ARTÍCULO
Terapia con bacteriófagos: el regreso de una cura olvidada
Aranza Zerpa-González y Ma. Soledad Vázquez-Garcidueñas
Resumen
La terapia con bacteriófagos, virus que atacan específicamente a las bacterias, resurge como una alternativa frente a la resistencia a los antibióticos. Aunque se utilizaron desde principios del siglo XX, hoy generan un renovado interés debido a su alta especificidad y a su presencia en todos los ecosistemas. Actualmente, se investigan tratamientos personalizados con cócteles de fagos, así como aplicaciones individuales o combinadas con antibióticos. Pueden administrarse por vía oral, intravenosa o tópica. Esta estrategia se perfila como una herramienta valiosa para tratar infecciones crónicas y multirresistentes, en un contexto clínico en el que los antibióticos tradicionales muestran una eficacia cada vez más limitada.
Palabras clave: Bacteriófagos, resistencia bacteriana, virus.
RECIBIDO: 21/02/2025; ACEPTADO: 28/06/02025; PUBLICADO: 31/08/2026
¿Alguna vez te has preguntado cómo se curaban las infecciones bacterianas antes de que se descubrieran los antibióticos? La respuesta es muy curiosa y sumamente interesante, ya que se ha reportado que, en la antigüedad, se utilizaba el agua de los ríos para curar infecciones. Un ejemplo de ello es la actividad que mostró el agua de los ríos Ganges y Yamuna contra las bacterias responsables de la lepra, el cólera y las infecciones respiratorias (Mycobacterium leprae, Vibrio cholerae y Bacillus subtilis, respectivamente), entre muchas otras bacterias.
Sin embargo, fue hasta 1910 cuando el microbiólogo Felix d’Herelle observó por primera vez el fenómeno de los bacteriófagos. Al cultivar placas de agar con la bacteria Shigella, descubrió «un microbio invisible, antagónico del bacilo de la disentería», al observar la presencia de pequeñas placas redondeadas en las que no había crecimiento bacteriano. Seis años más tarde, propuso el nombre de bacteriófagos para estos «entes invisibles», es decir, «que comen bacterias».
En 1914, Frederick Twort, un bacteriólogo británico, argumentó que el fenómeno observado podía ser causado por un virus. En 1917, d’Herelle comenzó a probar bacteriófagos en pacientes humanos en París, demostrando que era seguro ingerirlos y que eran eficaces al administrarlos a un niño de 12 años y, posteriormente, a tres pacientes más con disentería, quienes, a las 24 horas, lograron cesar por completo los síntomas de la enfermedad y comenzaron después a recuperarse.
Años más tarde, Bruynoghe y Maisin publicaron el primer artículo sobre el uso clínico de fagos. Utilizaron bacteriófagos para tratar problemas cutáneos mediante la inyección de bacteriófagos específicos contra la bacteria Staphylococcus spp., logrando demostrar una mejoría en la sintomatología clínica durante las primeras 24 horas.
Los ensayos en pacientes con enfermedades infecciosas mostraban resultados alentadores; lamentablemente, estos fueron disminuyendo con el descubrimiento del primer antibiótico cuando, en 1928, Alexander Fleming descubrió la penicilina.
¿Qué son los bacteriófagos?
Los bacteriófagos, fagos para los amigos, son virus que infectan y matan bacterias. Ajá, así como existen virus que nos infectan a nosotros, las bacterias también deben andar con cuidado. Los fagos son muy específicos de las bacterias que infectan. Además, son los organismos más abundantes del planeta; tanto así que se estiman 250 millones de fagos en cada mililitro de agua de mar. ¡Una locura!
Asimismo, se han encontrado fagos en casi cualquier bioma bien explorado, desde el tracto gastrointestinal humano hasta el océano, en lugares extremos como el subsuelo oceánico e incluso en un espécimen fosilizado de heces de la Edad Media. Los fagos son los organismos más abundantes en la naturaleza, con una población estimada de 10³¹ (no es mucho, sino muchísimo: 10 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000). También tienen un alto impacto en los ciclos biogeoquímicos y son responsables de entre el 20 y el 40 % de la mortalidad bacteriana diaria, así como de lisar aproximadamente un tercio de los microorganismos oceánicos cada día.
Los fagos tienen distintas formas, tamaños y colores, y se diferencian principalmente en fagos filamentosos y fagos con cola. En cuanto a su tamaño, este se encuentra entre los 20 y 400 nm. Además, presentan una cápside o cabeza que alberga el material genético (ADN o ARN). La cápside encapsula y protege el material genético de las enzimas que podrían degradarlo y suele tener una forma geométrica. Las colas están unidas a la cápside mediante un conector o cuello. Estas estructuras lisan la pared celular bacteriana para poder transferir el material genético a la célula huésped e infectar a la bacteria.
Terapia personalizada con bacteriófagos
Como leímos anteriormente, hace casi 100 años comenzó a desarrollarse el uso de bacteriófagos para tratar infecciones bacterianas. Entonces, ¿a qué nos referimos actualmente cuando hablamos de terapia personalizada con fagos? Bueno, en este tipo de tratamientos se emplean fagos para combatir infecciones, principalmente crónicas. El tipo de terapia y la vía de administración dependerán de la infección que se busca tratar.
Algunas de las diferentes terapias que existen consisten en el uso de cócteles de fagos, la administración de fagos de manera individual, la utilización de antibióticos junto con los fagos y la terapia con enzimas provenientes de los fagos, como endolisinas, holinas y spaninas, las cuales lisan (rompen) las células bacterianas huésped y liberan nuevas partículas de fagos que atacan a las bacterias. En cuanto a la forma de aplicación, los fagos se pueden administrar por vía intravenosa, mediante nebulización, de manera tópica o cutánea, por vía oral, mediante aspirados nasales, así como por vía intralesional e intraarticular. Sin embargo, como ya mencionamos, esto dependerá del tipo de infección que se busca tratar.
Esta terapia está ganando relevancia, ya que la resistencia de las bacterias a los antibióticos ha aumentado con el paso de los años y ha evolucionado de manera voraz, dejando atrás la sensibilidad a la mayoría de los antibióticos utilizados en la clínica y, por lo tanto, cobrando la vida de millones de personas anualmente. Por ello, el uso de antibióticos ya no es la opción más viable a largo plazo y los reflectores están puestos en alternativas como la terapia con fagos.
Casos exitosos
Por fin hemos llegado a la parte que todos esperaban: ¡los casos exitosos de la terapia con fagos! Pues bien, aquí te dejamos un resumen de 100 casos en los que se utilizó la terapia con fagos. En total, se utilizaron 26 fagos de manera individual y 38 cócteles de fagos; además, en 36 casos se empleó una combinación de fagos y antibióticos. La administración se realizó por vía intravenosa, intralesional, mediante nebulización, por vía intrapleural y tópica.
Como resultado, se observó una mejoría clínica en la mayoría de los casos (77.2 %) y la erradicación de las bacterias en más de la mitad de las infecciones (61.3 %). La resistencia a los fagos y la sinergia con antibióticos se documentaron en algunos pacientes. Asimismo, se observó una resensibilización a los antibióticos y una reducción en la virulencia de las bacterias resistentes a los fagos.
Cuando hablamos de sinergia, nos referimos a que los fagos y los antibióticos trabajan juntos. Puede ocurrir que el antibiótico debilite la «armadura» de las bacterias o las deje más vulnerables, y los fagos aprovechen esta situación para acabar con ellas de manera más rápida y eficiente. O viceversa: a veces, los fagos hacen que las bacterias se estresen tanto que bajan la guardia y los antibióticos pueden hacer mejor su trabajo. ¡Es un dúo dinámico!
Te platicaremos de algunos otros casos sumamente interesantes. Como el de un niño de 12 años que presentaba fibrosis quística e infección pulmonar crónica. Debido a la gravedad de su estado, se le aplicó un cóctel de fagos combinado con antibióticos. Como resultado, hubo una notable mejoría clínica y una reducción de la carga bacteriana, lo que provocó que los síntomas respiratorios cesaran.
Otro caso sorprendente es el de un niño de 2 años que se encontraba hospitalizado por una infección crítica que, además, amenazaba la posibilidad de realizarle un trasplante de hígado. Se le administró un cóctel de fagos junto con un antibiótico, lo cual permitió controlar la infección y realizar el trasplante hepático, así como lograr la recuperación del menor.
Un caso adicional es el de un paciente con insuficiencia renal aguda e infección crítica que no respondía a los antibióticos, por lo que se le administró un cóctel de fagos. Como resultado, se observó una mejoría clínica significativa sin comprometer la función renal. Los casos fueron tratados en hospitales de Francia y Bélgica, respectivamente.
Gracias a estos resultados, la terapia personalizada con fagos puede representar una esperanza frente a la creciente resistencia bacteriana a los antibióticos. Aunque aún queda un largo camino por recorrer, hoy en día el uso de este tipo de tratamientos es una realidad en distintos países, principalmente europeos, donde incluso ya se comercializan productos con fagos, aunque no para el consumo humano, sino para las industrias agrícola y ganadera. Pero ese tema lo dejaremos para otro artículo.
No perdemos la esperanza de que en México pronto comience a utilizarse la terapia personalizada con fagos. Mientras tanto, las investigaciones continúan en modelos in vivo, como ratones, ratas, nemátodos, peces y algunos insectos, como las polillas, entre muchos otros.
Por todo esto que te contamos, en la batalla contra las bacterias resistentes, el más fuerte no siempre gana, sino quien tiene la mejor estrategia. Y qué mejor que utilizar a sus enemigos naturales: los bacteriófagos, esos pequeños pero letales guerreros microscópicos que nos recuerdan que, en la lucha contra las infecciones, la mejor estrategia no siempre es la fuerza bruta… sino un ataque bien dirigido.
Aranza Zerpa-González. Estudiante del Programa Institucional de Doctorado en Ciencias Biológicas, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Morelia, Michoacán.
aranza.zerpa@umich.mx
Ma. Soledad Vázquez-Garcidueñas. Profesora e investigadora del Laboratorio de Genética Molecular Microbiana en la Facultad de Ciencias Médicas y Biológicas «Dr. Ignacio Chávez», Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Morelia, Michoacán.
soledad.vazquez@umich.mx
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