Número 89
ARTÍCULO
RECIBIDO: 27/06/2024; ACEPTADO: 13/03/2025; PUBLICADO: 23/10/26
Pequeños aliados, microbiota intestinal y autismo
Daniel Medina-Karr y Néstor Casillas-Vega
Resumen
El autismo o trastorno del espectro autista (TEA) puede estar relacionado con desequilibrios en la microbiota intestinal. Estudios sugieren que los niños con autismo presentan diferencias significativas en la composición de su microbiota, con una mayor presencia de ciertos géneros bacterianos y una menor presencia de otros. Este desequilibrio podría influir en los síntomas del TEA, incluidos los problemas gastrointestinales y conductuales. Se están explorando intervenciones como probióticos, prebióticos y dietas específicas para modular la microbiota y mejorar estos síntomas. La investigación sobre la conexión entre la microbiota intestinal y el cerebro podría abrir nuevas vías para tratar el autismo y mejorar la calidad de vida de las personas afectadas.
Palabras clave: Dieta, microbiota, trastorno del espectro autista.
La microbiota intestinal y el autismo
El autismo, también conocido como trastorno del espectro autista (TEA), es un grupo de condiciones en las que se alteran ciertos procesos de maduración del cerebro, lo que afecta de manera diversa la actividad cerebral, así como la capacidad para desarrollar actividades cotidianas, como la comunicación verbal o no verbal, las interacciones sociales y las funciones cognitivas. También puede afectar la comunicación oral, la interacción socioemocional, el desarrollo intelectual y las funciones motoras y de aprendizaje, así como generar conductas autorrestrictivas, obsesivas y repetitivas.
Es normal que pueda identificarse desde edades muy tempranas de la vida; suele sospecharse aproximadamente a los 18 meses de edad. Inclusive, algunos niños pueden parecer bastante sanos antes de presentar síntomas; sin embargo, en algún momento y de manera misteriosa, pierden habilidades comunicativas que ya habían adquirido.
Uno de los síntomas más característicos es que las personas con autismo suelen tener problemas relacionados con la alimentación y pueden ser catalogadas como quisquillosas. Pueden presentar dificultades a la hora de degustar alimentos, asociadas con problemas sensoriales relacionados con la comida, debilidad de la musculatura de la mandíbula para masticar y pasar demasiado tiempo comiendo. Asimismo, esto también puede deberse a que, durante la primera infancia, los niños están expuestos a nuevas experiencias con la comida. Estas experiencias son interacciones sensoriales importantes que incluyen nuevos sabores, colores, temperaturas, olores y texturas.
Es normal que, debido a la edad, exista un rechazo a probar nuevos alimentos; sin embargo, en estos pacientes, esta desaprobación no mejora con el tiempo y provoca rechazo hacia cierto tipo de alimentos, lo cual puede afectar de manera bastante negativa su ingesta de nutrientes y la calidad de su dieta.
¿Cómo sucede?
Aunque actualmente se desconoce la causa exacta, existe una serie de factores relacionados con el trastorno. Se suelen identificar síntomas o causas relacionadas con aspectos comunicativos y psiquiátricos, así como con factores ambientales, como la contaminación del aire, la exposición a plaguicidas, las infecciones maternas, las afecciones inflamatorias, los factores dietéticos o el consumo de antibióticos por parte de la madre durante el embarazo. También existen sospechas de una posible afectación genética o de un desequilibrio en las funciones de los microorganismos que habitan en el intestino del infante, es decir, la microbiota.
El eje microbiota intestinal-cerebro sugiere que existe una comunicación entre la microbiota y el cerebro que podría estar relacionada con algunas discapacidades neurológicas. Por lo tanto, es necesario conocer y comparar la microbiota intestinal de niños con y sin autismo.
¿La microbiota intestinal es capaz de detectar el autismo?
Existe una conexión sorprendente entre nuestro intestino y el cerebro. Este vínculo, conocido como eje microbiota intestinal-cerebro, permite que los millones de microorganismos que viven en nuestro intestino se comuniquen con nuestro cerebro. La mezcla de bacterias en nuestro intestino puede influir en cómo funciona nuestro cerebro y cómo respondemos al estrés. Además, la inflamación en el cerebro, llamada neuroinflamación, está relacionada con varias enfermedades mentales. Aquí es donde entran en juego los psicobióticos, que son probióticos o prebióticos especiales. Estos pueden ayudar a mejorar nuestra salud mental al equilibrar la microbiota intestinal. Por ende, la actividad que ocurre dentro de este eje microbiota intestinal-cerebro puede proporcionar información para estudiar el autismo en los menores.
¿Qué sucede en el intestino de una persona con autismo?
Además de los síntomas principales, las personas con autismo suelen presentar problemas gastrointestinales y trastornos de la alimentación. En cuanto a los problemas gastrointestinales (es decir, estreñimiento, dolor abdominal, diarrea, gases y vómitos), su prevalencia es más elevada que en otros niños y, en algunos casos, se observa que en los pacientes con autismo estos problemas suelen ser más graves. En el intestino de un paciente con autismo se observa una abundancia significativamente mayor de los géneros Bacteroides, Parabacteroides, Clostridium, Faecalibacterium y Phascolarctobacterium, y un porcentaje menor de Coprococcus y Bifidobacterium, mientras que, en los pacientes sin autismo, estos se encontraron en mayor porcentaje. Algunos estudios sugieren que existe un desequilibrio en las funciones de los microorganismos que puede influir en el desarrollo y la gravedad de la sintomatología del trastorno.
¿Existe alguna intervención para esto?
Dado el vínculo entre la microbiota intestinal y el autismo, se están explorando diversas intervenciones que podrían ayudar a modular la microbiota y, potencialmente, aliviar algunos de los síntomas del autismo. Los probióticos son suplementos que contienen bacterias beneficiosas, mientras que los prebióticos son compuestos que alimentan a estas bacterias. Estudios preliminares sugieren que estos suplementos pueden ayudar a mejorar los problemas gastrointestinales y algunos síntomas conductuales en niños con autismo.
Ajustar la dieta para incluir más alimentos que promuevan una microbiota saludable, como frutas, verduras y alimentos fermentados, puede ser beneficioso. Las dietas específicas, como la dieta libre de gluten y caseína, también se están investigando por sus posibles efectos en el autismo. La modificación del microbioma intestinal es una ruta potencial para mejorar los síntomas gastrointestinales y conductuales en niños con autismo, y el trasplante de microbiota fecal podría transformar un microbioma intestinal con un desequilibrio en sus funciones en uno saludable, al administrar una gran cantidad de microorganismos comensales de un donante sano.
¿Hacia dónde nos dirigimos?
Actualmente existen diversas dietas que se han popularizado, pero cuya efectividad varía, como la dieta sin gluten ni caseína, así como las dietas bajas en carbohidratos y específicas en carbohidratos, para mejorar la digestión y reducir los síntomas gastrointestinales. También se utilizan suplementos nutricionales, como ácidos grasos omega-3, multivitamínicos y minerales, además de probióticos y prebióticos. Otras intervenciones, como la modificación del microbioma intestinal, se encuentran aún en fases experimentales.
Es crucial continuar investigando la relación entre la microbiota intestinal y el autismo para desarrollar intervenciones más efectivas y personalizadas. Entender cómo las bacterias intestinales afectan el desarrollo neurológico podría abrir nuevas vías para el tratamiento del autismo y mejorar la calidad de vida de quienes lo presentan y de sus familias.
Daniel Medina-Karr. Estudiante de Químico Clínico Biólogo de la Facultad de Medicina, Universidad Autónoma de Nuevo León. Monterrey, Nuevo León. daniel.medinakr@uanl.edu.mx
Néstor Casillas-Vega. Profesor Titular B e investigador, Departamento de Patología Clínica en el Hospital Universitario «Dr. José Eleuterio González» de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Monterrey, Nuevo León. ncasillasv@uanl.edu.mx
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