La mesa de la salud, una tarea individual

Número 88

RECIBIDO: 07/11/2024; ACEPTADO: 19/03/2025; PUBLICADO: 31/08/2026

ARTÍCULO

La mesa de la salud, una tarea individual

Juan Carlos H. Hernández-Rivera y Martha Elena Barrientos-Núñez

Resumen

La salud se define como el estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente como la ausencia de afecciones o enfermedades. El bienestar mental y social no depende completamente del individuo, ya que diversos factores externos pueden afectarlo. Afortunadamente, las personas tienen una responsabilidad directa sobre su bienestar físico, el cual puede compararse con una mesa sólida cuya superficie representa la salud y se sostiene sobre cuatro pilares fundamentales: mantener un peso adecuado, llevar una alimentación saludable, realizar ejercicio y vigilar el estado de salud mediante la adherencia al tratamiento. Seguir estos cuatro pilares contribuye a mantener la salud, prevenir enfermedades y evitar sus complicaciones. Lo más importante es que dependen, en gran medida, de cada persona, y esta es la clave del autocuidado.

Palabras clave: Dieta, ejercicio, salud.

Aprendiendo de la historia para definir la salud

La salud es primordial para la existencia del ser humano. Galeno, en la antigua Grecia, ya destacaba la importancia de la relación entre los estilos de vida y la salud. Posteriormente, en 1946, Henry Sigerist describió que, para tener una buena salud, era necesario contar con una vida decente, buenas condiciones de trabajo, educación, ejercicio físico y medios para el descanso y la recreación. Ese mismo año, la Organización Mundial de la Salud (OMS) definió la salud como el estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente como la ausencia de afecciones o enfermedades. Asimismo, en el Simposio de Manhattan se definió el concepto de «una salud» como la interrelación entre los seres humanos, el medioambiente y los animales.

La población debe contar con conocimientos básicos sobre cómo cuidar y mantener su salud, a fin de afrontar mejor las enfermedades, desde la prevención hasta el cuidado integral de las personas y la promoción de un buen estado de salud.

La salud física, mental y social

Tres aspectos fundamentales integran la salud: el mental, el físico y el social. Dentro del ámbito físico se encuentran factores como mantener un peso adecuado, llevar una buena alimentación y realizar ejercicio, entre otros.

Respecto a la salud mental, si bien la percepción propia puede ser un factor que influya en el bienestar psicológico, se sabe que diversos padecimientos mentales están relacionados con alteraciones en sustancias del organismo, como las hormonas (dopamina, serotonina, etc.), necesarias para mantener una adecuada salud mental. El ejercicio puede contribuir al bienestar y favorecer la producción de sustancias asociadas con la sensación de bienestar; sin embargo, no constituye un tratamiento efectivo en todos los casos. Por ello, la salud mental no depende exclusivamente del individuo, ya que en muchas ocasiones se requiere el apoyo de otras personas, medicamentos, terapias grupales u otras intervenciones para favorecerla.

Por otro lado, la salud social se relaciona con la capacidad de adaptación y autogestión ante los cambios y retos del entorno, así como con la posibilidad de desarrollar relaciones satisfactorias con otras personas y con el adecuado funcionamiento de las instituciones y relaciones sociales que permiten el crecimiento y desarrollo de los individuos dentro de los distintos grupos sociales. En este sentido, la salud social tampoco depende exclusivamente del individuo, ya que diversos factores pueden modificarla. Mantener una buena salud social contribuye al bienestar general, pero requiere de la participación de la sociedad en su conjunto. Entre los elementos que intervienen se encuentran las acciones políticas, las formas de convivencia y las acciones grupales, entre otros.

La mesa de la salud

Afortunadamente, de los tres aspectos de la salud, el físico depende de la persona; pero, si el individuo no está convencido de que debe cuidarse, valorar su salud y trabajar para mantenerla, sin dejar esta responsabilidad en manos de terceras personas o de medicamentos, la salud no podrá lograrse. De ahí surge el aforismo: «La mesa de la salud, una tarea individual», que incide en lo que las personas sí pueden hacer por sí mismas, donde la responsabilidad recae en el individuo y la acción propia dará un resultado visible. En esta «mesa de la salud», visualizamos en la parte horizontal a la propia salud, es decir, la meta que se busca alcanzar. Para llegar a esta meta se requiere de cuatro objetivos o pilares como mínimo, que serán simbolizados con cada una de las patas de esta mesa y que representan los siguientes elementos: peso adecuado, dieta, ejercicio y vigilancia de la salud con adherencia al tratamiento.

Mantener estos cuatro pilares hará que «la mesa de la salud» se mantenga firme y podamos apoyarnos en ella. La salud física nos ayudará a buscar la salud mental y social y, con ello, podremos alcanzar metas profesionales, académicas, personales, familiares y de pareja, así como contribuir al mejoramiento del medioambiente y a una convivencia adecuada con los animales, entre otras. Todo esto, sin duda, generará un círculo virtuoso que permitirá alcanzar una salud universal.

Una tarea individual

La importancia de cada uno de estos pilares u objetivos y su impacto en el mantenimiento de la salud se describen a continuación.

Peso adecuado

La forma más utilizada para conocer el peso adecuado de una persona es el índice de masa corporal (IMC). El IMC «normal» se considera entre 18.5 y 24.9. Es decir, cuando se tiene un IMC por debajo de 18.5, se considera delgadez o incluso desnutrición, mientras que un IMC de 25 o más se considera sobrepeso, llegando hasta la obesidad cuando el IMC es mayor de 30. El IMC es un indicador que se calcula dividiendo el peso en kilogramos entre la estatura en metros elevada al cuadrado (IMC = kg/m²). Por lo tanto, permite interpretar con mayor precisión el peso en relación con la estatura y, por ello, realizar una mejor comparación entre dos personas adultas con diferente estatura y sexo.

Tener un peso adecuado está relacionado con la prevención de ciertas enfermedades, como alteraciones del azúcar en sangre, presión arterial alta y alteraciones de las grasas en la sangre, entre otras. El sobrepeso y la obesidad tienen repercusiones no solo en el contexto de la salud, sino también en otros aspectos, como la seguridad y la autopercepción (salud mental). Esto influye desde la infancia, pues los niños con obesidad, lamentablemente, tienden a faltar más a clases en comparación con los niños con peso normal. Posteriormente, durante la adolescencia, pueden ser víctimas de burlas, agresiones, etc., lo que puede hacer que la persona sea más vulnerable y tenga mayores inseguridades.

Dieta

De manera general, se conoce como dieta al conjunto de sustancias que regularmente se ingieren como alimento. Una dieta saludable es más específica, pues se define como una de las bases para la salud, el bienestar, el crecimiento óptimo y el desarrollo, además de que protege contra todas las formas de malnutrición. La OMS, en 2019, definió las dietas saludables como «patrones alimentarios que promueven todas las dimensiones de la salud y el bienestar de las personas, tienen una baja presión e impacto ambiental; son accesibles, asequibles, seguras y equitativas, y son culturalmente aceptables». De forma general, se establece que estos indicadores son los que necesitamos para el crecimiento y desarrollo.

Idealmente, la dieta debe estar en relación con el sexo, la edad y las actividades físicas que realicemos; todo esto encaminado a encontrar un equilibrio. Debe ser diversa y ajustarse a las necesidades de cada individuo, desde las condiciones básicas (respiración, digestión, mantenernos alertas, etc.) hasta las actividades de la vida diaria (asistir al trabajo, a la escuela, participar en la vida social, caminar, correr, acudir al gimnasio, etc.). Cuando este equilibrio se rompe debido a un mayor consumo de alimentos, inicia la acumulación de energía por parte del organismo, lo que favorece que las personas comiencen a subir de peso. Esto puede llevar a otras alteraciones, como la disminución de la actividad física y, a su vez, a la aparición de enfermedades crónicas, como la diabetes mellitus, la presión arterial alta, las enfermedades del corazón y el cáncer, entre otras.

Ejercicio

El ejercicio favorece el suministro de oxígeno y nutrientes a los tejidos y ayuda a que el sistema cardiovascular funcione con mayor eficacia. La actividad física regular mejora la fuerza muscular, aumenta la resistencia e incluso favorece la flexibilidad; esto, sin duda, contribuye al buen funcionamiento del corazón y los pulmones, pues permite contar con más energía para realizar las tareas cotidianas. Está demostrado que la inactividad física puede estar relacionada con el 9 % de las muertes prematuras a nivel mundial y que la falta de ejercicio está relacionada con al menos 35 enfermedades.

Por otro lado, la actividad física regular puede ayudar a tener un sueño saludable, es decir, a dormir mejor y más profundamente. Esto, sin duda, mejorará no solo la salud física, sino también la mental. Además, hacer ejercicio normalmente conlleva la convivencia con otras personas, lo que puede contribuir a una buena salud social.

Vigilancia de la salud con adherencia al tratamiento

La «vigilancia de la salud» es la detección y el seguimiento de problemas o enfermedades mediante estudios, análisis y revisiones médicas. Es de suma importancia la vigilancia propia de la salud; este pilar está relacionado con los tres anteriores. Por ejemplo, la vigilancia del peso influirá en la dieta que debe ingerirse e incluso en la actividad física que se debe realizar para mantener un peso adecuado. Cada individuo deberá realizarse chequeos constantes de salud y mantener hábitos saludables. Una vez que se identifica una enfermedad, es necesario tener el mejor apego posible al tratamiento, a fin de mantener «estable» dicha alteración.

El término «adherencia al tratamiento» se refiere a que las personas deben seguir de manera estricta los horarios y las dosis de los medicamentos indicados por el personal de salud. La falta de apego a los medicamentos tiene consecuencias directas, como un mayor número de hospitalizaciones, el aumento en los costos de atención, el fracaso en el control de las enfermedades y el desarrollo de otras enfermedades.

La idea de «La mesa de la salud» es individual; no busca ni requiere de terceros, pues la salud es una meta individual en los adultos y debe apoyarse en los cuatro pilares de forma conjunta. No uno, no dos, no tres, sino los cuatro por igual, a fin de garantizar y mantener la salud y evitar enfermedades y sus complicaciones.

La salud es un ente biopsicosocial que engloba lo biológico, lo psicológico, las conductas y los factores sociales y culturales, que, sin duda, desempeñan un papel significativo en la salud. Sin embargo, como individuo, se debe querer alcanzar y mantener esta salud, y estos cuatro pilares son fundamentales y personales.

Juan Carlos H. Hernández-Rivera. Médico nefrólogo, Hospital de Especialidades, Centro Médico Nacional Siglo XXI, Ciudad de México. juancarloshhernandezrivera@hotmail.com

Martha Elena Barrientos-Núñez. Médico especialista en medicina familiar, coordinadora de donación y responsable de trasplantes a nivel estatal. Unidad de Trasplantes de Puebla, Secretaría de Salud. Puebla, Puebla. marthaebarrientos2@gmail.com

Cabral S., Inthamoussu M., Speranza N. y Parcher C. (2023). La alfabetización sanitaria: Qué es y por qué es tan importante. Boletín farmacológico, 14(1), 1-5. https://www.boletinfarmacologia.hc.edu.uy/images/2023/2023-1/3_alfabetizacion_sanitaria.pdf 

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