Crotalus polystictus (Cascabel ocelada)
La noche cae sobre el bosque templado y el aire huele a resina y tierra húmeda. Los pinos susurran con el viento y el cielo, abierto entre las copas, está sembrado de estrellas. En un claro, un maguey levanta su quiote como lanza viva hacia la bóveda nocturna, improbable y valiente entre troncos y sombras. Sobre la roca fría, una serpiente de cascabel avanza con calma medida. No irrumpe: pertenece. Su cuerpo dibuja curvas sobre el suelo del bosque, controlando silenciosamente el pulso de pequeños roedores y manteniendo el orden invisible. Es un paisaje profundamente mexicano, donde espinas y escamas se tocan bajo constelaciones antiguas. La noche no es ausencia de vida —es su forma más secreta.