¿Por qué algunos árboles tiran sus hojas y otros no?

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Número 88

RECIBIDO: 04/10/2024; ACEPTADO: 18/03/2025; PUBLICADO: 31/08/2026

¿Por qué algunos árboles tiran sus hojas y otros no?

*Hilda Sánchez-Sosa y Fernando Pineda-García

Resumen

La caída de las hojas en los árboles caducifolios es un mecanismo de supervivencia estacional, que ocurre durante el otoño o ante periodos de sequía, como respuesta a condiciones ambientales desfavorables. Este proceso forma parte de la fenología foliar, que estudia cómo las plantas responden al clima. A diferencia de los caducifolios, los árboles perennifolios conservan su follaje durante todo el año, lo que les permite producir alimento de manera continua. Ambas estrategias reflejan la adaptación de las plantas a su entorno y ofrecen información clave sobre cómo responden al cambio climático.

Palabras clave: Adaptación, caducifolio, fenología foliar, perennifolio.

Durante algún paseo por el bosque, en los parques urbanos o incluso en áreas verdes dentro de tu ciudad, probablemente habrás notado cómo las hojas de los árboles que antes eran verdes se vuelven rojizas, marrones o, incluso, cómo un árbol que tenía hojas ahora está totalmente desnudo, dependiendo de la temporada del año. 

Quizá te habrás hecho algunas preguntas para entender este proceso en los árboles. Por ejemplo: ¿por qué hay un cambio de tonalidad en las hojas de los árboles?, ¿por qué los árboles tiran sus hojas?, ¿todos los árboles tiran sus hojas? Es posible responder estas preguntas gracias a los estudios de fenología, rama de la ciencia que estudia las interacciones entre factores bióticos y abióticos que determinan el momento adecuado para el crecimiento y la reproducción de los seres vivos.

En las plantas, la fenología foliar se centra en el estudio e interpretación de una serie de eventos que ocurren en las hojas a lo largo del año, desde la formación de las yemas que dan origen a las hojas, su crecimiento y desarrollo, hasta la caída de estas, así como de los factores bióticos y abióticos que afectan e intervienen en la ocurrencia de estos eventos.

Gracias a la relación de las etapas fenológicas con factores abióticos, por ejemplo, la temporada del año con temperatura, luz y agua ideales para el desarrollo de las hojas, la planta puede satisfacer sus necesidades fisiológicas y metabólicas y, al mismo tiempo, reducir los riesgos derivados de la falta de agua o de las bajas temperaturas que durante el invierno suelen ser mucho más bajas. En condiciones de luz alta y constante y suficiente humedad del suelo, las plantas podrían conservar sus hojas y, por consiguiente, realizar la fotosíntesis de manera estable durante todo el año; pero, en condiciones desfavorables, la presencia de hojas podría implicar un gasto innecesario de recursos y, en consecuencia, poner en riesgo el equilibrio de la planta.

Aunque no lo veamos a simple vista, el agua se pierde constantemente de las hojas de los árboles en forma de vapor, por lo que mantenerlas cuando la sequía del suelo se incrementa por la falta de lluvia implicaría un consumo constante de agua que podría favorecer primero la muerte de las ramas y, posteriormente, la de todo el árbol.

Las condiciones climáticas extremas impulsaron a las plantas a desarrollar un mecanismo de desprendimiento de las hojas, y los árboles que poseen este mecanismo son conocidos como árboles caducifolios. Estos árboles se caracterizan por perder sus hojas para reducir la pérdida de agua por medio de la transpiración o para reducir los posibles daños a causa del frío.

¿Qué factores intervienen en la caída de las hojas?

Un conjunto de características propias de la planta y de condiciones ambientales, como el descenso de la temperatura, la reducción de las horas de luz, el envejecimiento de las hojas y la actividad del ácido abscísico (ABA), intervienen en el desprendimiento de las hojas. Durante el otoño, los días se acortan y, en consecuencia, hay menor disponibilidad de luz solar, lo que ocasiona una reducción en la eficiencia de la actividad fotosintética de las hojas. Es por eso que los árboles caducifolios, que se encuentran en zonas que suelen presentar temperaturas muy bajas, tiran sus hojas para reducir su demanda de agua y nutrientes antes de que llegue el invierno. Además, durante el invierno, el agua puede verse limitada debido a la congelación de los suelos y del agua disponible en ellos.

Por otro lado, el envejecimiento de las hojas da lugar a una serie de cambios en su interior: ocurre una reabsorción de nutrientes por parte del árbol y la pérdida del color verde de las hojas a causa de la descomposición de la clorofila (esencial para la fotosíntesis). Cuando la clorofila desaparece, las hojas son susceptibles a la oxidación, lo que ocasiona distintas tonalidades. Gracias a los carotenoides observamos tonos naranjas; las xantofilas confieren tonos amarillos; las antocianinas brindan tonalidades rojizas, y los tonos marrones se deben a la acumulación de compuestos fenólicos. Mientras tanto, el ABA es una hormona vegetal involucrada en la capacidad de las plantas para adaptarse a su entorno. Durante la abscisión foliar, el ABA induce la formación de una capa de abscisión en la base del tallo foliar, lugar donde ocurre la separación entre el tallo y la hoja.

Pero, ojo, también hay árboles que permanecen con follaje a pesar del frío o de la falta de agua. ¿Cómo es esto posible? Estos árboles se adaptaron a condiciones ambientales específicas que les permiten conservar sus hojas todo el año y se conocen como árboles perennifolios o árboles siempreverdes. Los árboles perennifolios mantienen sus hojas durante el otoño e invierno y/o en épocas de sequía. A diferencia de los árboles caducifolios, estos árboles cambian sus hojas, pero no con la misma periodicidad ni en una temporada específica: las hojas más viejas caen de manera gradual y son sustituidas por hojas nuevas a lo largo del año, pero el árbol siempre mantiene abundante follaje en su copa.

Para estos árboles, realizar un recambio de hojas cada año implica costos muy elevados, ya que requiere alimentarse todo el tiempo, además de que existe una dependencia de las condiciones ambientales para realizar o no el recambio de hojas. Por lo tanto, mantener sus hojas durante el invierno o incluso en periodos desfavorables les permite realizar sus procesos fotosintéticos de manera constante. Estas plantas desarrollaron una serie de adaptaciones, como hojas pequeñas, en el caso de las plantas del desierto; pelos diminutos que ayudan a evitar la congelación durante el invierno y la pérdida de agua en los días calurosos de verano y, por último, una distribución que pudiera estar restringida a ambientes sin limitación de recursos.

¿Existen ventajas entre ser un árbol caducifolio y un árbol perennifolio?

Estos dos grupos de árboles siguieron caminos distintos para lograr su supervivencia en la actualidad. En estudios previos se ha propuesto que la caída de las hojas es producto de la evolución de las plantas como respuesta a la marcada estacionalidad en la disponibilidad de luz y agua. En condiciones ideales, los árboles caducifolios maximizan la captura de recursos y son grandes consumidores de agua. Es en este momento cuando ocurre una renovación del follaje y el crecimiento de toda la planta. En condiciones ambientales adversas, como la falta de agua o luz, su mecanismo de seguridad consiste en iniciar un proceso para entrar en un estado de latencia, desechando el follaje para ahorrar energía. En estos casos, la pérdida de hojas permite la supervivencia del árbol y la producción de hojas nuevas en primavera.

Mientras tanto, los árboles perennifolios tienen características distintivas que les permiten mantener sus hojas durante todo el año, lo que les permite conservar la capacidad de sobrevivir y seguir realizando la fotosíntesis a pesar de que la disponibilidad de agua en el suelo sea baja. Por ello, se dice que siguen una estrategia de tolerancia a la sequía. En temporadas en las que la disponibilidad de agua es baja, las hojas de estos árboles son capaces de producir clorofila, incluso durante el invierno, por lo que no interrumpen el proceso de fotosíntesis, aunque las tasas de transpiración suelen ser más bajas. En muchas ocasiones, los árboles perennifolios se encuentran en microambientes donde hay agua y las temperaturas no son tan extremas, lo cual favorece la fotosíntesis y el crecimiento durante todo el año.

Es importante mencionar que las plantas caducifolias se encuentran en climas con periodos favorables y otros no favorables para conservar sus hojas. Por el contrario, las plantas perennifolias se encuentran en zonas que presentan climas constantemente fríos o calurosos. Además de estos dos tipos de fenología foliar, existen árboles conocidos como brevideciduos. Este conjunto de árboles se distingue por la pérdida de sus hojas durante un periodo corto, generalmente de un mes, a diferencia de los árboles caducifolios, que comúnmente se desprenden de sus hojas durante seis meses y en una estación específica.

Esta estrategia intermedia es resultado de una combinación de características distintivas de los árboles caducifolios y de los árboles perennifolios. Este grupo de árboles tiene la habilidad de desarrollar rápidamente su follaje una vez que se desprende de sus hojas. Asimismo, posee características que le facilitan una recuperación rápida y la reutilización de los recursos después de la pérdida temporal de las hojas. En estos árboles, el efímero periodo de desprendimiento de las hojas puede ser resultado de las condiciones ambientales y no necesariamente estar relacionado con una respuesta a los cambios estacionales. De esta manera, la pérdida de hojas durante un periodo breve permite a estos árboles reducir los riesgos de estrés a causa de la falta de agua y, al mismo tiempo, conservar recursos.

Finalmente, considerando las distintas estrategias fenológicas, los estudios de fenología foliar son de gran importancia, dado que las plantas responden de manera sensible a las variaciones ambientales. Además, podrían ser un medio potencial para comprender las probables respuestas de nuestros bosques ante los escenarios ambientales del futuro.

Hilda Sánchez-Sosa. Estudiante del Programa Institucional de Doctorado en Ciencias Biológicas, Facultad de Biología, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Morelia, Michoacán. 0955485g@umich.mx

Fernando Pineda-García. Laboratorio de Ecología Funcional, Escuela Nacional de Estudios Superiores, Unidad Morelia, UNAM. Morelia, Mich. 0955485g@umich.mx

Alvarado A., Forughbakhch R., Jurado E. y Rocha A. (2002). El cambio climático y la fenología de las plantas. Ciencia UANL, 4, 493-500. https://www.redalyc.org/pdf/402/40250410.pdf 

Di Franceacantonio D., Villagra M., Golstein G.H. y Camoanello P. (2020). Factores ambientales que modulan la fenología foliar de árboles del Bosque Atlántico. Ecología Austral, 30, 415-427. https://ojs.ecologiaaustral.com.ar/index.php/Ecologia_Austral/article/view/1074