¿A pie, en coche o en nanopartícula?

ARTÍCULO

¿A pie, en coche o en nanopartícula?

Jenaro Lemus-De la Cruz y Alfredo Saavedra-Molina

Resumen

Los medicamentos prescritos por los médicos cuando estamos enfermos deben enfrentar una verdadera travesía desde el momento en que son administrados, ya que tienen que sortear diversos obstáculos y barreras para llegar íntegros hasta su destino y cumplir con el objetivo de mejorar nuestro estado de salud. La industria farmacéutica es la encargada de producir los medicamentos, así como de llevar a cabo las investigaciones y los procesos de control de calidad necesarios para garantizar que sean seguros y tengan el efecto deseado. Un aspecto clave es la velocidad con la que los medicamentos llegan a su destino y, precisamente, en este punto es donde entra en juego el uso de las nanopartículas. Estas permiten controlar la velocidad de transporte de los medicamentos, que puede ser lenta, rápida o ultrarrápida.

Palabras clave: Medicamentos, nanopartículas, transporte.

RECIBIDO: 24/03/2025; ACEPTADO: 08/08/2025; PUBLICADO: 31/08/2026

Preparando el viaje

Todos los días tenemos la necesidad de trasladarnos al trabajo, a la escuela o al gimnasio; en fin, a cualquier lugar donde debamos realizar alguna actividad. Para trasladarnos necesitamos algún medio de transporte que se adapte a nuestras necesidades. Por ejemplo, cuando solo debemos ir a comprar algún artículo a la tienda de la esquina, generalmente vamos caminando debido a la corta distancia. Sin embargo, cuando necesitamos recorrer largas distancias, hacemos uso de medios de transporte que puedan llevarnos de manera rápida, segura y eficaz. Por lo tanto, dependiendo de la distancia y de la urgencia, podemos utilizar automóviles, motocicletas o aviones, por mencionar algunos.

Sea cual sea el medio de transporte que utilicemos y seamos o no los conductores del vehículo, durante el trayecto siempre pueden presentarse obstáculos, como el tráfico o los límites de velocidad. Por ello, tenemos que mantenernos concentrados en el camino y en la conducción para evitar accidentes, tanto con nuestro vehículo como con otros, y así prevenir contratiempos que nos impidan llegar a nuestro destino.

Aunque no lo parezca, los medicamentos también necesitan transportarse hasta el lugar donde deben cumplir su función. Al igual que un vehículo, que únicamente sirve para transportarnos y, una vez que llegamos a nuestro destino, somos nosotros quienes realizamos las actividades que tenemos previstas, en el caso de los medicamentos, la sustancia que produce el efecto sobre la salud se denomina principio activo.

Aunque el principio activo es el responsable del efecto terapéutico, no se administra por sí solo, ya que esto implicaría que dicha sustancia tuviera que recorrer un camino lleno de obstáculos y, en ocasiones, cientos de kilómetros dentro del organismo, por lo que sería muy probable que no llegara a su destino o, al menos, que no lo hiciera en las mejores condiciones. Debido a esto, el principio activo debe transportarse en una forma adecuada. A este sistema, que contiene el principio activo y permite su administración, se le conoce como forma farmacéutica, es decir, la presentación final del medicamento, como cápsulas, tabletas, suspensiones o ampolletas. La forma farmacéutica permite proteger al principio activo durante su trayecto dentro del organismo.

La travesía de los medicamentos

Una vez que el principio activo cuenta con su medio de transporte, es decir, su forma farmacéutica, puede ser administrado a una persona e iniciar su viaje. El primer objetivo del principio activo es llegar a la circulación sanguínea sistémica, que involucra una red de vasos sanguíneos —arterias, venas y capilares— que se asemeja a las carreteras por las que se transporta a cualquier parte del organismo.

Existen varias vías por las que puede iniciarse el trayecto de un medicamento, dependiendo del sitio y el medio de administración. Por ejemplo, los medicamentos administrados por vía intravenosa ingresan directamente a la circulación sanguínea, por lo que no requieren ningún trayecto adicional. En el caso de los medicamentos administrados por vía intramuscular, estos se aplican mediante una inyección en el tejido muscular y, a partir de ahí, son absorbidos hacia la sangre. Esta vía es un poco más tardada, pero también es efectiva. Sin embargo, la principal vía de administración es la oral, que es la menos dolorosa, pero enfrenta más obstáculos durante el trayecto de la forma farmacéutica que las otras dos vías mencionadas.

Para que el principio activo pueda llegar a la circulación sanguínea por vía oral, una vez ingerido, debe recorrer un camino largo. Al inicio, este trayecto se asemeja a un camino de terracería que puede provocar que no llegue en las mejores condiciones a su siguiente destino. El recorrido comienza en la boca, continúa por el esófago y finalmente llega a la parte más peligrosa de este trayecto inicial: el estómago. Allí debe enfrentarse al jugo gástrico, en donde el principio activo puede sufrir algunas alteraciones y no llegar a su destino en las mejores condiciones. Después de sortear este camino de terracería, pasa a una carretera con mejores condiciones, aunque todavía puede resultar algo peligrosa: el intestino delgado. Una vez que el principio activo llega a este lugar, debe incorporarse a la circulación sanguínea, desde donde finalmente puede transportarse hasta su destino.

Debido a todos los obstáculos que deben enfrentar los medicamentos, en años recientes los investigadores han tratado de mejorar este proceso mediante diferentes estrategias. Una de ellas es la aplicación de nanopartículas que funcionan como transportadores de los medicamentos, una novedosa forma farmacéutica.

¿Qué es una nanopartícula?

Una nanopartícula es una estructura muy pequeña, con dimensiones de apenas 1 a 100 nanómetros (nm) de diámetro. Esto equivale aproximadamente a 10 millones de veces menos que el tamaño de un grano de sal, por lo que observar estas estructuras es imposible para el ojo humano.

Actualmente, existen diferentes tipos de nanopartículas, pero podemos clasificarlas en tres grandes grupos. El primero corresponde a las nanopartículas orgánicas, constituidas principalmente por lípidos y poliamidas. El segundo son las nanopartículas inorgánicas, formadas principalmente por metales como la plata, el titanio o el oro, o bien, por óxidos metálicos, como las nanopartículas de óxido de zinc (ZnO). El tercer tipo corresponde a las nanopartículas a base de carbono, formadas únicamente por cientos o miles de átomos de carbono.

A pesar de estar constituidas por el mismo elemento que el grafito de un lápiz o el diamante de una joya, estas nanopartículas presentan una organización a escala atómica que les confiere propiedades físicas, químicas y ópticas completamente distintas y extraordinarias, lo que les permite tener aplicaciones en campos muy diversos, desde la medicina hasta la electrónica. Sus propiedades varían considerablemente dependiendo de su estructura específica, como en el caso de los fullerenos y los nanotubos, entre otros.

¿Qué beneficios tienen las nanopartículas para el transporte de los medicamentos?

Las investigaciones recientes han propuesto que las nanopartículas presentan propiedades únicas que permiten acortar el tiempo que tarda el principio activo de los medicamentos en llegar a la circulación sanguínea. Por lo tanto, el medicamento llega en mejores condiciones hasta su sitio de destino, lo que puede favorecer un mayor efecto.

Si lo pensamos así, las nanopartículas serían como un automóvil de carreras de alta velocidad. El tiempo que el medicamento permanece en el estómago y, posteriormente, en el intestino delgado, sería menor en comparación con los medicamentos convencionales. Por lo tanto, el principio activo llegaría más rápido hasta su destino y el efecto sería mayor.

En el caso de la administración de medicamentos y del área médica en general, se ha reportado el uso de nanopartículas orgánicas, debido a que, por su naturaleza, son más compatibles con los seres vivos. Por otro lado, las nanopartículas inorgánicas ya se utilizan como agentes de diagnóstico en esta área, debido a que presentan propiedades ópticas y magnéticas muy particulares. Mientras tanto, su uso en la administración de medicamentos continúa en investigación, aunque los resultados reportados por los investigadores son prometedores.

De esta manera, en un futuro próximo, muchos principios activos formulados con nanopartículas podrían ser más efectivos y específicos, debido a que serían transportados hasta el sitio donde se requieren, de manera ultrarrápida y sin pérdida de sus funciones.

Jenaro Lemus-De la Cruz. Estudiante del Doctorado en Ciencias en Biología Experimental, Instituto de Investigaciones Químico-Biológicas, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Morelia, Michoacán. 1315680c@umich.mx

Alfredo Saavedra-Molina. Profesor e investigador, Instituto de Investigaciones Químico-Biológicas, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Morelia, Michoacán. francisco.saavedra@umich.mx

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