ARTÍCULO
El silencio de las abejas: el efecto nocivo de los neonicotinoides
Blanca P. Castellanos-Potenciano y Eder Ramos-Hernández
Resumen
¿Sabías que existen insecticidas para combatir plagas que pueden permanecer activos por años en el suelo, el agua y en las mismas plantas? Su efecto en los insectos como las abejas va desde la muerte hasta la incapacidad física y neuronal. Un ejemplo son los insecticidas neonicotinoides que, al ser aplicados en cultivos, contaminan a las abejas, la miel y otros subproductos. Sin embargo, aún no se comprende hasta qué nivel podrían dañar la salud humana al consumir alimentos con estos agroquímicos. Dejándonos con la duda, sí podríamos presentar efectos similares a las abejas por la exposición a estos insecticidas.
Palabras clave: Abejas, insecticidas, miel.
RECIBIDO: 03/03/2025; ACEPTADO: 08/07/2025; PUBLICADO: 31/08/2026
¿Qué son los neonicotinoides y cómo dañan a las abejas?

Aunque el nombre nos enreda el habla como un trabalenguas, los neonicotinoides son insecticidas que deben su nombre a la sustancia activa que contienen (la nicotina) y al efecto neurotóxico que provocan en los insectos. Si bien estos insecticidas no son los únicos que se comercializan en el mercado de agroquímicos, sí son de los más utilizados a nivel mundial, principalmente en países donde no existe una legislación clara para frenar su distribución.
Estas sustancias salieron al mercado en los años noventa y se han utilizado de manera generalizada en las ciudades y en el campo para combatir diversos insectos. Por ser derivados de la nicotina, los neonicotinoides atacan las células nerviosas; es decir, actúan como agentes neurotóxicos que sobreestimulan la transmisión de impulsos en el sistema nervioso central hasta causar la muerte del insecto.
Por su composición química, se ha demostrado que los neonicotinoides persisten en el medioambiente durante meses y, en algunos casos, años. Su efecto es acumulativo, tanto en los insectos como en el ambiente, por lo que pueden generar un daño crónico y generalizado en los ecosistemas, ya que pueden limitar el proceso de polinización que realizan los insectos, vital para la biodiversidad genética y la seguridad alimentaria del ser humano.
Para los insectos, estos agroquímicos representan un riesgo continuo, particularmente para las abejas de miel (Apis mellifera L.). Investigaciones recientes han demostrado que la exposición a estos neonicotinoides ha contribuido a que se presenten episodios de muerte masiva de abejas, lo que limita la producción apícola en todo el mundo.
¿Cómo entran en contacto las abejas con los neonicotinoides?
Se han observado dos formas en las que las abejas pueden estar en contacto con estos insecticidas: la directa y la indirecta. La exposición directa es la forma más observable y alarmante. En este caso, las abejas entran en contacto con el insecticida cuando vuelan fuera de la colmena y llegan a áreas donde este se acaba de aplicar o bien cuando se encuentran en el área durante su aplicación. Por lo tanto, las abejas pueden morir inmediatamente en el campo o en la entrada de la colmena. A esto también se le conoce como «muerte por efecto tóxico agudo», ya que el deceso de las abejas es rápido.
La otra vía de exposición es la indirecta y ocurre cuando las abejas recolectan alimento contaminado con el insecticida, lo comparten con otras abejas y lo almacenan en sus panales, por lo que toda la colonia puede quedar expuesta a dosis subletales (dosis ligeramente inferiores a la dosis mortal) de estas sustancias. Después de una aplicación en el campo de sustancias con neonicotinoides, estos permanecen y se acumulan tanto en el suelo como en el cuerpo de las plantas. Posteriormente, el insecticida puede ser absorbido por las plantas e integrarse al néctar y al polen de las flores, tanto de especies cultivadas como silvestres, que forman parte de la dieta de las abejas.
Entonces, ¿qué tanto es tantito para las abejas?

Si bien la muerte por la exposición directa es la más evidente, también se ha demostrado que la exposición constante a dosis subletales de estos insecticidas provoca daño fisiológico y neurotóxico. De forma específica, el mecanismo de acción de estas sustancias químicas consiste en causar daño neuronal, lo que repercute en alteraciones del comportamiento entre las abejas que no mueren, pero que han sido expuestas al insecticida.
Las investigaciones científicas han reportado efectos negativos como una baja eficiencia en la colecta de alimento, pérdida de capacidad visual y desorientación durante el vuelo y la navegación, además de deterioro en el desarrollo de las crías y, por ende, un desarrollo deficiente en las abejas adultas, con problemas metabólicos (pérdida de tono muscular y disminución del tamaño de la abeja), problemas reproductivos (baja motilidad de los espermatozoides en los zánganos, lo que puede limitar la postura de la reina), así como una mayor susceptibilidad a enfermedades causadas por bacterias, virus y hongos, que pueden llevar a la muerte de colmenas completas.
Así, vemos cómo estos insecticidas afectan a las abejas. Sin embargo, su presencia y permanencia en el ambiente también pueden contaminar los subproductos apícolas, como la miel.
¿Cómo se contaminan los productos apícolas?
La contaminación de los productos apícolas es un daño colateral, ya que los neonicotinoides se acumulan en el néctar y el polen de las flores, que son almacenados para posteriormente alimentar a todas las abejas de la colmena y también son aprovechados por el ser humano, como es el caso de la miel.
En la miel, los residuos de los neonicotinoides pueden acumularse, al igual que en los panales de cera dentro de la colmena. La cera tiene la capacidad de acumular y mantener los neonicotinoides a lo largo del tiempo, por lo que un panal de cera contaminado con estos insecticidas puede contaminar la nueva miel almacenada. En un estudio realizado por Mitchell y colaboradores en 2017, con muestras de miel de diferentes países, se demostró que el 75 % de las mieles analizadas estaban contaminadas con al menos un tipo de insecticida neonicotinoide.
En los países de la Unión Europea, las corporaciones Bayer y Syngenta lanzaron campañas de difusión en las que afirmaban que «los neonicotinoides, si se utilizan de manera responsable y de acuerdo con las recomendaciones de uso, no representan un riesgo para las abejas y otros polinizadores», con el objetivo de frenar las restricciones a la venta de sus insecticidas en esos países. A pesar de ello, en 2018, el Tribunal General de la Unión Europea dictaminó mantener las restricciones al uso de tres insecticidas neonicotinoides peligrosos para las abejas: imidacloprid®, clotianidina® y tiametoxam®. Esto debido a que el principio de precaución de la Unión Europea «da prioridad a la protección de la salud pública, la seguridad y el medioambiente sobre los intereses económicos», lo que representa un logro para la sociedad, que ya reconoce la necesidad de utilizar insecticidas menos agresivos.
En países como México se han llevado a cabo algunas investigaciones para conocer la presencia de neonicotinoides en la miel y la cera de las abejas. Por ejemplo, en muestras de miel tomadas en algunos puntos de la Comarca Lagunera y en estados del centro del país, se encontraron residuos de un neonicotinoide llamado acetamiprid®, en cantidades que exceden los límites máximos permisibles por la Unión Europea (límite máximo de residuos = 0.05 mg/kg), de acuerdo con lo reportado por Vargas-Valero y colaboradores en 2020.

Y en México, ¿qué institución regula el uso de insecticidas?
En materia del registro de insecticidas —llamados «plaguicidas» en la norma— autorizados en México, participan tres dependencias gubernamentales: la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS), la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) y la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (AGRICULTURA), que tienen la responsabilidad de proteger el medioambiente y la salud humana al evaluar y emitir las recomendaciones necesarias para el uso de los insecticidas. Sin embargo, en comparación con los países europeos, aún existe un rezago en la normatividad sobre la distribución, las dosis y los efectos nocivos de estas sustancias. Esto no quiere decir que no se esté trabajando en ello; sin embargo, aún es necesaria la investigación que brinde argumentos y facilite la toma de decisiones en dichas instituciones.
Y aunque cada vez hay más evidencia que respalda el impacto negativo de estos insecticidas en la producción apícola, aún falta más trabajo de investigación que ayude a proponer estrategias para mantener la salud de las abejas y de los ecosistemas, así como comprender hasta qué grado pueden llegar a comprometer la salud humana. Esto plantea la pregunta de si estos daños neurotóxicos también podrían presentarse en el ser humano al consumir insecticidas en microdosis contenidas en los alimentos.
¿Será que llevamos el mismo camino que las abejas? Y, si es así, ¿estamos preparados para enfrentar efectos similares por la exposición continua a estos insecticidas?
Blanca P. Castellanos-Potenciano. Investigadora en el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP CIRGOC), Campo Experimental Huimanguillo, Tabasco. castellanos.blanca@inifap.gob.mx
Eder Ramos-Hernández. Investigador en el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP CIRGOC), Campo Experimental Huimanguillo, Tabasco. ramos.eder@inifap.gob.mx
Macias-Macias J.O., Tapia-González J.M., Contreras-Escareño F., Guzmán-Novoa E., Medina-Flores C.A. y De la Mora-Peña A. (2018). El efecto de los agroquímicos sobre las abejas melíferas (Apis mellifera) y su relación con el síndrome del colapso de las colonias. En Herrera-Camacho, et. al., Avances de la investigación sobre producción animal y seguridad alimentaria en México, Eds. C.J. y Chay C. J., 161-169 pp. Morelia, Mich. http://ricaxcan.uaz.edu.mx/jspui/handle/20.500.11845/974
Mitchell E.A.D., Mulhauser B., Mulot M., Mutabazi A., Glauser G. y Aebi A. (2017). A worldwide survey of neonicotinoids in honey. Science, 358(6359), 109-111. doi: 10.1126/science.aan3684
Vargas-Valero A., Reyes-Carrillo J., Moreno-Reséndez A., Véliz-Deras F., Gaspar-Ramírez O. y Rodríguez-Martínez R. (2020). Residuos de plaguicidas en miel y cera de colonias de abejas de La Comarca Lagunera. Abanico veterinario, 10(1), 1-16. https://abanicoacademico.mx/revistasabanico/index.php/abanico-veterinario/article/view/250/417











