ENTÉRATE
Nuestra alimentación, ¿determina la función de nuestros músculos?
*Jessica Ortega Pérez y Rocío Montoya Pérez
Resumen
La función de nuestro sistema muscular va más allá de la apariencia física; es decir, vernos bien gracias a nuestros músculos no es su finalidad principal, sino brindar soporte y movilidad al cuerpo, además de desempeñar un papel fundamental en la absorción, utilización y almacenamiento de sustratos energéticos, como la glucosa y los lípidos. El músculo esquelético representa entre el 40 y el 50 % del peso corporal de un individuo sano, por lo que conservar este sistema en óptimas condiciones es indispensable para mantener un buen estado de salud.
Palabras clave: Alimentos, músculo esquelético, músculos
RECIBIDO: 07/11/2024; ACEPTADO: 20/03/2025; PUBLICADO: 30/06/2026
El músculo esquelético es un sistema heterogéneo y muy complejo, conformado por fibras lentas (tipo I) y fibras rápidas o «explosivas» (tipo II). Las fibras lentas presentan una coloración rojiza debido a su elevado suministro sanguíneo y a sus altos niveles de mioglobina (proteína exclusiva del tejido muscular, similar a la hemoglobina, encargada de transportar y almacenar oxígeno). Estas características les permiten generar energía de manera constante y eficiente en forma de ATP, mediante la oxidación de carbohidratos y lípidos. Además, las fibras tipo I se consideran resistentes a la fatiga, por lo que desempeñan un papel fundamental en ejercicios aeróbicos y de larga duración, como el maratón o el ciclismo.
Por otro lado, las fibras rápidas presentan una coloración pálida debido a su bajo contenido de mioglobina. Su velocidad de contracción es de tres a cinco veces mayor que la de las fibras tipo I; sin embargo, su resistencia a la fatiga es menor. Por ello, estas fibras desempeñan un papel importante en deportistas de potencia, como los levantadores de pesas y los velocistas.
Aunado a esto, la conformación fibrilar está compuesta principalmente por agua y proteínas, y en menor proporción por minerales y vitaminas. Por tanto, la conservación de nuestra masa muscular se asocia directamente con el equilibrio entre la formación y la degradación de proteínas, proceso que se ve influenciado principalmente por el ejercicio físico y la alimentación.
¿Qué pasa si consumo alimentos con alto contenido calórico?
Las dietas con alto contenido calórico, mantenidas a largo plazo, favorecen el desarrollo de obesidad, condición definida como una acumulación excesiva o anormal de tejido adiposo, comúnmente conocido como «grasa». Cuando este estado patológico se presenta en un individuo, afecta tanto la estructura como la función del músculo esquelético.
En primer lugar, el exceso de lípidos obtenido a través de la alimentación desencadena una disfunción del tejido adiposo, promoviendo la liberación ectópica de lípidos; es decir, estos comienzan a acumularse en tejidos distintos al adiposo, como el músculo esquelético. Los lípidos pueden infiltrarse en las fibras musculares —conocidos como lípidos intramiocelulares— o almacenarse entre ellas —lípidos extramiocelulares—. En ambos casos, esta acumulación se asocia con la disminución en el número y diámetro de las fibras musculares, la reducción de la fuerza de contracción y el incremento de la fatiga, lo que disminuye significativamente el rendimiento ante el ejercicio físico y la calidad de vida de las personas.
Asimismo, una alimentación con alto contenido calórico limita la función de las fibras musculares, afectando inicialmente a las fibras tipo I y, posteriormente, a las fibras tipo II. En segundo lugar, y de manera más específica, la acumulación de lípidos dentro del músculo conlleva una disfunción mitocondrial, organelos celulares encargados de producir energía en forma de ATP. Entonces, ¿qué ocurre si nuestros músculos no reciben suficiente energía? Evidentemente, no responderán de manera adecuada.
El músculo esquelético es un sistema que se mantiene continuamente activo debido a su alta demanda energética. Por ello, cuenta con un gran número de mitocondrias encargadas de sostener de manera constante su principal función: la contracción muscular. Las mitocondrias son orgánulos esenciales para la producción de energía, ya que participan en la oxidación de ácidos grasos y en el aprovechamiento de la glucosa mediante dos procesos fundamentales que ocurren en su interior: el ciclo de Krebs y la fosforilación oxidativa. Ambos procesos están altamente regulados y contribuyen a la descomposición total de los sustratos energéticos previamente mencionados.
Durante la obesidad, los niveles de glucosa y lípidos aumentan drásticamente, lo que provoca un desequilibrio entre la entrada de nutrientes y la producción de ATP, derivando finalmente en una «disfunción mitocondrial».
La disfunción mitocondrial asociada con la obesidad se relaciona con una menor producción de energía y con la generación de moléculas altamente tóxicas conocidas como especies reactivas de oxígeno (ERO). Estas moléculas reaccionan con compuestos de gran importancia biológica, como proteínas, carbohidratos, lípidos e incluso el ADN. Además, las ERO pueden dañar el ADN mitocondrial, comprometiendo diversas funciones esenciales de este orgánulo celular.
Como mecanismo para limitar el daño, las mitocondrias recurren a procesos como la fisión mitocondrial, que consiste en la división de una mitocondria en dos organelos de menor tamaño, así como a la mitofagia, proceso mediante el cual las mitocondrias dañadas son degradadas. Como consecuencia, el número de mitocondrias disminuye significativamente con el fin de evitar más daños futuros.
Sin embargo, esta reducción compromete la capacidad funcional del músculo, ya que la producción de energía deja de ser suficiente para satisfacer sus necesidades. En consecuencia, la obesidad favorece el deterioro muscular mediante la reducción del número de fibras musculares y mitocondrias, el aumento de la infiltración lipídica en el músculo y una menor resistencia a la fatiga.
¿Qué puedo hacer para que mis músculos funcionen de manera adecuada?
La alimentación y el ejercicio son factores que aportan grandes beneficios a nuestra salud muscular y mitocondrial. La alimentación es un elemento clave para prevenir el desarrollo de obesidad mediante una dieta balanceada. Si bien el consumo excesivo de carbohidratos y lípidos puede conducir a diversas complicaciones musculares y mitocondriales, esto no significa que estos grupos de alimentos sean perjudiciales o deban eliminarse de la dieta. Por el contrario, forman parte fundamental de la producción de energía necesaria para llevar a cabo actividades como el ejercicio físico, lo que favorece un mejor rendimiento y una mayor resistencia a la fatiga. Aunado a ello, el consumo adecuado de proteínas contribuye a la formación de nuevas fibras musculares y a la recuperación posterior al ejercicio.
Por otro lado, el ejercicio físico, entendido como una actividad estructurada y planificada, mejora la función muscular y favorece la formación de nuevas fibras musculares. Además, contribuye a la degradación de lípidos y carbohidratos, evitando su acumulación dentro de este tejido. Al mismo tiempo, estimula la formación de nuevas mitocondrias funcionales, lo que permite equilibrar la demanda y la producción de energía necesaria para los músculos, así como disminuir procesos como la fisión mitocondrial y la mitofagia.
De manera conjunta, el ejercicio y la alimentación contribuyen al control del peso corporal, reducen la producción de ERO y mejoran la salud muscular. Asimismo, ayudan a prevenir la pérdida de masa muscular a lo largo del tiempo, disminuyendo el riesgo de padecer enfermedades como la sarcopenia, una pérdida muscular asociada con el envejecimiento.
En conclusión, mantenernos en constante movimiento y llevar una alimentación equilibrada nos permite reducir los riesgos asociados con la obesidad, mejorar nuestra salud muscular y mitocondrial, y conservar una mejor movilidad y calidad de vida sin limitaciones.
*Jessica Ortega-Pérez. Estudiante del Programa de Maestría en Ciencias en Biología Experimental, Instituto de Investigaciones Químico-Biológicas, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Morelia, Michoacán. 1577840d@umich.mx
*Rocío Montoya-Pérez. Profesora e investigadora del Instituto de Investigaciones Químico-Biológicas, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Morelia, Michoacán. rocio.montoya@umich.mx
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