Número 89
ARTÍCULO
RECIBIDO: 18/03/2025; ACEPTADO: 09/08/2025; PUBLICADO:23/10/26
Cuando el cristal secuestra tu cerebro
Itzel Sarahi Zepeda-Beltrán
Resumen
En las neurociencias, el placer es una sensación de bienestar vinculada a la liberación de dopamina y la activación del circuito de recompensa. Este circuito incluye algunas áreas específicas del cerebro responsables de la motivación, la búsqueda de recompensas y la toma de decisiones. Sin embargo, el consumo de sustancias como el cristal altera el equilibrio químico del cerebro, generando una alteración en la activación del circuito de recompensas. Estas alteraciones son las responsables de producir los patrones de consumo compulsivo, afectando la salud mental de las personas y causando la adicción.
Palabras clave: Cerebro, cristal, neurociencias, placer.
La química del circuito del placer
La mayoría de nosotros comprende el placer como una sensación de bienestar, como la que experimentamos al comer un buen plato de nuestra comida preferida. Sin embargo, las experiencias que nos generan placer pueden adoptar diversas formas. Aunque el placer es un proceso universal, también es profundamente complejo: involucra una serie de estructuras cerebrales y sustancias químicas que hacen posible que lo experimentemos.
La dopamina es uno de los protagonistas de este viaje hacia el placer. Se trata de un neuromodulador, es decir, una sustancia química que influye en la forma en que las neuronas se comunican entre sí y que desempeña un papel clave en la activación del denominado «circuito de recompensa», un conjunto de estructuras interconectadas que coordinan una serie de comunicaciones neuronales.
Este circuito incluye la participación de estructuras como el área tegmental ventral (ATV), una pequeña región situada en el tronco cerebral, justo por debajo del tálamo, que desempeña un papel fundamental en la regulación de la motivación; es decir, influye en la forma en que nos sentimos impulsados a alcanzar una meta. La liberación de dopamina en el ATV nos motiva a llevar a cabo acciones que se perciben como placenteras, como comer nuestra comida preferida.
En el caso del consumo de cristal, las acciones que pueden producir placer podrían parecer poco obvias. Por ello, es importante explicar lo siguiente. A corto plazo, el consumo de esta sustancia genera una serie de síntomas fisiológicos y cognitivos que pueden ser percibidos por el sistema cerebral como placenteros. El cristal es el nombre coloquial de la metanfetamina, un estimulante sintético muy potente y altamente adictivo que suele presentarse en forma de cristales transparentes o blanco-azulados, similares a fragmentos de vidrio. Como metanfetamina, afecta directamente al sistema nervioso central y provoca la liberación de una gran cantidad de dopamina en el cerebro, un neurotransmisor asociado con el placer y la recompensa.
Los síntomas asociados con el consumo de cristal son:
Dilatación de las pupilas.
Aumento en la temperatura corporal (hipertermia).
Aumento de la energía y de la actividad motora.
Reducción del apetito.
Sensación de euforia.
Disminución de la fatiga y el aumento del estado de alerta.
Pensamiento acelerado y la sensación de hiperactividad mental.
Estos síntomas, que se producen de forma inmediata después del consumo de cristal, desempeñan un papel importante en el establecimiento de la conducta adictiva.
¿Núcleo accumbens?
Otra de las áreas implicadas en el circuito de recompensa es el núcleo accumbens, una masa de células nerviosas ubicada en la parte anterior del cerebro, cerca del tálamo. Este núcleo está profundamente implicado en la búsqueda de recompensas, un proceso que ocurre cuando nos esforzamos por obtener placer inmediato, sin considerar si esto tendrá consecuencias negativas o poco beneficiosas a largo plazo.
En el ejemplo de nuestra comida favorita, la dopamina se libera en el núcleo accumbens, lo que activa esta área y la convierte en una especie de «motor» que nos impulsa a comer en exceso, incluso cuando ya nos sentimos saciados. En el caso del consumo de cristal, el refuerzo positivo generado por la dopamina puede llevarnos a buscar repetidamente los efectos fisiológicos y cognitivos «placenteros» que produce la sustancia, a pesar de sus graves resultados.
Sin embargo, el núcleo accumbens y el ATV no son las únicas estructuras del sistema de recompensa que contribuyen al establecimiento de la adicción. La corteza prefrontal (CPF) también desempeña un papel fundamental en este proceso. Ubicada justo detrás de la frente, la CPF está principalmente asociada con la toma de decisiones y la planificación de la conducta. En resumen, ayuda a regular nuestro comportamiento y a orientar nuestras acciones hacia beneficios perdurables, actuando como una especie de «freno» ante conductas que podrían resultar perjudiciales.
Sin embargo, la capacidad de la CPF para regular nuestra conducta y guiarnos hacia decisiones que nos beneficien a largo plazo puede verse afectada por los cambios asociados con el consumo de cristal. Como resultado, la influencia del ATV y del núcleo accumbens sobre el comportamiento puede llegar a superar la función reguladora de la CPF.
Mientras el consumo inicial de cristal altera el funcionamiento del circuito de recompensa, el cerebro comienza a desensibilizarse ante el incremento de dopamina. Es decir, la respuesta del organismo disminuye y los síntomas inicialmente percibidos como «placenteros» se experimentan con menor intensidad. A este proceso de desensibilización y reducción de la respuesta del organismo ante la sustancia se le conoce como tolerancia.
La tolerancia puede dar lugar a otro fenómeno conocido como dependencia. A medida que disminuye el efecto placentero, el núcleo accumbens y el ATV pueden activarse aún más, impulsando a la persona a consumir con mayor frecuencia o en dosis más altas para intentar recrear los efectos iniciales de la sustancia. Este proceso refuerza el ciclo de la adicción, en el que el consumo continuo se vuelve necesario para recuperar momentáneamente la sensación de placer.
Es importante aclarar que, a largo plazo, el consumo de cristal puede ocasionar, entre otras cosas:
Dificultades en la memoria y la concentración.
Enfermedades mentales como la esquizofrenia.
Enfermedades cardiovasculares y otros problemas de salud.
Por último, pero no menos importante, el consumo prolongado de cristal suele generar problemas en las relaciones interpersonales debido a la dependencia y la tolerancia que puede generar la sustancia en las personas que la consumen.
El precio de la sobreestimulación
Como habrás notado hasta este punto de la lectura, el precio que se paga a nivel cerebral como consecuencia de la sobreestimulación del circuito de recompensa es muy alto. Sin embargo, intentaré explicar brevemente dos aspectos que permiten comprender mejor los efectos de esta sustancia. El primero está relacionado con el proceso de estrés oxidativo y el segundo, con la neurotoxicidad asociada a la dopamina durante el consumo de cristal.
Para empezar, recordemos que uno de los síntomas asociados al consumo de cristal es la hipertermia, es decir, el aumento de la temperatura corporal. Este fenómeno puede acelerar la producción de radicales libres en el organismo. Los radicales libres son moléculas altamente reactivas que, en grandes cantidades, pueden causar daños significativos en el cerebro y alterar la estructura de las neuronas. Como consecuencia, estas pueden perder su capacidad para comunicarse entre sí y establecer nuevas conexiones, lo que afecta diversas funciones cognitivas y emocionales.
Otro aspecto importante es que la dopamina, aunque es un neuromodulador esencial para diversas funciones, puede volverse neurotóxica en determinadas condiciones, como cuando existe un desequilibrio en sus niveles, principalmente un aumento excesivo. En pocas palabras, la dopamina puede comenzar a oxidarse en el cerebro. Este proceso ocurre cuando la mitocondria, una estructura especializada que se encuentra en el interior de las neuronas y es responsable de generar energía para su funcionamiento, produce moléculas conocidas como especies reactivas de oxígeno (ROS, por sus siglas en inglés). Estas moléculas están asociadas con procesos que pueden conducir a la muerte celular programada de las neuronas (apoptosis neuronal).
La apoptosis de las neuronas dopaminérgicas en áreas clave, como el hipocampo, puede dificultar la formación de nuevas conexiones neuronales. Como resultado, las personas que consumen cristal pueden experimentar problemas para recordar detalles importantes de experiencias pasadas y para aprender nueva información que podría ser relevante en el futuro.
Incluso, la neurotoxicidad de la dopamina puede afectar otras áreas, como la sustancia negra, una región del mesencéfalo —parte superior del tallo cerebral— que contiene una gran cantidad de neuronas dopaminérgicas asociadas con el control motor. Su deterioro en personas que consumen cristal de manera problemática puede causar síntomas similares a los de algunas enfermedades neurodegenerativas, como dificultades en la coordinación motora, temblores o rigidez muscular.
Como podrás imaginarte, si has llegado hasta el final de la lectura, el camino hacia la rehabilitación no es sencillo y requiere apoyo profesional y, sobre todo, mucha empatía hacia las personas que enfrentan este problema de salud mental. Es fundamental abordar la rehabilitación comprendiendo que la adicción tiene un impacto directo en el cerebro, para que las personas puedan recuperar el control de sus vidas.
Itzel Sarahi Zepeda-Beltrán. Profesora de la Licenciatura en Psicología, Facultad de Ciencias Humanas, Universidad Autónoma de Baja California. Mexicali, Baja California. i32611@uabc.edu.mx
National Institute on Drug Abuse. (2020). Las drogas, el cerebro y la conducta: La ciencia de la adicción. National Institutes of Health. https://nida.nih.gov/es/publicaciones/las-drogas-el-cerebro-y-la-conducta-la-ciencia-de-la-adiccion/las-drogas-y-el-cerebro
Organización Mundial de la Salud. (2004). Neurociencia del consumo y dependencia de sustancias psicoactivas. https://iris.who.int/bitstream/handle/10665/42865/924359124X.pdf?sequence=1&isAllowed=y
Robledo P. (2008). Las anfetaminas. Trastornos Adictivos, 10(3), 166-174. https://doi.org/10.1016/S1575-0973(08)76363-3
Contenido SM 89
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