estos beneficios se atribuye a la acción de las exerquinas;por ello, incorporar el ejercicio de forma regular a nuestra vida cotidiana nos ayudará a mantenernos sanos.

Chantal Charlotte Rosales-Ceja. Estudiante del Programa de Doctorado en Ciencias en Biología Experimental, Instituto de Investigaciones Químico-Biológicas, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Michoacán. 1419659g@umich.mx

Rocío del Carmen Montoya-Pérez. Profesora e investigadora responsable del Laboratorio de Fisiología Muscular, Instituto de Investigaciones Químico-Biológicas, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Michoacán. rocio.montoya@umich.mx

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